Apuntes para una historia del urbanismo y la arquitectura “desde abajo” en Argentina°
Notes for a history of urban planning and architecture ‘from below’ in Argentina
María Eugenia Durante*
Beatriz Pineda Caracciolo**
Karen Wheeler Grauberger***
El urbanismo y la arquitectura “desde abajo” en Argentina, o las prácticas que buscan pensar e intervenir en la ciudad junto a los sectores más vulnerables, pueden rastrearse desde el siglo XX. Sin embargo, sus raíces suelen resultar difíciles de reconstruir cuando se indaga en la historia de las experiencias actuales. Las y los profesionales comprometidos con estas prácticas transitan por espacios alternativos, confrontan con las instituciones tradicionales, formulan proyectos y programas que muchas veces quedan sobre el papel, y acompañan procesos prolongados de organización y gestión comunitaria. Estos rasgos, entre otros, dificultan su reconstrucción histórica. El presente artículo se pregunta si es posible construir una historia del urbanismo y la arquitectura “desde abajo” partiendo de las experiencias actuales e indagando en sus diversas genealogías, contextos locales, continuidades y rupturas con el pasado reciente, y los desafíos historiográficos que esto implica. A partir del análisis de fuentes documentales y orales, el trabajo examina experiencias desarrolladas en las ciudades de Córdoba, Mar del Plata y La Plata, reflexiona sobre las posibilidades y limitaciones para historizar estas prácticas y propone aportes para su incorporación en la historia urbana.
Palabras clave
urbanismo militante
arquitectura participativa
hábitat
historiografía
Recepción
30 de marzo de 2026
Aceptación
14 de julio de 2026
° https://doi.org/10.52292/csh5520266073
* IInstituto del Conurbano, Universidad Nacional de General Sarmiento, Argentina. ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5827-8812. Correo electrónico: durantemariaeugenia@gmail.com.
** Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. ORCID: https://orcid.org/0009-0000-2978-8573. Correo electrónico: tatipineda@gmail.com.
*** Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño, Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina. ORCID: https://orcid.org/0009-0004-0608-6973. Correo electrónico: karenwheelerg@gmail.com.
Resumen
Urban planning and architecture ‘from below’ in Argentina, or practices that seek to think about and work in cities alongside the most vulnerable sectors, can be traced back to the 20th century. However, their roots are often difficult to reconstruct when investigating the history of current experiences. Professionals committed to these practices often move through alternative spaces, confront traditional professional institutions, formulate projects and programmes that often remain on paper, and accompany lengthy processes of community organisation and management. These characteristics, among others, make their historical reconstruction difficult. This article asks whether it is possible to construct a history of urbanism and architecture “from below”, starting from current experiences and investigating their diverse genealogies, local contexts, continuities and ruptures with the recent past, and the historiographical challenges that this implies. Based on an analysis of documentary and oral sources, the paper examines experiences in the cities of Córdoba, Mar del Plata, and La Plata. Drawing on these cases, the article reflects on the possibilities and limitations of historicising these practices and proposes contributions for their incorporation into urban history.
Keywords
militant urbanism
participatory architecture
habitat
historiography
Abstract
133-165
Do
Introducción
El crecimiento desbordante de las ciudades desde mediados del siglo XX generó diversos esfuerzos colectivos e individuales que buscaron vincular la práctica del urbanismo y la arquitectura a los sectores de las periferias populares, iniciativas que se pueden encontrar hasta la actualidad desenraizadas de aquellas otras experiencias del pasado reciente. En este sentido, el presente artículo se pregunta sobre las posibilidades y limitaciones para construir dicha historia de un urbanismo “desde abajo” partiendo de casos actuales de trabajo en territorio. ¿Cómo se autonarran los grupos actuales en relación a dicha historia reciente? ¿Cómo historizan sus prácticas y dialogan con los y las referentas vivas? ¿Cuáles son las dificultades metodológicas, teóricas y políticas para consolidar una historia del urbanismo y la arquitectura “desde abajo”?
La historiografía existente sobre estas prácticas aún encuentra vacíos por explorar debido a una serie de recortes realizados. Por un lado, buena parte de los trabajos se concentran en la figura del profesional individual —el “profesional modernizador”, el “comprometido”, el “intelectual orgánico”, el “profesional-militante”— antes que en las prácticas colectivas, los saberes que estas generan, la transmisión intergeneracional y las formas organizativas que adoptan. Se sigue recurriendo a una tradición propia de la historia de la arquitectura, que recupera la figura de los grandes maestros —en general, hombres—. Por otro lado, esa historiografía tiende a anclarse en experiencias paradigmáticas de los años setenta, mayormente situadas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y el conurbano bonaerense, dejando en un plano secundario tanto a otras ciudades del país como a los procesos posteriores a la última dictadura. A la vez, poco se ha indagado en las continuidades, rupturas y transformaciones de los protagonistas y de las experiencias, en un contexto de profundos cambios estructurales y subjetivos, así como de silenciamiento abrupto de las miradas críticas. Frente a este escenario, la hipótesis de trabajo que orienta este artículo sostiene que aún hay nuevas rutas de investigación para reconstruir esta historia del urbanismo crítico partiendo del análisis de prácticas colectivas actuales sin forzar una “continuidad” histórica ni cerrarse a figuras individuales. Esto permite visibilizar genealogías locales ausentes y comprender que las posibilidades y dificultades para historizarlas no son un obstáculo externo al objeto, sino un rasgo constitutivo de su propia condición alternativa y militante.
La inquietud que da origen a este artículo es la necesidad de dar perspectiva histórica a las experiencias analizadas por cada una de las autoras en sus trabajos de investigación. Los tres casos corresponden a grupos de arquitectos/as y urbanistas que abordan las problemáticas del hábitat popular y diversas luchas por el derecho a la ciudad. Un aspecto compartido es su fuerte inscripción en el ámbito académico —de distintas maneras—, como espacio que habilita la continuidad de estas prácticas aún poco visibles y reconocidas en el mundo laboral. Interesa comprender desde cuándo estudiantes, docentes y graduados/as de las facultades de arquitectura se comprometen con los actores sociales del territorio, cómo se vinculan los grupos estudiados con el espacio institucional y con procesos locales de la ciudad y las organizaciones de pobladores que ven vulnerados sus derechos a un hábitat digno y a la ciudad. Este artículo busca tender un diálogo entre las tres investigaciones y una lectura cruzada de sus respectivos territorios de análisis: las ciudades de Córdoba, La Plata y Mar del Plata. El texto intenta aportar a los debates que, dentro de la historia urbana, se preguntan por la historia de los y las urbanistas y sus ideas. Particularmente, dialoga con quienes analizan las formas del urbanismo “desde abajo”, comprometido, militante, crítico, insurgente, entre otras denominaciones que han intentado dar cuenta de las experiencias en las que profesionales del urbanismo y la arquitectura1 buscaron vincular sus prácticas con los sectores populares y de trabajadores y sus organizaciones de base territorial. Estos profesionales acompañan y asesoran en procesos diversos: las luchas por la regularización a la tierra, el acceso a servicios y equipamientos básicos, la mejora del hábitat, la vivienda digna, el derecho a la ciudad, la planificación de sus barrios, la crítica a megaproyectos, entre otras tantas problemáticas urbanas.
La definición de un urbanismo “desde abajo” es a la vez objeto de reflexión. Al ampliar la mirada sobre estas experiencias, se incorporan elementos escasamente visibilizados en la historia del urbanismo y la arquitectura. Además, interesa recuperar las autodenominaciones de los grupos para evitar conceptos implantados donde se abre la pregunta sobre sus formas de comunicar, de teorizar e historizar sus prácticas. Por otro lado, observar ciudades más allá de la tan estudiada Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los municipios del conurbano bonaerense resulta relevante para construir una historia urbana que indague y relacione diversas ciudades del mal llamado “interior” del país.
