Bohoslavsky, E. y Morresi, S. (2025). Historia de las derechas en Argentina. De fines del siglo XIX a Milei. Fondo de Cultura Económica, 310 pp.°
Juan Luis Besoky*
Recepción
30 de abril de 2026
Aceptación
15 de mayo de 2026
El presente libro de Ernesto Bohoslavsky y Sergio Morresi constituye una contribución de primera magnitud al campo de los estudios sobre las derechas en Argentina1. Publicado en 2025 por el Fondo de Cultura Económica, aparece en un momento de particular urgencia intelectual: la llegada al poder de Javier Milei y La Libertad Avanza (LLA) en 2023 puso en primer plano la necesidad de historizar las tradiciones de derecha en el país, demasiado tiempo relegadas en las agendas académicas. Si bien es cierto que en los últimos años han proliferado los trabajos, artículos y análisis sobre las mismas, este libro tiene dos particularidades. Por un lado, sus autores han venido investigando e insistiendo en la relevancia de la derecha política desde hace al menos dos décadas, cuando el tema aún no estaba de moda y los partidos o dirigentes que así se identificaban prácticamente no existían. Por otro lado, a diferencia de las publicaciones recientes que suelen compilar varios autores y trabajos sobre variadas agrupaciones o tradiciones políticas, este libro es una gran síntesis que recorre casi un siglo y medio de historia política argentina, desde el orden conservador de 1880 hasta los primeros años del gobierno libertario.
Los autores parten de una constatación que funciona como motor del libro: las ciencias sociales y las humanidades argentinas prestaron históricamente más atención a las tradiciones de izquierda que a las de derecha, bajo el supuesto de que estas últimas conforman un bloque homogéneo, apenas un instrumento de las clases dominantes. Contra esa lectura reduccionista, Bohoslavsky y Morresi proponen un enfoque sociohistórico que atiende a la pluralidad interna del campo derechista, a sus tensiones, alianzas y transformaciones en el tiempo. Para definir qué es la derecha, los autores adoptan una caracterización operativa tomada de Norberto Bobbio, quien la entiende como el espacio de quienes rechazan o desconfían de la igualdad y la inclusión sociales, económicas o políticas. Esta definición mínima les permite navegar el debate sin pretender cerrarlo, y tiene la virtud de ser lo suficientemente abarcadora como para dar cuenta de la heterogeneidad del campo estudiado.
El principal aporte teórico del libro reside en la distinción de dos “familias de derecha” que estructuran el análisis: la liberal-conservadora y la nacionalista-reaccionaria. La primera agrupa a actores con simpatías por la organización liberal de la economía y republicana de la política, aunque con reservas ante lo que denominan “abusos de la democracia”. La segunda reúne a quienes, al mismo tiempo antiliberales y antiizquierdistas, impulsan un orden jerárquico de raigambre cristiano-hispanista, con las Fuerzas Armadas y la Iglesia católica como custodios permanentes del ser nacional. Estas familias no son compartimentos estancos. Los autores las conciben como configuraciones dentro de un campo atravesado por relaciones de cooperación y conflicto. A lo largo de los capítulos, se comprueba que la distinción analítica coexiste con cruces, tensiones y solapamientos concretos: el antiperonismo de posguerra, el anticomunismo de la Guerra Fría o el neoliberalismo de los años noventa funcionaron como aglutinantes coyunturales que acercaron a actores de ambas familias sin borrar sus diferencias estructurales.
La obra se organiza en seis capítulos que siguen un criterio cronológico y abarcan desde el orden conservador de fines del siglo XIX hasta 2023, más una introducción y unas conclusiones de notable densidad analítica. Cada capítulo se cierra con una acertada coda biográfica dedicada a ejemplificar la complejidad del período a través de alguna figura representativa.
