Materialismo, heterología y sublevación: Bataille y Didi-Huberman

Natalia Lorio*

Cuadernos del Sur - Letras 52 (2022), 147-157, E-ISSN 2362-2970

Presentamos aquí algunos elementos sobre el bajo materialismo de Georges Bataille y su vínculo con la heterología desde la propuesta de un materialismo insumiso (que se despliega en una serie de textos publicados originalmente en la revista Documents). Con el interés de reconocer rastros de ese materialismo insumiso en Didi-Huberman, ampliaremos este desarrollo a partir de la lectura que realiza el teórico de las imágenes sobre la heterología y el sentido de una gaya ciencia de lo visual en la propuesta de una antropología política de las imágenes. Así, los motivos de lo bajo y la heterología batailleana pueden ser entendidos como la piedra de toque de una teoría de la imagen didi-hubermaniana que se amplifica en una apuesta sobre la política de las imágenes.

La modulación del materialismo desde la perspectiva de lo bajo supone una posición singular, pues se trata ir más allá del idealismo (como primer gesto), pero también ir más allá de un materialismo teleológico y de un materialismo mecanicista. Este materialismo retoma más bien una serie de “guiños” o gestos de las vanguardias artísticas de principios de siglo XX y se sitúan en los cruces de disciplinas y prácticas (como la antropología y el psicoanálisis y la estética). En este sentido, el materialismo de lo bajo à la Bataille se puede “leer”, por un lado, como un pliegue de disciplinas que impugna los cierres del saber y, por el otro, como apertura hacia la sublevación de la imagen, desde una lectura de la heterología como vida otra (desde Didi-Huberman).

Documentar lo bajo

Para introducir en algunos de los elementos más importantes del materialismo que propone Georges Bataille y la modulación que encuentra en su perspectiva de lo bajo, es preciso contextualizar el momento en el que Bataille participa del medio filosófico, intelectual y artístico en torno a la publicación Documents. La revista Documents (1929-1930) reunió a hombres1 de las artes, de las ciencias humanas, de las letras, y surrealistas desencantados, marcando desde los inicios un nuevo modo de pensar la materialidad de la cultura y las imágenes (de ahí “Documentos” como la constancia en la historia del pensamiento que se hace escritura, de la imaginación que se hace imagen, de la visión que se hace fotografía, de la comunicación que produce arte). En oposición a cierto idealismo de lo onírico —encarnado en la revuelta surrealista liderada por Breton—, Documents pretendía poner en contacto la cultura con la materia baja, a sabiendas de que esta no se condice con ninguna idea, con ninguna forma ideal.

Figura 1. Portadas de la revista Documents

Fuente: Documents, 1929, vol. 1, en Hollier (1991a); Documents, 1930, vol. 2, en Hollier (1991b).

En una suerte de transgresiones y tensiones disciplinares, las intervenciones allí presentes dejan al descubierto la potencia de la insumisión de la materia: al lenguaje, a las formas restringidas y las valoraciones, al sentido. La pretensión de Documents (impulsada sobre todo por Bataille) de insistir sobre lo informe en el universo, enfatizar la perversión de las formas en las representaciones artísticas y recalcar lo inadmisible e inhumano en (y más allá de) lo humano encuentra múltiples vías de mostración. Entre ellas, la modulación batailleana estará marcada por el trasvasamiento de lo sensible y disciplinar por la escritura y la imagen. Desde la apuesta de esta perspectiva, la materia no puede reducirse a (o quedar presa de) la cárcel burocrática de la separación y jerarquización de saberes y ciencias.

En Documents se documentan los pliegues de sentidos que recubren la materia. Esto está presente en la revista como un ejercicio que expone la crueldad de las formas, que descompone la idealidad de lo humano, que tuerce lo ideal hacia lo informe desde una crueldad jocosa, como dirá Didi-Huberman (1995). Acaso por eso es que Bataille, Michel Leiris, Carl Einstein, Marcel Griaule (entre otros) emprenden en el marco de esta revista un Diccionario Crítico que brinda otros sentidos a las palabras, plegando otras significaciones. Tal diccionario aparece como un dispositivo central en esta publicación, que no es una clásica revista de Artes (o de Beaux-arts de esa época), sino que rompe esa “fórmula” de lo bello-Occidental-racional-ideal2.

