Buonuome, J. (2025). Un diario para el pueblo. Periodismo de izquierda en la historia argentina. Siglo XXI Editores, 254 pp.°

Patricia A. Orbe*

Recepción

24 de abril de 2026

Aceptación

28 de abril de 2026

En los últimos años, la agenda historiográfica de nuestro país se ha visto revitalizada por interesantes aportes que, desde la Historia Cultural y la Historia Social, se han realizado en relación a los estudios sobre la prensa de los siglos XIX y XX. En este sentido, hemos podido problematizar y complejizar el análisis de las condiciones de producción y circulación de los impresos periódicos, los factores políticos, socioeconómicos, tecnológicos y culturales que promovieron y condicionaron el ejercicio de la actividad periodística, y los intereses y estrategias que distinguieron a los editores responsables de las publicaciones en esta materia.

Desde esta óptica, merece destacarse la notable labor que están desarrollando los integrantes del Programa de Historia de la Prensa (PROHIP) de la Universidad Nacional de San Martín, centro prolífico en investigaciones y actividades de docencia ligadas a estas inquietudes en el marco de una etapa rica en transformaciones dentro del mundo de la prensa, que podría recortarse desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX. En este contexto y producto de sus investigaciones doctorales, Juan Buonuome ha publicado Un diario para el pueblo…, obra que aborda de modo sistemático y minucioso el itinerario del periódico socialista argentino La Vanguardia, el mayor periódico de izquierda de América Latina en ese período.

El autor pone en diálogo la trayectoria de la hoja socialista fundada en 1894 con las derivas partidarias, ante las transformaciones obradas en la política y la sociedad argentina entre la década de 1890 y el advenimiento del peronismo, atendiendo especialmente a las alternativas que plantearon a sus dirigentes la emergencia y consolidación de la cultura comercial de masas y su correlativa industria periodística.

La obra reconstruye la experiencia del periódico en el marco de la modernización periodística que se desplegó en dicha época, y se centra en las posiciones que adoptó La Vanguardia frente a las nuevas lógicas de funcionamiento de su espacio social y en los vínculos que construyó con sus principales actores: los periódicos, los periodistas y los lectores. A lo largo de sus páginas, podemos apreciar que la integración progresiva de los socialistas al sistema político argentino fue acompañada por un ambicioso proceso de modernización y profesionalización de La Vanguardia, durante el cual la publicación pretendió competir con otros periódicos de éxito masivo por la representación de un amplio y heterogéneo público lector, más allá del espacio partidario.

El volumen se estructura sobre cinco capítulos. Sin embargo, es posible distinguir tres etapas que ordenan el análisis. Los dos primeros capítulos se enfocan en el cambio de siglo, durante el cual el semanario socialista comenzó a adoptar rasgos y prácticas modernizadoras en la actividad periodística. Los dos apartados siguientes desarrollan los cambios que atravesó entre 1905 —cuando dejó de ser semanario para empezar a editarse como diario— hasta fines de los años veinte, ligados a los desafíos que afrontó en el marco de la democratización política y el éxito de otros diarios populares, como Crítica. Por su parte, el último capítulo se centra en las dificultades que enfrentó en la década de 1930, durante la cual su discurso editorial se abocó a la defensa de las libertades políticas y las garantías constitucionales, en un escenario de creciente autoritarismo.

Ahora bien, atendiendo a una lectura más minuciosa, merece que nos detengamos en los principales tópicos que distinguen las cinco secciones mencionadas anteriormente. Bajo el título “Militancia impresa”, en el primer capítulo Buonuome recupera los momentos de la fundación de La Vanguardia como un hito en la historia de la izquierda argentina, así como sus esfuerzos por conquistar lectores, incorporando modalidades y dispositivos informativos, publicitarios y recreativos en pos de trascender el rol doctrinario y las estrechas fronteras de los círculos partidarios.