El primer capítulo (1880-1930) muestra un liberalismo que no fue tan liberal: la elite dirigente adoptó el lenguaje del liberalismo económico, pero postergó sistemáticamente la democratización política, revelando la tensión estructural entre modernización y control oligárquico que atravesará todo el libro. A medida que la Unión Cívica Radical llegaba al poder, el conservadurismo fue erosionando sus vínculos con el liberalismo, mientras el reformismo acentuaba su carácter reactivo y excluyente. Al mismo tiempo, el catolicismo y el nacionalismo reaccionario profundizaron sus críticas a la tradición liberal. La periodización del capítulo finaliza en 1930 y no en 1916 porque, como destacan los autores, las fuerzas conservadoras seguían confiando en la posibilidad de corregir o reencauzar la voluntad popular, esperanza que se agotó definitivamente con el segundo triunfo de Yrigoyen en 1928 y la apuesta por el golpe de Estado.
Los capítulos II y III recorren el período 1930-1943, marcado por el fraude y el anticomunismo, y luego el tramo 1943-1966, signado por el impacto disruptivo del peronismo sobre el campo derechista. Para el primer período, se destaca el claro retroceso del liberalismo frente a los avances del mundo católico y del nacionalismo reaccionario. Sin embargo, a este último le faltó, en contraste con las experiencias europeas, una conexión sólida con las elites económicas del sector agropecuario, comercial e industrial, más cómodas con la Concordancia. El golpe de 1943 ilusionó a los nacionalistas, que pasaron a ocupar cargos importantes en el nuevo gobierno, mientras el rol de los liberal-conservadores fue reduciéndose hasta el ostracismo: primero relegados en la Unión Democrática y, tras el triunfo de Perón, señalados como protagonistas de la “Década Infame”. Los nacionalistas, por su parte, no tuvieron una postura unánime frente al peronismo: hubo casos de incorporación al naciente movimiento y otros de abierto rechazo. Los autores muestran con precisión cómo el peronismo obligó a ambas familias a redefinir sus identidades, convirtiendo al antiperonismo en el principal aglutinante del campo, aunque sin suturar sus divisiones internas. Luego de 1959, el problema del comunismo, que no había ocupado un lugar destacado en 1955, se convirtió en una cuestión central. Así, para las derechas liberal-conservadoras, el peronismo fue pensado como parte de los totalitarismos, pero también como una vía de entrada al comunismo.
Los capítulos IV y V abordan respectivamente los intentos de refundación política y económica bajo la Guerra Fría (1966-1983) y el ciclo democrático-neoliberal (1983-2001). En relación con las dictaduras de 1966-1973 y 1976-1983, los autores destacan que si bien hubo representantes de las dos familias en los elencos gobernantes, no se trató de una convergencia, sino de una yuxtaposición, marcada por una parcelación de los gabinetes que preservó diferencias significativas. El fracaso del último régimen militar impidió la formación de un partido de derecha que asumiera su legado, como sí ocurrió en otros países. Un aspecto destacable del libro es la atención que presta a las dimensiones provinciales y locales de las derechas, recuperando una verdadera mirada federalista y no porteñocéntrica. En este sentido, el rol de gobernadores e intendentes durante y después de la última dictadura aparece como un elemento clave para entender cómo el régimen militar articuló consensos y redes de poder que trascendieron la cúpula nacional. Las derechas provinciales no fueron meros apéndices del poder central, sino actores con lógicas propias, que negociaron, resistieron o se apropiaron del proyecto refundacional según sus intereses y tradiciones locales, y que incluso, en algunos casos, lograron sobrevivir a la dictadura.
El retorno de la democracia y la crisis económica del gobierno radical en un contexto hiperinflacionario terminó impulsando el añorado “partido del mercado”: más que una organización partidaria, se trató de un estado de ánimo social basado en la penetración de las ideas liberal-conservadoras en la “gente común”. El menemismo, con su “economía popular del mercado”, no solo transformó al liberalismo conservador, sino que operó una mutación profunda en el propio peronismo, ilustrando la capacidad de las familias derechistas para adaptarse a contextos impensados y capitalizar las crisis ajenas.