La propuesta de un materialismo bajo confronta con el idealismo, con las realizaciones culturales o humanas acabadas y edificantes, mostrando que lo bajo está en los cimientos de la cultura y del sentido, constituyéndolos. Excavar en lo bajo y exponerlo es la apuesta que se hace patente en una serie de artículos y entradas del Diccionario crítico aparecidos en la revista Documents, donde lo bajo es entendido desde lo informe, desde la desproporción, desde lo sucio, lo inadmisible, etc. En Informe —una de las entradas de este Diccionario crítico— se lee:

Informe no es sólo un adjetivo con determinado sentido sino también un término que sirve para descalificar, exigiendo generalmente que cada cosa tenga su forma. Lo que designa carece de derecho propio en cualquier sentido y se deja aplastar en todas partes como una araña o una lombriz. haría falta, en efecto —para que los académicos estén contentos— que el universo cobre forma. La filosofía entera no tiene otro objeto: se trata de ponerle un traje a lo que existe, un traje matemático. En cambio, afirmar que el universo no se asemeja a nada y que sólo es informe significa que el universo es algo así como una araña o un escupitajo (Bataille, 2003: 55).

Parece decirnos este diccionario (¿ya escrito desde este materialismo bajo?) que el orden de nuestras representaciones se abre o estalla en una performática de la materia del lenguaje no humanista, más bien inhumana. La fascinación por lo inaceptable aparece como el dispositivo que se opone al idealismo (o a los idealismos hegeliano, surrealista, moralista, estético). Lo inaceptable que lo ruin, lo pútrido y lo bajo encarnan está convocado en esa investigación material de la cultura en pos de abolir una imagen aceptable, acordada, higiénica de la misma. Al recorrer la revista puede notarse el tipo de vínculo entre el bajo materialismo y los arcontes gnósticos (donde el texto sobre el bajo materialismo de la gnosis está acompañado por las fotografías de las medallas) y, al mismo tiempo, su relación con lo humano llevado hacia su límite (es decir, con lo humano que no puede escindirse de sus partes animales o bestiales). En esta inhumanidad material (como un humanismo informe o desviado) es, por otro lado, la prefiguración de una apuesta por un tipo de “vida otra”, una vida soberana, o hetero-lógica.

Figura 2. Arcontes con cabeza de pato

Fuente: Documents, 1930, vol. 2, nº 1, p. 1, en Hollier (1991b).

Desde aquí cabe la pregunta por el tipo de idea de lo humano que puede surgir de esta perspectiva, donde la materia aparece atravesada por un principio informe, no ideal. Y amplificando las resonancias de esa idea de lo humano, es posible preguntarse ¿qué política de los cuerpos? ¿Qué modos de habitar el espacio o los espacios se desplegarían de allí? Incluso, es dable imaginar que se provocarían otros lazos y relaciones con los seres y la vida, que reconfigurarían también temas de las disciplinas y los saberes sobre lo humano y su materialidad.

En muchas de las imágenes de Documents se dejan ver aspectos de esta perspectiva otra, que no solo supone una crítica del sentido (y la sensibilidad) que le eran contemporáneas, sino que también muestran vestigios de otras miradas sobre la materia. Claro que la imagen —atravesada por este materialismo informe— no se somete al régimen de la escritura, sino que se incrusta en el régimen del logos para dar a ver los pliegues de lo bajo con la cultura y lo humano. La imagen no ilustra, la imagen es pliegue de la crítica y apertura a la desproporción. La imagen permite mejor documentar la materia.

Figura 3. Desviaciones de la naturaleza

Fuente: Documents, 1930, vol. 2, nº 2, p. 79, en Hollier (1991b).

Un materialismo (de lo) bajo

En los textos batailleanos aparecidos en Documents se hacen patentes elementos de este materialismo (de lo) bajo que, sin embargo, tienen la impronta de un materialismo sublevado: detentando frente a la idea y el ideal (que puede ser ampliado hacia lo elevado, la trascendencia, lo divino, lo puro y edificante) la insumisión material. La materia está atravesada por lo inaceptable, lo ruin, lo pútrido y lo bajo —desde allí son convocados Sade y Freud—, y esos rasgos no son subsumibles a ningún traje matemático, a ninguna levita de la proporción.