La particularidad de este trabajo radica en la reconstrucción de una historia desde el presente y una reflexión sobre las posibilidades y limitaciones que dicha tarea conlleva. Se intenta ir de adelante para atrás, partiendo del análisis de las experiencias actuales, sus producciones y referentes. En este tránsito no se buscan los orígenes, sino problematizar las dificultades y potencialidades de indagar en estas historias. Se trata de un estudio exploratorio que se propone más como un escrito de diálogo que como una investigación consensuada desde su inicio. Las tres indagaciones realizan, de diversas maneras, un análisis histórico desde el presente, utilizando principalmente fuentes documentales, tales como informes, fotos, publicaciones en redes sociales, folletos y reseñas de eventos y prácticas territoriales. A ello se suma la proximidad con las experiencias analizadas, que configuran una especie de “etnografía en casa” (Gil, 2008) que permite recuperar observaciones directas y reflexiones situadas2. El desarrollo central del artículo se organiza en tres partes: el primer apartado presenta el marco histórico y conceptual, el segundo contextualiza los tres casos en la multiplicidad de grupos que se han generado en Argentina en los últimos veinte años, y el tercero despliega una serie de ejes problemáticos en los que se organiza el análisis cruzado de los casos. El texto finaliza con un conjunto de dilemas abiertos y reflexiones finales.
Estado del debate histórico y conceptual
En el ámbito de la investigación académica, se estudian las experiencias de profesionales militantes como parte de un proceso de politización y radicalización de la juventud desde los años sesenta y setenta del siglo XX, en el marco de la Guerra Fría y el auge de las organizaciones de izquierda. Estas indagaciones dan cuenta de múltiples formas del compromiso de arquitectos/as y urbanistas que se generaron al calor del crecimiento de los movimientos de pobladores y organizaciones sociales y políticas en las periferias populares. Se recuperan, de manera breve, los trabajos que ofrecen pistas del caso argentino. Las experiencias nombradas en este primer apartado no son consideradas como los orígenes o antecedentes de los casos analizados —como se problematiza más adelante—, sino que permiten constatar la antigüedad de la preocupación del campo profesional por las problemáticas sociales y, además, brindan un estado de la situación de los estudios referidos al tema.
Hay aportes recientes que permiten reconstruir la historia de estas prácticas alternativas desde la arquitectura y el urbanismo en Argentina. A partir de un breve recorrido por diferentes investigaciones, se organizan los aportes en torno a tres momentos históricos distintos. Un primer período podría situarse entre los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, con las discusiones locales al calor de la modernización del campo disciplinar y los debates y experiencias pioneras de vivienda obrera y económica. Aquí destacan los estudios sobre ciertas figuras individuales de profesionales que desplegaron prácticas en la materia, tales como Fermín Beretervide (Molina y Vedia, 1997), Wladimiro Acosta (Gaite, 2007) y Ernesto Vautier (Molina y Vedia, 2010). Sobre la cuestión de la vivienda en esas primeras décadas del siglo XX, se encuentra el relevante trabajo de Ballent y Liernur (2014), el de Cirvini (2003), que indaga en las configuraciones del propio campo profesional y las tensiones, así como el de Healey (2012), que explora los debates sobre los desafíos sociales de la arquitectura y el urbanismo que se plantean desde el terremoto de San Juan en 1943.
El segundo período se abre a fines de los años cincuenta y sesenta, en el ámbito de la universidad pública como escenario principal. Allí se generaron programas de extensión que conectaron la formación con el territorio popular y sus actores, como en el caso de Isla Maciel en la ciudad de Buenos Aires (Brusilovsky, 1998). Nuevamente, destacan algunas figuras que impulsaron talleres de formación en los que se discutían estas temáticas, como Osvaldo Bidinost y Mario Soto (Maestripieri, 2004). A la vez, hay investigaciones que estudian el movimiento de estudiantes en arquitectura hacia mediados del siglo XX, como los de Ana Cravino (2015 y 2018), o los trabajos de Bonavena (2004) y Seia (2018) sobre las formas de organización y participación de alumnos de arquitectura de Buenos Aires, el de Malecki (2016) sobre lo sucedido en la ciudad de Córdoba, y Carranza (2010) en La Plata. Todos estos análisis refieren a una intensa movilización que atravesaba la carrera de arquitectura, la demanda por una renovación profunda de la formación y el despliegue de prácticas de vinculación con organizaciones sociales y movimientos de pobladores. Por su parte, el trabajo de Gomes (2018), que indaga en el papel de los expertos durante el Onganiato, el de Silvestri (2014), centrado en la figura de Mario Corea, y el de Gorelik (2018), sobre los debates transnacionales de la ciudad latinoamericana en la Guerra Fría, resultan claves para entender el campo profesional en los años sesenta, las discusiones y las redes regionales.
A mitad de los años sesenta nacieron dos espacios de relevancia, a nivel nacional, sobre los desarrollos para el hábitat popular: el Centro Experimental de la Vivienda Económica (CEVE), en Córdoba, y el Instituto de Investigación y Desarrollo en Vivienda (IIDVi), en Chaco. Ambos generaron vinculaciones, desde la investigación, con sectores populares y campesinos de esas provincias. A inicios de los años setenta, se gestaron las iniciativas de formación de arquitectura alternativas, que apuntaron a trabajar las problemáticas del hábitat popular en un vínculo estrecho con sus actores, tales como el Taller Total de Córdoba (1970-1974), los Talleres Nacionales y Populares (TANAPO, 1973-1974) en Buenos Aires, y experiencias de talleres verticales en Rosario, La Plata y Tucumán. Estos mismos años fueron escenario para experiencias de participación integral en las villas de la ciudad de Buenos Aires, gracias a un gran trabajo desplegado desde la Comisión Municipal de la Vivienda y un activo diálogo con el movimiento villero (Barrios, 2015; Massida, 2017; Durante, 2022). Estas son algunas de las prácticas que se han visibilizado y estudiado, no siempre desde la historia del urbanismo y la arquitectura. Sin embargo, aún quedan muchas experiencias por desentramar y conocer en profundidad, alzando la mirada más allá de la ciudad de Buenos Aires. La significativa cantidad de estudiantes, docentes, graduados/as y trabajadores/as víctimas del terrorismo de Estado durante la última dictadura da cuenta de una intensa participación y búsqueda por enlazar la política y la arquitectura.
El trabajo reciente de Durante (2022) muestra la magnitud del exilio de profesionales a México. Los y las desterradas debieron insertarse a trabajar, en su mayoría, alejados/as de la militancia en el territorio y las experiencias que habían realizado antes de salir del país. ¿Qué sucedió con la vuelta a la democracia? Aún son escasas las pistas para ver qué reacomodos hubo en las escuelas de arquitectura, cómo se vincularon los profesionales a las cooperativas y las ONG que emergieron en los años ochenta, cómo fue el regreso del exilio. En este marco, el presente trabajo busca aproximarse a estas cuestiones, pero de manera distinta: desde las experiencias actuales hacia el pasado reciente, para pensar cuáles son las posibilidades y limitaciones de indagar en las raíces históricas de lo que sucede hoy.
Este trabajo recorre las prácticas y narrativas del Taller de Diseño Cooperativo (TDCoop) en Córdoba, el colectivo Agite y ArqCom LP en La Plata y el grupo Soporte en Mar del Plata. Los tres se caracterizan por realizar prácticas de urbanismo y arquitectura en las que coproducen saberes y asesoran en el abordaje de las problemáticas del hábitat. Son colectivos que quieren repensar su profesión trabajando con otros/as del/en territorio, con sectores excluidos de los “beneficios” de la ciudad capitalista. Estas experiencias parten de un análisis crítico de las relaciones entre disciplina, formación y práctica profesional, que enlazan universidad y territorio, tensan los términos de dicha ecuación y ensayan diversas formas de vinculación que cuestionan el desanclaje de la “autonomía disciplinar” desde estrategias transdisciplinares, integrales, sistémicas y de la educación popular.