El sexto y último capítulo (2001-2023) es quizás el más relevante para el lector del presente. Bohoslavsky y Morresi trazan una genealogía rigurosa del ascenso de las nuevas derechas argentinas: desde la recomposición post-2001, en la cual no dejan de advertir la pervivencia de partidos de derecha con un caudal no despreciable de votos, pasando por la irrupción de Propuesta Republicana (PRO) y su experiencia de gobierno (2015-2019), hasta el triunfo electoral de La Libertad Avanza en 2023. Los autores señalan que, por primera vez desde la efímera Coalición de Derechas de 1928, hay en Argentina actores políticos relevantes que se reivindican orgullosamente como “de derecha”. Más importante aún, en LLA conviven elementos que por décadas se consideraron incompatibles: libre mercado radical y antiglobalismo, nacionalismo conservador y alineamiento con Estados Unidos e Israel, antiestatismo y exaltación de las Fuerzas Armadas. Esta convergencia —o fusionismo— entre las dos familias históricas antes rivales es el fenómeno central que el libro ayuda a entender como desenlace posible, aunque no inevitable, de una larga historia de tensiones y acercamientos.
La pregunta que los propios autores dejan abierta es sugestiva: ¿estamos ante el fin de la división en dos familias, o solo ante un idilio pasajero favorecido por la pandemia y la polarización kirchnerista? La historia que el libro reconstruye sugiere que las convergencias coyunturales entre liberales-conservadores y nacionalistas-reaccionarios han existido antes —en el antiyrigoyenismo, en el antiperonismo, en el antikirchnerismo— sin suprimir definitivamente las diferencias. El lector queda, en consecuencia, advertido ante cualquier lectura que naturalice la unidad actual del campo derechista.
Entre las principales virtudes del libro destacan su voluntad de síntesis y su accesibilidad. Como advierten los propios autores, eligieron no profundizar en debates teóricos ni agotar la literatura secundaria, en aras de producir un texto de alcance amplio destinado a un público general. Esa decisión, completamente legítima dado el objetivo de la obra, abre naturalmente interrogantes para futuras investigaciones: algunas dimensiones —como los grupos nacionalistas, las mujeres en el campo derechista o las expresiones populares del conservadurismo— aparecen señaladas, pero no desarrolladas en profundidad. Del mismo modo, el énfasis en la relación de las derechas con la democracia y la competencia electoral, que es precisamente uno de los mayores aportes del libro, invita a seguir indagando en otras dimensiones que también estructuraron al campo derechista: los proyectos de orden social y moral, las prácticas culturales y religiosas, y las formas de sociabilidad no partidaria. Lejos de ser una limitación, esto habla de la fecundidad de la propuesta: la síntesis que ofrecen Bohoslavsky y Morresi provee un mapa de conjunto lo suficientemente amplio como para orientar futuras investigaciones.
En suma, Historia de las derechas en Argentina es un libro necesario. No solo porque llena una deuda de las ciencias sociales argentinas con el estudio sistemático y a largo plazo de las derechas, sino porque lo hace en el momento preciso en que ese estudio se vuelve urgente. Leído a la luz de la experiencia reciente de La Libertad Avanza, el libro no es un mero ejercicio de historia erudita: es una herramienta clave para pensar el presente.
© 2026 por los autores; licencia otorgada a la revista Cuadernos del Sur Historia. Este artículo es de acceso abierto y distribuido bajo los términos y condiciones de una licencia Atribución-No Comercial-Compartir Igual 4.0 (CC BY-NC-SA 4.0) de Creative Commons. Para ver una copia de esta licencia, visite .
1° https://doi.org/10.52292/csh5520266077
* Universidad Nacional de La Plata, Argentina. ORCID: https://orcid.org/0009-0002-2520-2728. Correo electrónico: juanelebe@gmail.com.
Ernesto Bohoslavsky es Doctor en Historia e investigador del CONICET en la Universidad Nacional de General Sarmiento. Sergio Morresi es Doctor en Ciencia Política e investigador del CONICET en la Universidad Nacional del Litoral.
245-249
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