En ese contexto de fines del siglo XIX, durante el cual el mundo periodístico porteño se vio transformado por los efectos del crecimiento demográfico, la acelerada alfabetización, el aumento del bienestar y el ingreso popular, el impreso socialista se posicionó “Contra la prensa burguesa”, como podemos apreciar en el capítulo dos. En esta competencia por la preferencia del público, La Vanguardia cuestionó desde sus columnas el “mercantilismo periodístico” de diarios como La Prensa, La Nación y El Diario —todos ellos exitosos en su llegada a los sectores populares— por considerarlos empresas capitalistas que apoyaban cualquier causa con el propósito de incrementar su tirada y sus ingresos publicitarios. Sostenía que estos medios gráficos, disfrazados de portavoces de las demandas del pueblo, no se abstenían de explotar a sus propios trabajadores. Desde esta perspectiva, la publicación socialista expuso su escepticismo sobre el rumbo de la democratización de la lectura y la formación de una conciencia política consecuente en los nuevos lectores, atribuyendo parte de la responsabilidad a la “prensa burguesa” por c juzgarla funcional a los intereses de las clases dominantes, en cuyo beneficio promovía la “inconciencia popular”.

El tercer capítulo —denominado “Un diario para el pueblo”— expone exhaustivamente el abanico de iniciativas e inversiones que dotaron a La Vanguardia de un perfil de periódico moderno y más competitivo. Entre ellas, se destacan el cambio en su periodicidad, el contrato con la agencia Havas para la provisión de noticias internacionales, la diversificación temática de sus columnas, a cargo de cronistas especializados, dedicadas a la cobertura de la actualidad relativa a la política nacional, al crimen y al ocio, como en el caso del fútbol, el teatro y el cine. Asimismo, en esta etapa se registró un considerable aumento de la superficie publicitaria y un perfil más heterogéneo en sus auspiciantes, circunstancia que da cuenta de su nuevo vínculo con la pujante industria publicitaria. Estos cambios impactaron positivamente sobre su tirada, que se incrementó en forma exponencial, pero también trajeron aparejados debates y críticas desde el interior del partido, a partir de las tensiones laborales provocadas por el crecimiento y la profesionalización de su staff , y las discusiones sobre el estatus legal de la firma y el rol del diario como órgano socialista o medio comercial/profesional.

Uno de los grandes retos que enfrentó el diario socialista fue el surgimiento de Crítica, fundado en 1913 por Natalio Botana, como la expresión más exitosa de la prensa popular. De ello se ocupa el capítulo cuarto, titulado “La Vanguardia y las voces populares de la prensa”. Como sostiene el autor,

los intentos del Partido Socialista por apropiarse de las banderas de la democracia y la defensa de los intereses de las mayorías, se expresaron en la competencia con la UCR en los comicios, pero también en los combates periodísticos con la prensa popular (p. 170).

Esta “guerra” que los socialistas entablaron con el diario de Botana expresa la existencia de una competencia por la representación de lo popular entre ambos impresos, y deja en evidencia el discurso moralista y elitista que desplegó La Vanguardia frente al ascenso de Crítica y su mirada pesimista ante el protagonismo periodístico que tuvo la expansión del crimen, la violencia callejera, la corrupción policial y el auge del juego.

El último capítulo nos introduce en los años treinta, bajo el título “La prensa como símbolo y práctica de la libertad”. El apartado se inicia en 1927, año significativo para el diario socialista debido a la inauguración de la Casa del Pueblo de Buenos Aires, edificio que albergó en dos de sus cuatro pisos a sus talleres gráficos y su redacción. No obstante este avance producto de su proceso de modernización, en los años subsiguientes podemos apreciar un cambio de rumbo en el itinerario de La Vanguardia, que se tradujo en la pérdida de rango editorial de la actualidad policial y deportiva, así como en el deterioro de su atractivo visual. Su discurso fue reorientándose en pos de la interpelación hacia los lectores militantes, por lo que su circulación fue mermando en volumen y recayó fundamentalmente en sus suscriptores.