En este marco, emerge la pregunta constante sobre ¿cómo llamar a este urbanismo y arquitectura? Al indagar, nuevamente, en el campo de la historia reciente y de los intelectuales, el debate ha virado y se ha comenzado a pensar en la figura del profesional vinculado a la política desde diversas aproximaciones. Sobre el profesional urbanista y arquitecto, en particular, es posible encontrar dos vías. Por un lado, existen trabajos que abordan el tránsito del “profesional modernizador” al “profesional comprometido” (Carranza, 2014) en los sesenta, y al “intelectual orgánico” (Silvestri, 2014) hacia los setenta. Por el otro, hay estudios como el de Rigotti (2019), que cataloga los tipos de profesionales a partir de la distinción entre “expertos” —profesionalizados para la política pública—, “vanguardistas” —comprometidos con la lucha política— y “profesionales liberales”. En este contexto, Durante (2020) utiliza la categoría de “profesional-militante” para explorar las multiposicionalidades, cambios y contradicciones que presentan las trayectorias de estos actores en los diversos contextos que transitan.
En el ámbito del urbanismo, se han generado distintas teorías en países del Norte-global para conceptualizar este tipo de prácticas, como el urbanismo comunicativo (Healey, 1997; Forester, 1999) y el urbanismo insurgente (Friedmann, 1987; Miraftab, 2009). Sin embargo, se señalan sus limitaciones a la hora de ver lo que sucede en Latinoamérica, por ejemplo, su idealismo en torno a la relación con los movimientos, su falta de vínculo con el Estado y el realce de la figura individual (Ferlicca y Durante, 2026).
La bibliografía recorrida, mayormente, mira al profesional dejando de lado sus prácticas, los saberes que genera y las formas colectivas que han adoptado. En este sentido, resulta interesante pensar cómo se llamaría a esta praxis del urbanismo y la arquitectura. Una pregunta abierta que el presente trabajo busca responder a partir del reconocimiento de los modos de nombrarse de las propias experiencias y de autonarrar sus historias. En este artículo, se elige la denominación “desde abajo” para dar centralidad a los actores con quienes estas prácticas se piensan, a los sectores populares y a aquellos que ven vulnerado su derecho a la ciudad y a un hábitat digno. Como se aborda a continuación, la idea de lo comunitario es una de las identidades locales que ha ganado más fuerza para nombrarse colectivamente; sin embargo, es aún un término en discusión y en revisión permanente.
Como punto de partida del análisis, interesa situar los tres casos en un mapa de experiencias actuales que permita contextualizarlas junto a otras que se despliegan durante el siglo XXI. El origen de las iniciativas abordadas y sus redes suele ubicarse en el período posterior a la crisis de 2001 en Argentina. A partir de allí, emergen diversos procesos desde los cuales se fortalece el diálogo entre sectores populares y universitarios. Estos son: la aparición y desarrollo del movimiento piqueteros y de desocupados en los años noventa (Svampa y Pereyra, 2003); los nuevos repertorios y formas de acción colectiva de los sectores populares con fuerte inscripción territorial (Merklen, 2010); la emergencia de modos de participación política alternativa de base territorial entre la juventud (Vazquez y Vommaro, 2009); el crecimiento de las organizaciones estudiantiles en la universidad pública, especialmente aquellas con perspectivas progresistas y de izquierda (Liaudat et al., 2012); las políticas de derechos humanos y los juicios por delitos de lesa humanidad perpetrados durante la última dictadura militar, con la llegada de Nestor Kichner al gobierno en 2003 (Barros y Morales, 2017). Tales procesos propician la aparición de nuevos grupos que tienden puentes entre universidad y territorio, recuperando la historia reciente y levantando las banderas de defensa de los derechos humanos.
Una primera forma de aproximación consiste en rastrear las redes, sus integrantes y encuentros de trabajo. Para ello, comenzamos mapeando los grupos que, desde 2013 hasta la actualidad, participan en los Encuentros Nacionales de Arquitectura Comunitaria (ENAC). El primero se realizó en la ciudad de San Miguel de Tucumán; el segundo, en la ciudad de Resistencia, Chaco (2015); el tercero, en Rosario, Santa Fé (2017); el cuarto, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (2019); el quinto, nuevamente en la capital tucumana (2022); el sexto, en Mar del Plata (2023) y, finalmente, el séptimo, en La Rioja (2025). El octavo está previsto para 2027, en la ciudad de Córdoba (Figura 1).
Figura 1. Encuentros Nacionales de Arquitectura Comunitaria (2013-2027)

Fuente: elaboración propia.
Estos ENAC surgieron como iniciativa en el segundo Encuentro Latinoamericano de Arquitectura Comunitaria (ELAC), realizado entre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y La Plata en 20123, de parte de los grupos locales que estaban presentes. Las instancias nacionales se proyectaban como un espacio más dinámico y permanente que permitiera a los múltiples colectivos locales reunirse en diferentes ciudades del país. Todos los encuentros celebrados hasta el momento fueron impulsados por comités conformados por grupos de la ciudad correspondiente, insertos —de diversas formas— en el ámbito universitario, excepto en el caso de Rosario, donde la organización estuvo a cargo de un grupo del Colegio de Arquitectos. Desde los orígenes de los ENAC, en 2013, han participado: Taller Libre de Proyecto Social (TLPS), Proyecto Habitar (PH) y Arquitectos de a Pie por la ciudad de Buenos Aires; Agite y ArqCom LP de La Plata; Programa de Mejora Participativa del Hábitat (MHaPa) de San Miguel de Tucumán; y Centro de la Vivienda Popular (CEVIPO) de Resistencia, Chaco.
El TLPS inició su historia en 2002 cuando un grupo de docentes y estudiantes de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) sintió la necesidad de repensar la formación de arquitectura para poder abordar las temáticas de la realidad social. En 2006 se consolidó como cátedra libre, figura que mantiene hasta la actualidad, encabezada por la profesora Beatriz Pedro. Proyecto Habitar también surgió de un equipo de docentes y graduados/as de la FADU-UBA por el 2010, y se propuso trascender el ámbito académico para construir un ejercicio profesional en el territorio. Sus principales referentes, Julián Salvarredy y María Eugenia Jaime, son profesores en diferentes escuelas de arquitectura del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El grupo Arquitectos de a Pie emergió en el año 2002 vinculado con el Partido Comunista Revolucionario (PCR), y se abocó al asesoramiento de movimientos sociales.
El equipo de Tucumán, impulsado inicialmente por el Grupo Thierra de graduados/as, se consolidó en el área de investigación dentro del Instituto de Investigaciones Territoriales y Tecnológicas para la Producción del Hábitat (INTEPH) de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), encabezado por la investigadora Paula Boldrini. Desde hace varios años, el grupo se amplió con nuevas generaciones de estudiantes y graduados/as en vínculo con la agrupación Zuncho, parte del movimiento estudiantil independiente de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU). El colectivo de Chaco también emergió con lazos con el PCR y acompaña a diversas comunidades y movimientos de la provincia. Está encabezado por Rodolfo Schwartz y conformado por jóvenes arquitectos/as. En relación con ellos, apareció una agrupación estudiantil en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), con la que organizaron el ENAC de 2015.
Los tres grupos analizados en el presente trabajo participan de estos encuentros. Si bien el Taller de Diseño Cooperativo de Córdoba no estuvo en los inicios de los ENAC, sus miembros asistieron a los ELAC 2012 y 2018, el ENAC de la Rioja en el 2025, y forman parte del equipo responsable del próximo encuentro a realizarse en la ciudad de Córdoba en el 2027. Por su parte, los grupos de La Plata son activos desde los comienzos hasta la actualidad, como organizadores y dinamizadores de la red, y participantes en cada uno de los encuentros. Es más reciente la incorporación a los ENAC del grupo Soporte de Mar del Plata, que concurrió por primera vez en Tucuman (2022), donde se postularon para preparar el encuentro de 2023.