En la entrada “Materialismo” (Documents nº ٣ de junio de ١٩٢٩) Bataille denuncia que persiste en la mayor parte de los materialistas la voluntad de “describir un orden de cosas caracterizado por relaciones jerárquicas” desde una matriz idealista, situando “a la materia muerta en la cima de una jerarquía convencional de hechos de diverso orden, sin percibir que de esa manera cedían a la obsesión por la forma ideal de la materia, de una forma que se acercaría más que ninguna otra a lo que la materia debiera ser (Bataille, 2003: 29). Pero ¿cómo es posible que la materia muerta sea puesta aquí en relación con “la idea y Dios”? El sentido que tiene el módulo “materia muerta” es señalar y denunciar este modo estático y dócil con el que se busca “vestir” a la materia, pretendiendo que responda a una (misma) forma, a la pregunta por la esencia de las cosas, volviéndose dócil a la “pregunta que sólo puede ser formulada por filósofos idealistas, a la pregunta de la esencia de las cosas, exactamente de la idea por la cual las cosas se tornan inteligibles” (Bataille, 2003: 29).

Frente al “deber ser de toda apariencia” o la “conformidad de la materia muerta a la idea” donde es el “elemento estable” el que permite a las ciencias lograr la inteligibilidad de las cosas, Bataille insiste por un materialismo de lo informe e inestable, que no esté emparentado con ningún “idealismo decadente”. Un materialismo basado no en los fenómenos físicos, sino en los hechos psicológicos o sociales, es decir, un materialismo de los fenómenos en bruto.

A Freud recurrirá Bataille para su concepción de materia, señalando que los fenómenos brutos (allende cualquier idealismo) están atravesados por la interpretación directa de los fenómenos brutos (Bataille, 2003: 30) y no por una interpretación atravesada por el sistema ontoteológico, moral y religioso. Se trata, entonces, de un materialismo que no deja de lado la pulsión, que no viste la materia, pero que sí reconoce sus investiduras. Un materialismo informe, de lo bajo, pulsional, es decir, un materialismo que —en vez de ser mecanicista y racional— hace lugar al inconsciente.

En “El bajo materialismo y la gnosis” (de 1930), Bataille deja por sentado la arbitrariedad que sostiene el andamiaje de la metafísica: la idea (o el Dios abstracto) constituye el estigma metafísico que asume como consecuencia una abstracción sistemática, allí la materia aparece relegada y cuando aparece es cubierta por el manto de lo abstracto. Desencadenar la materia de su yugo (idealista) y proponer un materialismo de lo bajo es, en definitiva, hacer lugar a lo que hay de monstruoso y obsceno en la materia. Recuperar a los gnósticos y ese carácter maldito constitutivo de la materia es el modo de afirmar las fuerzas y agitaciones que están obrando en la misma. La materia aparece como un principio activo y autónomo, ligado a la pulsión, el deseo y lo que en estos años Bataille llama el mal (en tanto el mal es irreductible al principio moral).

Las representaciones de seres demoníacos y poderosos con cabeza animal, los arcontes gnósticos con cabeza de pato, figuras de un dios con cabeza de asno solar que Bataille vio en el gabinete de medallas de la Biblioteca Nacional de París se presentan como síntesis y síntoma de una figuración del mundo en la que la materia misma se muestra en su contradicción, en sus aspectos bajos y en su autoridad. Caracteres de este materialismo que se pliega al leit motiv del gnosticismo que concibe la materia como un principio activo eterno y autónomo del mal: lo bajo, el mal, lo informe e irreductible de la materia se liga a sus propias obsesiones sobre lo maldito como principio creativo no subordinado a lo moral.

Las figuras de los arcontes con cabezas animales —retomadas en Lo abierto por Giorgio Agamben para dar cuenta de la máquina antropológica o la producción de lo humano (Bataille, 2003: 15 y ss.)—, representación de la autoridad a cuyo mando o dominio está el mundo, conllevan la concepción de una “rebelión desvergonzada contra el idealismo del poder” y contra Dios: “Por haber recurrido a los arcontes, no pareciera que hayamos deseado profundamente la sumisión de las cosas que pertenecen a una autoridad superior, a una autoridad que los arcontes confunden con una bestialidad eterna” (Bataille, 2003: 62).