Buonuome atribuye mayormente este abandono del impulso modernizador a las nuevas condiciones institucionales y políticas que atravesaron la década. El fraude electoral, la violencia política, el autoritarismo, la censura, el recurso prolongado al estado de sitio y los intentos de regulación de la práctica periodística llevaron al diario socialista a poner el énfasis de sus intervenciones públicas sobre la cuestión de la libertad de prensa y el rol del periodismo en dichas circunstancias. Frente a este diagnóstico, según el cual el peligro mayor ya no venía del mercado periodístico, sino del Estado, la dirección editorial abandonó las disputas con sus pares y expresó su voluntad para tejer alianzas, incluso con la “prensa burguesa”, frente al control y persecución oficial. La clausura padecida en julio de 1931 y la detención de algunos de sus editores, sumadas al decrecimiento de su tirada y su déficit financiero, pusieron en peligro la continuidad del periódico y, hacia 1938, la cuestión despertó polémicas en el seno del partido. Un último esfuerzo en este sentido dio lugar a la cesión de la gestión comercial del diario a la Sociedad Ediciones Populares Argentina SRL, que generó una nueva estructura de negocios para alentar su competitividad, bajo la dirección de Mario Bravo en 1939. Se retomaron las viejas iniciativas que habían dinamizado la publicación en los años 20 y en seis meses se logró triplicar la tirada, que llegó a los 150.000 ejemplares diarios. Sin embargo, este esfuerzo resultó efímero dada la crisis interna que enfrentaba el partido, el creciente autoritarismo estatal y las restricciones a los insumos gráficos impuestos por el contexto bélico internacional, factores que incidieron categóricamente en la declinación del protagonismo que pretendió tener la hoja socialista en la discusión pública de la época.

En sus consideraciones finales, el autor realiza un recorrido por las vicisitudes de La Vanguardia en los años cuarenta, en tiempos de crisis de la Argentina liberal y del ocaso definitivo del periódico socialista. Objeto de amenazas, reiteradas clausuras, secuestros de sus ediciones, prohibiciones de su circulación postal, La Vanguardia atravesó la dictadura instalada en 1943 y la irrupción del peronismo convertida en una de las voces opositoras más férreas del arco profesional y político. Estas adversidades y la falta de representación parlamentaria del socialismo desde 1946 desalentaron su práctica periodística, lo que llevó a que retomara la periodicidad semanal de sus orígenes. Sin embargo, a pesar de la pérdida de su relevancia como actor político, reducida su voz a un rol prácticamente testimonial, su discurso antifascista aportó coordenadas clave en la construcción de la cultura política antiperonista a partir de la homologación de las prácticas y los referentes de los regímenes derrotados por los Aliados en Europa con los del emergente peronismo.

En síntesis, Un diario para el pueblo… realiza un valioso aporte a los estudios histórico-sociales al tomar como objeto de investigación al medio gráfico más importante de la prensa socialista a escala nacional y latinoamericana, que no había recibido hasta el momento la suficiente atención historiográfica que su relevancia ameritaba. A lo largo del libro, podemos apreciar el lugar destacado que ocupó La Vanguardia en las iniciativas que tuvo el socialismo argentino en la inmensa tarea que emprendió con el fin de integrar políticamente a las masas populares. El periódico se convirtió en un instrumento al servicio de la organización y concientización política de los grupos subalternos, y se propuso hacer llegar su mensaje más allá de los espacios partidarios. Asimismo, esta investigación contribuye al acervo de conocimiento sobre los procesos de democratización política, ampliación de la esfera pública y surgimiento de la cultura de masas en la Argentina entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Sus líneas interpretativas son ricas en matices y sugerentes para alentar otras investigaciones afines en tanto iluminan y revisitan la problemática del rol de los medios de comunicación en la convivencia política republicana y el funcionamiento del periodismo en clave de la tensión entre el modelo de la “prensa política” y la “prensa comercial” característica del siglo XX.

© 2026 por los autores; licencia otorgada a la revista Cuadernos del Sur Historia. Este artículo es de acceso abierto y distribuido bajo los términos y condiciones de una licencia Atribución-No Comercial-Compartir Igual 4.0 (CC BY-NC-SA 4.0) de Creative Commons. Para ver una copia de esta licencia, visite .

° https://doi.org/10.52292/csh5520266075

* Centro de Estudios Regionales “Prof. Félix Weinberg”, Instituto de Humanidades, Departamento de Humanidades, Universidad Nacional del Sur - Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-7003-026X. Correo electrónico: patriciaorbe@gmail.com.

233-237

Re