Un segundo punto de inflexión, revisión y crecimiento de los colectivos de este tipo en Argentina se produjo a partir de 2020, por un lado, con la emergencia de nuevas formas de abordaje del problema de la vivienda que visualizó la pandemia por COVID-19, y, por otro lado, con la aparición de las políticas de la Secretaría de Integración Socio Urbana (SISU) impulsadas bajo la presidencia de Alberto Fernández (2019-2023). Estas políticas desplegaron un mecanismo que brindaba recursos a las organizaciones de base territorial para hacer mejoras en los barrios populares con la participación activa de vecinos/as. Esto obligó a las organizaciones a trabajar con equipos de asistencia técnica que les permitieran llevar adelante los proyectos, gestionar los recursos, coordinar la obra, realizar un seguimiento y acompañamiento técnico del proceso. Frente a este desafío, se fueron abriendo nuevos colectivos, cooperativas y grupos de arquitectos/as que asistieron a estos desarrollos. En los casos de estudio, aparece la vinculación, de diferentes maneras, con las políticas de la SISU y los desafíos que implicó profesionalizar la asistencia a los movimientos.
Problemáticas historiográficas y coordenadas móviles
Este apartado se organiza en una serie de ejes problemáticos que atraviesan las tres investigaciones y ciudades analizadas. Encontramos en ellos puntas interesantes desde donde reflexionar sobre las potencialidades y limitaciones para construir la historia del urbanismo y la arquitectura “desde abajo” en Argentina, partiendo desde las prácticas actuales e indagando en sus coordenadas históricas y posibles genealogías.
Como mencionamos en el apartado previo, los casos de estudio se inscriben en un momento de auge de estas iniciativas, principalmente en las ciudades donde se encuentran radicadas las facultades de arquitectura de las universidades públicas. Esto se suma a procesos locales de organización de base, que sería necesario profundizar, donde las experiencias abordadas se vinculan a barrios periféricos (Mar del Plata y La Plata) y a zonas centrales (Córdoba). A la vez, las tres tienen diversas trayectorias, temporalidades, actores y formas de relación con el ámbito universitario y el campo profesional, como se analiza a continuación.
En Córdoba, el Taller de Diseño Cooperativo (TDCoop), materia electiva de las carreras de arquitectura y diseño industrial de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FAUD) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), surgió en el 2016. Su punto de partida fue la necesidad de generar un espacio de formación en extensión en el marco del trabajo que venía realizando el Taller 36 Arquitectura Ciudad (T36AC), un colectivo académico de docentes, estudiantes y egresados, integrado por las Cátedras de Arquitectura 3°A y Arquitectura 6°C a cargo del arquitecto Patricio Mullins. El taller se propuso la construcción de conocimiento a través de la acción/reflexión, articulando la formación académica y la extensión universitaria. Está conformado por un equipo de docentes y adscriptos que, desde sus inicios, desplegó un trabajo territorial en el Barrio Alberdi. En particular, el TDCoop consolidó un vínculo con la Red Pueblo Alberdi, colectivo constituído en 2019 por organizaciones sociales, centros vecinales e instituciones barriales. La continuidad a lo largo de los años permitió una dinámica de cooperación mutua y sinergia entre la academia y el territorio, siendo la coyuntura barrial y sus proyectos los pilares sobre los que se construyen los contenidos que se abordan en el taller con los estudiantes. Entre los procesos que han participado con la Red se destacan: el proyecto de planificación territorial “Habitando el Espacio Público”, el equipamiento cultural Abresueños y la recuperación de la ex cervecería Córdoba, símbolo de la lucha barrial que lleva adelante la Red (Becerra et al., 2025).
En La Plata, Agite Estudiantil surgió en 2004 como agrupación de estudiantes de un sector crítico e independiente, que, unos años después, sumó docentes y graduados/as de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). En 2012, se consolidó un colectivo que se orientó hacia el trabajo en territorio y dio origen a la organización Arquitectes de la Comunidad La Plata, conocida como ArqCom LP, en relación a experiencias que venían desarrollándose desde el ámbito de la extensión universitaria de la FAU. En 2013, la gran inundación en la ciudad de La Plata impulsó un crecimiento exponencial de dichos espacios, que promovieron acciones de solidaridad y de autogestión para la mejora de las viviendas afectadas. Un ejemplo de ello es el Seminario “Vivienda Productiva y Urbanismo Social” dictado por el arquitecto Fermín Estrella en la FAU a fines de 2013, al que se inscribieron más de 600 estudiantes. Otro ejemplo es el “Taller Barrial de Arquitectura” organizado en 2014, que convocó a cerca de 120 estudiantes a realizar proyectos participativos en diversos barrios populares de la periferia platense. Una participación que obligó a colocar en agenda las temáticas del hábitat popular y la falta de conexión de los problemas de la realidad social en la formación.
En Mar del Plata, Soporte está conformado por graduados/as, becarios/as de investigación doctoral y docentes, encabezados por el arquitecto Fernando Cacopardo, un profesor investigador con una larga trayectoria en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (FAUD) de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP). El grupo se organiza desde el ámbito de la investigación en articulación con la extensión, la acción territorial y la docencia de grado. En su recorrido, confluyen diversas organizaciones y formas institucionales, con múltiples denominaciones a lo largo de su historia. Un punto de partida del colectivo actual podría situarse en 2015, cuando se nucleó el Grupo de Investigación Ciencia y Tecnología del Hábitat Popular4 (CYTHAP), si bien tiene un antecedente previo en el Grupo de investigación-acción sobre urgencias del hábitat5 creado en 2004, también dirigido por Cacopardo desde el año 2005. Desde allí se trabajan las problemáticas del hábitat popular a través de diferentes proyectos de investigación, que también se relacionan con redes de actores e instituciones por fuera del espacio universitario. Es a partir de convenios con empresas y vínculos con proyectos y políticas públicas que el grupo participa de estos procesos, como la Fundación “Yo soy porque nosotros somos” y la Cooperativa de trabajo “Soporte”, según cada situación. Tanto el rol dentro de la investigación como en articulación con políticas públicas son marcos que hacen posible el desarrollo de estos procesos territoriales como parte del ejercicio profesional. El aumento de políticas públicas en materia habitacional impulsadas desde la Secretaría de Integración Socio-Urbana (2020-2024) posibilitó la ampliación la labor territorial en conexión con la investigación y el desarrollo tecnológico, actuando con una amplia red de actores en territorio (organizaciones sociales, cooperativas, emprendimientos productivos y el municipio).
Las redes de trabajo en territorio que configuran los grupos varía en cada uno de los casos según los actores locales y sus formas de organización, pero, a la vez, cambian en los contextos institucionales y sociopolíticos que ofrecen diversas condiciones de posibilidad a sus prácticas. Las estrategias de trabajo territorial también se modifican: el grupo de Córdoba realiza una labor desde hace muchos años en un mismo lugar, consolidando el vínculo de largo plazo con un colectivo de organizaciones; el grupo de La Plata tiene su ámbito de acción en barrios populares de la periferia sureste y suroeste, con diferentes organizaciones y espacios comunitarios; y el grupo de Mar del Plata tiene inserción en distintos barrios populares de la periferia, como Nuevo Golf y Alto Camet, que le ha permitido incluso desarrollar emprendimientos productivos con vecinos/as que aportan en otros barrios. Un ejemplo de esta red de trabajo son los “núcleos productivos barriales” para la fabricación de pilares de conexión social, que llevó adelante una unidad doméstica del Barrio Alto Camet junto con el acompañamiento de Soporte y en articulación con la Empresa Distribuidora de Energía Atlántica (EDEA) (Soporte, 2025). Esto muestra la potencia de estas iniciativas para entrelazar no solo grupos de asesores universitarios, sino también los propios barrios populares, entre sus espacios organizativos y productivos.