Aquello que reconoce en la gnosis como inversión (¿perversión?) del idealismo, lleva a Bataille a posicionarse en una suerte de materialismo recalcitrante a la ontología que haría de la materia la cosa en sí. La materia no es ella misma una autoridad, pues en ese caso tomaría el valor superior que se quiere evitar y se sustituiría una servidumbre por otra.

La sublevación como vida otra

En ese materialismo insumiso batailleano no solo es reconocible el pliegue entre materia, imagen y lenguaje que señala Didi-Huberman en su obra dedicada a Bataille (1995), sino también una marca interesante de insumisión que Didi-Huberman hace suyas, recupera y despliega en su obra y sus intervenciones más recientes (como por ejemplo en la curaduría de la muestra Sublevaciones).

Al documentar el materialismo bajo, Bataille se había instalado en franca oposición al idealismo de lo onírico que André Breton encarnó y que lideró desde surrealismo como modo de revuelta de lo sensible, y que a Bataille le parecía insuficiente, justamente por no poder mirar lo bajo. La revuelta convulsiva desde el materialismo bajo insiste, en todo caso, por señalar la corrupción de las formas, iniciando un dispositivo donde se expone el exceso (de la desemejanza) de las formas, de descomposición de la idealidad de lo humano y que tuerce lo ideal hacia lo informe. Ese es el motivo que radicaliza Didi-Huberman al insistir en formas otras de reparto de lo sensible (2018a) y al proponer una antropología política de las imágenes que atiendan a lo sintomal (al contagio de lo pulsional, al contacto de la imagen abierta y expuesta en su violencia y verdad), donde las imágenes son el espacio/tiempo en que se pliega y despliega un tipo de experiencia sensible (que debería entenderse como experiencia de sentido y experiencia de sensibilidad).

Didi-Huberman acentúa lo que el dispositivo de lo informe lleva a cabo respecto del modo de acercarnos a las imágenes: al perturbar la semejanza precipita otro reparto de lo sensible y otra experiencia política de las imágenes. La perturbación que se da en el pliegue, el montaje y la des-composición de la forma, no solo altera el régimen del saber de las imágenes, sino que también, por un lado, altera el modo de “saber verlas”, incluso el modo de “vérselas con las imágenes” y, por el otro, propone un desbaratamiento de la pasividad ante ellas, invocando lo que nos levanta de este “materialismo antropológico” (Didi-Huberman, 2020: 48).

La desjerarquización en el uso de las imágenes —que hemos considerado a partir del modo como aparecen en Documents, pero que podría ampliarse a otros registros— supone la descomposición de un régimen de sentido y la posibilidad de hacer con las imágenes otro uso, un uso heterológico de las imágenes ya que, por un lado, las imágenes no ilustran los textos, sino que se incrustan en ellos, se pliegan e inventan otro régimen de lo textual y, por el otro, su uso está atravesado por su heterogeneidad material (su valor de uso es heterogéneo, o sea, carga con una fuerza o energía sagrada, es decir, que marca la distancia y a la vez pone en contacto).

Es en este marco materialista y heterológico que esta experiencia estética cobra su valor político y su autoridad, muestra la experiencia de puesta en juego, de desgarramiento, no la contemplación de una plenitud, sino los movimientos de contagio, la comunicación de gestos, los deslizamientos y rupturas. Didi-Huberman retoma de Bataille esa perspectiva en la que el régimen de la semejanza (interminable recomienzo, que reenvía siempre a otra semejanza, que hace serie, etc.) está atravesado por lo informe, que aquí queremos leer en torno a un materialismo insumiso. Se trata de un reenvío de una semejanza a otra semejanza tramada desde lo informe, desde la materialidad de sus transformaciones y su des-composición. Este materialismo no idealiza la materia, la toma en sus transformaciones y allí la imagen tiene un lugar central.

Recordemos que para Didi-Huberman la imagen no es un “simple soporte de iconografía”, antes bien, es el espacio de perturbación de lo visual y lo temporal, el instante en el que se reúnen y chocan el objeto visual con un sujeto de la mirada (Bataille), que se reúnen y chocan un trozo del pasado y el ahora (Benjamin, Warburg). Los elementos de choque, de lo inasimilable, de lo bajo (que también está) en la insumisión contagiosa son alguno de los motivos de Bataille que retoma Didi-Huberman para su más reciente propuesta de una antropología política de las imágenes en torno a la insumisión, a la sublevación, a la resistencia.