Una de las principales dificultades que emerge al explorar los antecedentes de las experiencias actuales es la escasez de documentos propios que sistematizan sus prácticas, referencias y miradas. Al recorrer sus propias historias autonarradas hay pocas menciones a iniciativas previas a 2001. En cambio, emergen alusiones al pasado reciente, materializadas en ciertas figuras o casos paradigmáticos, pero esta resignificación no necesariamente implica un conocimiento en profundidad o un vínculo directo con los protagonistas.
En Córdoba, aparece la referencia inevitable del “Taller Total” (1970-1974), que signó a una generación de profesionales y ha sido recuperada por múltiples investigaciones en años recientes como un ejemplo paradigmático de propuesta alternativa institucionalizada (Lanfri et al., 2007; Pedano, 2010; Malecki, 2016). Un espacio que buscó, de distintas maneras, vincular la formación en arquitectura con las problemáticas de los sectores sociales más vulnerables. En el caso analizado, el TDCoop, considerado como una experiencia pedagógica alternativa dentro de la FAUD, sus protagonistas no se identifican como hijos/as directos del Taller Total, si bien es ineludible pensar en su influencia y su participación en diversas instancias que recuperan su historia. Al mismo tiempo, se referencian en otras experiencias pedagógicas posteriores de la FAUD, en las que también se puso en discusión el rol de una universidad pública al servicio de las necesidades sociales, como el Taller Universitario (TU) de 1997, los seminarios inter-facultades, el Taller Integrado de síntesis (TIS) Niveles II, III, IV y V en los primeros años de los 2000, como así también iniciativas más recientes realizadas por el Taller 36AC entre el 2005 y el 2014. En este Taller, se trabajó con el Movimiento Campesino del Norte de la provincia de Córdoba y en barrios populares como la Villa El Galpón (Mullins y Colautti, 2010-2011) y el Barrio San Martin (Mullins y Colautti, 2010-2013). Allí se llevaron a cabo talleres participativos barriales, mesas de gestión comunitaria y el proyecto e intervención en la Plaza de los Burros, en Barrio San Martin, y una serie de trabajos de estudiantes que participaron en el proyecto de extensión “Alberdi, Participación y Encuentro Ciudadano” (2013-2024), dirigido por Patricio Mullins. De este proyecto derivó la publicación Alberdinopolis, Prácticas de Urbanismo Participativo (Gallegos et al., 2016), de relevancia para comprender el enfoque del Taller y sus prácticas en territorio.
En el caso de La Plata, el colectivo Agite, desde sus inicios, señala como uno de sus referentes principales al arquitecto Osvaldo Bidinost y la lectura obligada de su libro Arquitectura y Pensamiento Científico (reeditado por la organización en 2014). Bidinost tiene una historia que se relaciona con esos primeros esfuerzos organizativos en la universidad pública argentina de principios de los años sesenta y también como docente de talleres de arquitectura que, en los años setenta, buscaron construir prácticas vinculadas a las problemáticas de los sectores populares en La Plata y Córdoba. Sin embargo, el movimiento enfatiza su rol como formador de la primera generación de estudiantes que crearon la organización, debido a que, a comienzos del siglo XXI, en la FAU continuaba en funcionamiento su taller de proyecto.
Otra referencia más reciente de la experiencia platense es la del arquitecto Fermín Estrella, a quien el colectivo Agite invitó a realizar diversas actividades en la FAU y con quien estrecharon un lazo cercano en sus últimos años de vida. Particularmente, se recupera su libro Arquitectura de Sistemas, que se ha convertido en un clásico para pensar estrategias de vivienda masiva en Argentina, publicado en 1986, cuando Estrella volvió del exilio en México. En 2018, en ocasión de la donación de su archivo personal por parte de su compañera Ana Novick, se convocó a un taller y un pabellón móvil para recuperar su obra y sus ideas. Estos esfuerzos permitieron ubicar a Fermín Estrella en una historia de más larga data, que lo vincula a proyectos innovadores de escuelas rurales en los años sesenta, al acompañamiento al movimiento de pobladores en los años setenta en Buenos Aires y a múltiples experiencias de vivienda popular por cooperativas en su exilio en México (Durante, 2024). Se trató de un trabajo de rememoración de la historia de vida del referente, sin que ello signifique dar continuidad de la misma en la actualidad.
En Mar del Plata, el grupo Soporte no hace referencia a experiencias previas a 2001, sino más bien a una historia local que emerge de diversos proyectos y programas de extensión que, desde inicios del siglo XXI, tejieron puentes con los territorios populares de la periferia marplatense. El ya nombrado Grupo de Investigación CYTHAP es parte del Instituto de Investigación en Desarrollo Urbano, Tecnología y Vivienda (IIDUTYV) creado en el 2014, que actualmente integra siete grupos de investigación, dos de los cuales buscan construir un vínculo entre la investigación y las problemáticas del hábitat popular en la periferia marplatense. Estos son el Grupo de Investigación CYTHAP y el Grupo de Investigación en Socio-Antropología Urbana6 (GISAU). A su vez, ambos articulan, dentro del mismo instituto, con el Programa Hábitat y Ciudadanía7 (PHYC) y el Programa de investigación y extensión en producción del espacio-tiempo social y derecho a la ciudad8. Esta imagen actual tiene sus antecedentes en las transformaciones y trayectorias de cada grupo previas a la creación de los institutos, por una actualización de la normativa desde el 2012.
El IIDUTYV se conformó a partir del Centro de Estudios del Desarrollo Urbano (CEDU) y el Centro de Estudios de Tecnología y Vivienda (CETYV). Este último estuvo dirigido por Héctor De Schant, uno de los referentes locales en la gestión y compromiso con el hábitat popular. Además, en la FAUD se encontraba la Maestría en Hábitat y Vivienda, que impulsó y dirigió Raúl Fernandez Wagner y de la cual fue profesor Victor Pelli, ambos referentes de la temática a nivel nacional. Esta maestría comenzó en 1994 y continuó en funcionamiento hasta el año 2018. En el nivel del grado, no existe dentro de la currícula una asignatura o contenidos mínimos relativos al hábitat popular, omisión propia de una formación generalmente centrada en el diseño de autor y destinada a un porcentaje muy reducido de la sociedad. No obstante, en los talleres de urbanismo, ubicados a partir del cuarto año según el Plan de Estudios, a cargo de Ana Núñez, se problematiza el rol de los profesionales frente a los desafíos que plantea la cuestión del hábitat popular. Asimismo, en la materia cuatrimestral de sexto año Teoría y Crítica de la Arquitectura y el Urbanismo, con Fernando Cacopardo como titular de uno de los talleres, se establecen discusiones que luego son profundizadas en una asignatura optativa denominada “Arquitectura, disciplina y profesión: problemas, desafíos y propuestas de contextos territoriales emergentes”.
En las tres facultades de arquitectura estudiadas, se denuncia el terrorismo de Estado, a la vez que de manera constante se recuerda a los y las estudiantes, docentes, graduados/as y trabajadores/as que fueron encarcelados/as, desaparecidos/as, asesinados/as y/o exiliados entre inicios de los años setenta y 19839. Esto se materializa en espacios de memoria donde se encuentran sus nombres, en actos públicos, movilizaciones en fechas como el 24 de marzo, la reparación de sus legajos académicos, o publicaciones que relatan su historia. Para el caso de Córdoba, se publicó en 2008 Arquitectos que no fueron, que trata sobre los cuarenta y dos estudiantes y egresados/as que fueron víctimas del terrorismo de Estado (Figura 2). En La Plata, se colocaron los nombres de ciento un compañeros/as represaliados de la comunidad universitaria en un espacio destinado a la memoria activa. El Espiral es un sitio inaugurado en 1995 que propone, además de recordar, ser espacio de encuentro, cobijando, hasta la actualidad, asambleas y grandes reuniones (Figura 2). En Mar del Plata, se homenajeó a catorce compañeros/as de la FAUD-UNMdP en diversos actos. En todos los casos, estos nombres dan cuenta no solo de la fuerte represión desatada por las organizaciones paramilitares y el gobierno cívico-militar, sino también de la gran participación política de la comunidad de las facultades de arquitectura en los años setenta. Nuevamente, la recuperación de las memorias y el reclamo por verdad y justicia no necesariamente van acompañados de un conocimiento en profundidad de sus trayectorias previas. En este marco, se reivindica una activa militancia y compromiso de la comunidad académica con sectores populares, trabajadores y campesinos de los territorios próximos. Sin embargo, aún es una tarea pendiente rescatar sus prácticas, debates y estrategias de las que seguir aprendiendo.
Figura 2. Libro Córdoba y el Espiral en La Plata

Fuente: izquierda, Novillo et al. (2008); derecha, Agite (2024).
Otra de las dificultades que emerge al indagar en las historias sobre el urbanismo y la arquitectura “desde abajo” se encuentra en el plano metodológico, en el trabajo con las fuentes, y ello se relaciona con las limitaciones de los grupos para sistematizar, analizar e historizar sus prácticas. La vinculación de los tres grupos con el ámbito académico no siempre implica una tarea permanente de registro de sus experiencias en el territorio. A continuación, se ofrece un recorrido por los tipos de documentos que se han encontrado, así como los materiales que producen los propios colectivos, y se reflexiona sobre sus potencialidades y limitaciones.
En el caso de Córdoba, es necesario destacar, por un lado, un esfuerzo relevante de un grupo de exestudiantes y graduados/as del Taller Total por generar un archivo oral y documental de la experiencia10 y, por otro lado, una multiplicidad de estrategias de autonarrarse de los colectivos vigentes. Como se destacaba anteriormente, esto no implica su conexión en el tiempo ni la continuidad de sus prácticas. El Taller Total fue una iniciativa que se institucionalizó, se constituyó en la formación oficial por aquellos primeros años setenta, por lo que es posible encontrar planes de estudios, materiales didácticos, libros docentes y trabajos de los estudiantes. Sin embargo, los proyectos actuales, mayormente de carácter alternativo y optativo dentro de la currícula, adolecen de instancias institucionales donde dejar un rastro sistemático. En este caso, las redes sociales, los blogs y portales independientes se convierten en las principales bases de datos a consultar, siempre y cuando sigan disponibles online, con la dificultad que eso supone para los propios colectivos. No obstante, cobra relevancia la construcción de fuentes orales, que posibilitan revisar la historia reciente.
En el caso del TDCoop, como asignatura dentro de la FAUD, podemos encontrar la propuesta pedagógica, el programa y el cronograma de la materia como fuentes para indagar algunos posicionamientos, bibliografías y metodologías propuestas. Estos materiales que son el puntapié de las experiencias, sin embargo, no permiten analizar qué sucedió efectivamente en el territorio. Para algunos integrantes del equipo, la realización de ponencias en congresos o exposiciones, como el ELAC en 2018, el Taller Social Latinoamericano en 2019 y el ENAC del 2025, resulta una instancia importante para la elaboración de un relato de las experiencias en territorio, sin que ello se considere como una práctica sistemática y continua en el tiempo. Otra fuente de consulta son los propios proyectos de extensión e informes, que recopilan el trabajo desarrollado en territorio, aunque suelen ser una sistematización parcial, limitada al requerimiento de rendir cuentas a la institución, que no refleja necesariamente la riqueza y complejidad del trabajo socioterritorial.
Para el caso de La Plata, la historia reciente de las organizaciones ArqCom LP y Agite puede rastrearse, principalmente, en sus redes sociales, donde están registradas sus experiencias. Por otro lado, es posible encontrar una serie de videos realizados en torno a sus prácticas, disponibles en sus canales de Youtube, así como dos publicaciones editoriales que reunieron la experiencia de los talleres llevados a cabo en 2014. Esto último resulta interesante como esfuerzo para dejar un registro de las prácticas, pero no es una actividad constante. Para conocer su historia en profundidad, se hace necesario indagar en los archivos personales que resguardan algunos de sus integrantes con más trayectoria, que contienen volantes, afiches, cartillas, programas, fotos y videos del trabajo de todos estos años, aún no sistematizados ni disponibles públicamente. A la vez, es de destacar que entre los y las participantes de ambas organizaciones platenses hay investigadores o estudiantes de posgrado. Varios de ellos trabajan en el Centro Interdisciplinario de Estudios Complejos (CIEC) de la FAU-UNLP, cuya producción académica intentó, de diversas maneras, sistematizar las prácticas y teorizar a partir de ellas (Di Croce Garay, 2021; Rojas Chediac y Ursino, 2023; Esparza et al., 2024; Rojas Chediac et al., 2025). También desde dicho espacio, se presentan los Programas y Proyectos de Extensión que dan un marco institucional a ciertas acciones en territorio y permiten ampliar la participación de la comunidad de la FAU. Los textos de los proyectos desde 2013 hasta la actualidad, sus informes y notas de divulgación son otra herramienta interesante para conocer sus prácticas (Dicroce y Ugarte, 2014 y 2015; Fratassi y Durante, 2016; Durante y Fratassi, 2017, 2018 y 2019; Curtit y Prada, 2020-2025; Durante y Esparza, 2020-2025).
Para el caso de Mar del Plata, se parte de las Ordenanzas del Consejo Académico de la FAUD y, en lo que respecta al grupo CYTHAP, de los proyectos de investigación y sus respectivos informes, que constituye documentación oficial con aval académico e institucional. A partir de esta recopilación, es posible reconstruir un recorrido sobre el cual generar interrogantes que pueden ser ampliados en profundidad con otras herramientas, como las entrevistas o disparadores que conduzcan a otras búsquedas de datos. A su vez, la estructura necesaria para presentar estos documentos posibilita su comparación, tanto al interior de la facultad como con otras líneas de investigación en instituciones universitarias diferentes. Sin embargo, la descripción de los mismos no puede dar cuenta de las complejas redes que se traman en el desarrollo del propio proyecto o en la multiplicidad de vínculos y actividades del trabajo territorial. Del mismo modo, con esta información no se evidencia cómo se constituyen las identidades de los equipos en cuanto a la articulación entre trabajo territorial y de investigación, donde se ponen en juego diferentes roles dentro de la ejecución y la práctica y su teorización. Es de destacar que el grupo Soporte, recientemente, lanzó su página web donde expone sus prácticas, y, a la vez, realizó un documental que dejó un registro relevante sobre el trabajo realizado en el prolífico período 2020-2023 (Cacopardo e Irigoyen, 2024).
En los tres casos, su participación en los ENAC y ELAC les permite encontrar una excusa para escribir sobre sus prácticas y reflexionar sobre estas, con el objetivo de compartir con otros colectivos e intercambiar estrategias. Estas redes se han constituido en un espacio relevante para comprender tanto la historia reciente de estos grupos como las relaciones entre ellos. Varios de los ENAC han publicado las memorias completas de manera virtual, lo que facilita un estudio en profundidad de las mismas11.
Se encuentra una gran riqueza en el diálogo entre los tres casos debido a que se utilizan fuentes diversas que dan cuenta de los contextos de producción y las condiciones de posibilidad en las que los grupos se desarrollan. En este apartado podemos encontrar cuestiones comunes. Por un lado, en cuanto a las limitaciones de los propios colectivos estudiados para sistematizar y teorizar sobre sus prácticas y trayectorias, los espacios que pueden hacerlo con mayor continuidad son aquellos que tienen alguna inscripción institucional —en investigación, docencia o extensión—, lo que les permite un marco y recursos desde donde escribir, aunque ello presenta las restricciones propias de los ámbitos académicos. Por otro lado, es relevante la emergencia de múltiples formatos que generan los propios colectivos: elementos audiovisuales, dispositivos gráficos, textos académicos y de divulgación. Esto último encuentra dificultades para su circulación debido a que depende de la realización y mantenimiento de un portal web, blog o red social que contenga toda esa información de manera organizada, o de que integrantes de los grupos se embarquen en la tarea de constitución de los archivos.
Por último, interesa indagar acerca de las formas en que los grupos se nombran y los conceptos que utilizan para hablar de sus experiencias y metodologías de trabajo en territorio. Ante el problema de cómo llamar a este tipo de prácticas de urbanismo y arquitectura, se vuelve sobre los grupos y sus autonarrativas como una manera de arribar a los conceptos. Haremos una recapitulación final que dialogue con la bibliografía del tema y, a la vez, permita aportar a un andamiaje teórico-metodológico de este tipo de prácticas.
En el caso del TDCoop, podemos explorar el modo en que el colectivo se describe y nombra a través de sus redes sociales. En sus publicaciones, se hace referencia a su condición de taller abierto, intersectorial e interdisciplinario dirigido no solo a estudiantes de la carrera de Arquitectura y Diseño Industrial, sino también a vecinos/as, representantes de organizaciones y alumnos/as de otras carreras. Asimismo, se explica que se desarrolla como una asignatura de la FAUD-UNC, como un curso de formación en extensión universitaria y como un taller para la realización de proyectos extensionistas. En otra de sus publicaciones, se agrega que uno de sus objetivos principales es constituir un “un proceso de enseñanza/ aprendizaje que propone una reflexión crítica desde un proceso de diseño colectivo y de planificación solidaria del hábitat” (TDCOOP, 2019).
A lo largo del tiempo, el TDCoop ha desarrollado múltiples dinámicas de diseño participativo para la realización de los proyectos. Despliega técnicas de mapeo colectivo para la detección y diagnóstico de problemáticas y recursos en el territorio, así como talleres de diseño participativo con los diversos actores sociales que operan en Barrio Alberdi (Gaitán y González Carrera, 2021-2022; Mullins y Blanc, 2023-2024; Mullins y González, 2020-2021; 2022-2023; Rosellini y Pineda Caracciolo, 2025). El grupo lleva adelante talleres barriales en espacios de interés comunitario, por ejemplo, el centro vecinal o el espacio de la cervecería, con la participación activa de estudiantes, vecinos/as, organizaciones sociales, etc., reemplazando la tradicional clase en el aula-taller. El colectivo también organiza actividades comunitarias en el barrio, como ferias, intervenciones artísticas, murales y la muestra de los trabajos realizados por el taller. Por otro lado, impulsa actividades dentro del ámbito universitario, como talleres y charlas, cuyos protagonistas son los actores sociales con los que trabaja en el territorio, y a los que trata de dar lugar en el espacio académico. Por último, TDCoop participa de las asambleas de la Red Pueblo Alberdi como parte del equipo técnico junto a otros profesionales con los que ha conformado la Oficina de Planeamiento Barrial, que se busca formalizar.
Figura 3. Acciones del TDCoop en Barrio Alberdi

Fuente: Fotografías de B. Pineda Caracciolo.
El colectivo ArqCom LP expresa en su blog que su tarea central es “acompañar procesos de organización barrial a través de la asistencia técnica, reconociendo el rol político que esta práctica implica”. Habla de un objetivo concreto a corto plazo (“apostamos a trabajar con problemas puntuales de viviendas y barrios”), y a largo plazo se orienta a “la organización de lxs habitantes de los barrios, al auto-reconocimiento de sus derechos, que les permita ser parte de la lucha en la construcción de una sociedad más justa y equitativa” (ArqCom La Plata, s. f.). En la misma página web, presenta sus principales acciones: los consultorios de vivienda —para la realización de proyectos participativos—; talleres de oficios —electricidad, albañilería y lectura de planos—; jornadas de construcción colectiva; proyectos colectivos de espacios comunes, relevamientos y diagnósticos barriales; y talleres de regularización dominial.
Por su parte, la agrupación Agite (en ambas ramas: la estudiantil y la de graduados/as y docentes) se encarga principalmente de la militancia gremial y política en la FAU-UNLP. Sin embargo, desde los comienzos de ArqCom LP, los dos grupos han trabajado en conjunto para insertar las temáticas del hábitat popular en las aulas y fortalecer el vínculo de la universidad y las luchas de los sectores populares en la ciudad. Para ello, realizan exposiciones, conferencias, talleres, foros de debate, congresos, publicaciones, entre muchas otras iniciativas, siempre desde una dinámica de la educación popular y con una perspectiva de masas, que apunte a un público amplio sensibilizado por las problemáticas sociales.
Figura 4. Acciones de ArqCom LP en barrios populares de La Plata

Fuente: Frattasi y Durante (2016).
El grupo denominado Soporte encuentra en diferentes contextos distintas maneras de nombrarse, gestionando diversas funciones, como ya ha sido mencionado. En su página web oficial se presenta como “un grupo de profesionales, investigadores del CONICET y docentes de la UNMdP, especializados en el hábitat popular”, cuyo “ámbito de acción son los barrios populares de la ciudad de Mar del Plata” (Soporte, 2025). Soporte también responde al nombre de la Cooperativa de trabajo, que registraron en el año 2021 para participar en las políticas públicas dependientes de la Secretaría de Integración Socio-Urbana. Si bien la conformación del Grupo de Investigación se ha ido modificando a lo largo del tiempo, al igual que la de Soporte, ambos espacios se retroalimentan y funcionan en conjunto no solo por la dirección del arquitecto Fernando Cacopardo, sino también por sus estrategias de acción, que vinculan investigación, gestión y desarrollo. Del mismo modo nació la fundación “Yo soy porque nosotros somos” para “la articulación con proyectos, programas y políticas públicas y el grupo de investigación Ciencia y Tecnología para el Hábitat Popular (FAUD-UNMdP) desde donde se producen prácticas de investigación situada” (Soporte, 2025), lo cual permitió consolidar un trabajo que se venía desarrollando desde hacía varios años en torno a la generación de tecnologías sociales para la mejora del hábitat (Cacopardo et al., 2018).
Las trayectorias individuales de los y las integrantes de Soporte se han ido consolidando con su formación, en las tareas de gestión y en diferentes roles dentro del espacio. En cuanto a su trabajo en la investigación, en su página web sostienen que sus principales ejes “están vinculados a la pobreza, el hábitat, los modelos de gestión y las tecnologías sociales” (Soporte, 2025). Dentro de estas temáticas, en los proyectos de investigación presentados por el Grupo CYTHAP, se amplían los objetivos particulares en cuatro órdenes relacionados con las tesis de becarias/os integrantes del grupo: Procesos de urbanización popular; Desarrollo de tecnologías, técnicas y materiales; Desarrollos productivos locales y producción de conocimientos; y Gestión urbana y políticas públicas12.
En el marco de los Proyectos de Obras Tempranas (POT), impulsados por la SISU, Soporte logró concretar diversos trabajos en barrios populares y fortalecer las capacidades de gestión de las políticas públicas. En este marco, llevaron adelante las instalaciones intradomiciliarias de conexión eléctrica, de agua y de cloacas de muchas familias en diferentes barrios, la realización de núcleos húmedos en viviendas particulares, veredas, puentes y la construcción de una plaza (Figura 5). Otros programas y proyectos que desarrollan en relación a condiciones habitacionales críticas, motorizados por recursos de donaciones y del ahorro de las familias, son el Programa de Vivienda de Autoconstrucción Asistida, el Proyecto Estufas Sociales y El Soporte para el Habitar (Cacopardo y Santacrose, 2024). Este último es una estructura liviana, fácil y rápida de construir, que puede fungir como habitación de múltiples usos para las familias; lo definen como “un dispositivo de acción territorial que funciona como el primer núcleo básico de una vivienda progresiva para personas en situación de extrema vulnerabilidad” (Soporte, 2025). Todas estas iniciativas se apoyan en un trabajo de diagnóstico situado y coproducido en diálogo con los actores organizados del territorio, desde donde evalúan las problemáticas más críticas del hábitat, construyendo herramientas para su réplica en otros barrios (Blanco Pepi e Isla, 2024).
Figura 5. Acciones de Soporte en barrios populares de Mar del Plata

Fuente: Soporte (2025).
Reflexiones finales
Reconstruir la historia del urbanismo y la arquitectura “desde abajo” a partir de las prácticas actuales exige revisar los supuestos de la historiografía dominante. El foco en figuras profesionales individuales o la centralidad porteña no alcanzan para dar cuenta de genealogías como las de Córdoba, La Plata y Mar del Plata, donde emergen procesos particulares de organización barrial, redes universitarias y trayectorias institucionales que no se explican por filiación directa con las experiencias paradigmáticas de los años setenta. Más bien, esas genealogías locales se tejen a partir de desconexiones, resignificaciones parciales y referencias frágiles al pasado reciente, como se buscó mostrar a lo largo del artículo.
Hay aspectos constitutivos de los propios colectivos que brindan las posibilidades y dificultades para historizar las experiencias. Por un lado, su propia condición de alternativas, en general, sin remuneración, voluntarias, es una de las grandes limitaciones para poder sistematizarlas y teorizarlas. Por otro lado, los tiempos, necesidades y demandas de los actores territoriales con los que se trabaja no son los mismos que las de los actores académicos. Por este motivo, resulta compleja una retroalimentación cotidiana entre prácticas en territorio y producción/divulgación académica. Por último, la inexistencia de un campo consolidado y legitimado de un urbanismo y arquitectura “desde abajo” en las instituciones educativas plantea profundos desafíos para poder insertarse a dialogar con otros esfuerzos académicos, conseguir recursos, reconocimientos y generar sinergias que faciliten la tarea. En síntesis, su carácter de prácticas alternativas obstaculiza la obtención de lugares y recursos para relatar y decir lo que se hace. Es, de hecho, otra tarea militante el poder contar, historizar y teorizar sobre estas prácticas, ya que no siempre el ámbito de la escritura académica permite y deja espacio para ello.
La condición de alternativas obliga a sus protagonistas a construir identidades móviles colectivas e individuales, en las que se solapan los intereses, las estrategias, las trayectorias académicas y laborales, las redes y los vínculos. Es en este proceso, que resultan interesantes los recorridos desde su condición anfibia (Svampa, 2007), para establecer un registro del compromiso crítico y militante en su diálogo permanente con diferentes contextos y roles. Estos diversos aspectos también hacen a otra condición que cuestiona la historiografía existente: es imposible exigir “continuidad” histórica a estas experiencias y grupos o solo fijar la atención en los “casos exitosos”; más bien, su potencial radica en indagar en sus dificultades, rupturas y transformaciones, así como en las tensiones y estrategias entre actores e instituciones, lo que permite verlas en sus contextos y brinda elementos valiosos para pensar los desafíos actuales.
En las narrativas de los grupos, en general, la centralidad está puesta en la metodología de trabajo, no tanto en el enfoque, aunque la perspectiva de derechos y el combate a la desigualdad social son una constante. En torno a la metodología, los tres señalan la centralidad del diálogo reflexivo, crítico y situado con los sectores urbanos con que se trabaja, y la utilización —con matices y particularidades según los casos— de los diagnósticos y proyectos participativos. Hay interés en poder sistematizar las prácticas a pesar de las dificultades. Sin embargo, aún es escaso el diálogo entre los grupos en términos de producción académica —de hecho, no hay citas cruzadas entre los tres colectivos analizados, ni referencias al trabajo de otros—. Es de destacar la labor de las redes como el ENAC, que resultan espacios con potencial para consolidar un andamiaje teórico-metodológico y una historia en común de estas formas alternativas que trascienda el relato de las experiencias.
Por último, consideramos importante señalar las desconexiones generacionales con la historia reciente y las dificultades para ubicar las continuidades antes del siglo XXI, que no puedan atribuirse a las trayectorias particulares de ciertos personajes. No hay un entendimiento de una historia en común con aquellos compañeros/as cuya memoria se reivindica cada 24 de marzo. La escasez de investigaciones que recuperan las historias pasadas sobre la arquitectura y el urbanismo comprometido obstaculizan el conocimiento y la apropiación de dichas raíces. Para que esto último pueda darse, aún es necesario profundizar en una historia reciente del urbanismo “desde abajo” que, lejos de romantizar ese pasado, ubique a los protagonistas — históricos y actuales — en sus contextos, con sus dificultades y contradicciones.
Bibliografía
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© 2026 por los autores; licencia otorgada a la revista Cuadernos del Sur Historia. Este artículo es de acceso abierto y distribuido bajo los términos y condiciones de una licencia Atribución-No Comercial-Compartir Igual 4.0 (CC BY-NC-SA 4.0) de Creative Commons. Para ver una copia de esta licencia, visite .
1 Se reconoce que en estas prácticas del urbanismo comprometido se da la presencia de profesionales de diversas disciplinas (trabajadores/as sociales, abogados/as, médicos/as, sociólogos/as, entre otros). De hecho, se desarrolla un trabajo interdisciplinario y transdisciplinario (al incorporar en el diálogo de saberes a muchos otros sectores no universitarios), que es interesante revisar, pero que escapa a los fines del presente artículo. Por decisión de las autoras, esta contribución se centrará solo en los “arquitectos/as urbanistas”, en general, un título compartido en la carrera de grado o adquirido por la especialización en la planificación y los estudios urbanos.
2 Para el presente trabajo, no se utilizaron los apuntes de campo recogidos en la observación participante y la intervención directa en ciertas experiencias, así como tampoco las entrevistas realizadas a los protagonistas de los casos. En cambio, se decidió centrar el análisis y la reflexión en las fuentes documentales.
3 El primer ELAC se realizó en 2010 en Montevideo, Uruguay, y estuvo organizado por el grupo de Arquitectos de la Comunidad de ese país con motivo de su aniversario.
4 Creado mediante la Ordenanza de Consejo Académico 448-15, de la UNMdP.
5 Creado mediante la Ordenanza de Consejo Académico 0409-04, de la UNMdP.
6 Creado mediante la Ordenanza de Consejo Académico 4389-02, de la UNMdP.
7 Creado mediante la Ordenanza de Consejo Académico 992-14, de la UNMdP.
8 Creado mediante la Ordenanza de Consejo Académico 754-20, de la UNMdP.
9 La violencia paraestatal afectó al espacio universitario antes que la represión estatal desplegada a partir del último golpe de Estado. En Mar del Plata, por ejemplo, una estudiante de arquitectura, Silvia Filler, fue asesinada en una asamblea en 1971 por la Concentración Nacional Universitaria (CNU).
10 En 2016, en Córdoba, se realizó el I Encuentro Internacional “La Formación Universitaria y la dimensión social del Profesional”, a 45 años del Taller Total. En 2017, se celebró allí mismo el segundo. Los dos que siguieron se impulsaron en San Pablo (Brasil), por la profesora Sylvia Dobry (exalumna del Taller Total), y en 2020 se llevó a cabo un quinto y último de manera virtual. Estos encuentros fueron producto de un grupo de exalumnos/as y docentes del Taller Total que comenzaron a reunirse y organizar diversos eventos, publicaciones, entrevistas y redes de divulgación. Su objetivo es preservar la historia y memorias del Taller Total (Lamfri et al., 2021; Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño, 2021).
11 Las memorias del ENAC 2023 fueron publicadas por el Grupo de investigación Ciencia y Tecnología para el habitar popular (2024), y del encuentro de 2022, en Tucumán, resultó el libro con trabajos seleccionados, editado por Rolón et al. (2022).
12 Esto corresponde a los proyectos de investigación titulados “Ciencia y política en contextos emergentes: tecnología de gestión y políticas de integración socio-urbana en el Partido de General Pueyrredón (2020-2024)” y “Estrategias de gestión en territorios pobres: Aportes al problema de la urbanización popular”.