La sublevación, afirma Didi-Huberman (2018b), implica el gesto de deseo y también implica el gesto del rechazo, revuelta que puede iniciarse humildemente, pero que continúa, se propaga, cobra diversos cursos. Y es interesante poder distinguir que desde esta matriz de un materialismo heterológico (que no lleva a la síntesis sino al síntoma), la transgresión no es entendida como superación, sino como motivo y movimiento a la sublevación. La desobediencia, la apertura a lo que en nosotros se subleva, sin embargo, no remite a una excepcionalidad ni a una jerarquía que sustenta esa excepcionalidad. Tampoco hay una linealidad de la vida insumisa: más bien supone una suerte de operación artística (en tanto contagio, piedra de toque de lo que se despierta, de lo que despabila la memoria, la memoria que arde) dispuesta a encender una experiencia de comunicación. Como subraya Didi-Huberman: “No habrá sublevación digna de este nombre sin asumir cierta experiencia interior radical” (2018b: 88).

En Desear desobedecer. Lo que nos levanta, 1 Didi-Huberman pone en juego esa matriz batailleana donde lo bajo es motivo de levantamiento, y es posible entonces tramar desde allí una tradición de este materialismo antropológico que, si en Bataille toma como eje lo bajo, puede cobrar otros modos desde donde catapultar críticas al humanismo, críticas al saber, críticas al valor de las imágenes, y posibles levantamientos e interpretaciones de un deseo de otra vida. En esa trama de tradiciones, Bataille, Benjamin, Warburg, pero también Butler, Foucault, Goya, entre tantos otros nombres, son plegados en torno a un materialismo heterodoxo.

En la vía de este materialismo de matriz heterológica, Didi-Huberman promueve un atlas de gestos, politicidades, deseos, energías y cuerpos sublevados que por la imagen pueden hilar una tradición subterránea (no solo en el sentido teórico o estético, sino sobre todo de gestos políticos). La imagen tomada en tanto potencia crítica puede, paradójicamente, en su fragilidad mostrar los movimientos desde lo bajo hacia el levantamiento —sin que el levantamiento suponga lo elevado, sino más bien la revuelta, el rechazo, la insumisión—. Las imágenes “[n]o se limitan a ilustrar ideas: las producen o producen sobre ellas efectos de crítica. Levantan ideas y pueden también levantarnos, transformarnos, a nosotros mismos” (Didi-Huberman, 2020: 242).

En este materialismo (que por momentos se revela poético, por momentos dialéctico, por momentos sintomal), la heterología, la heterocronía y lo heterogéneo del valor establecen tensiones con el humanismo en la propuesta de una vida otra / vida artista y en el deseo de soberanía, de desobediencia y resistencia (Didi-Huberman, 2020: 405). En la materia se cava, se hurga, la materia es testigo, la materia se subleva, la materia es irreductible a la idea, y la imagen puede recoger esas marcas, esos gestos, esos movimientos conjugando la estética, la política y la lectura materialista de la historia.

Atender a lo bajo desde Bataille y la modulación didi-hubermaniana sobre lo que levanta y subleva resitúa la mirada en la materia, en pos de reconocer tensiones, recoger gestos, agudizar sus efectos críticos. El uso heterológico de las imágenes es parte de la gesta de reenvío del materialismo antropológico batailleano a la antropología política de las imágenes de Didi-Huberman. Desmontar el humanismo idealizado de los materialismos, por un lado, y por otro, reconocer en lo bajo una vía para la insubordinación son motivos que se conjugan en la crítica, que amplifican sus marcos y márgenes. Desde esta amplificación lo bajo no es sinónimo de aplastamiento, más bien puede ser inicio de un gesto, de un movimiento que se opone a lo que aplasta. Puede ser incluso el inicio de un deseo, incluso de una vida otra.

Bibliografía referida

Bataille, Georges (2003), La conjuración sagrada, Buenos Aires, Adriana Hidalgo.

Didi-Huberman, Georges (1995), La ressemblance informe ou Le gai savoir visuel selon Georges Bataille, París, Macula.

----- (2018a), “El arte de la vida otra”, CHUY Revista de estudios literarios latinoamericanos, n° 5 pp. 4-22.

----- (2018b), “Por los deseos (fragmentos sobre lo que nos subleva)”, en Sublevaciones, México, Jeu de Paume-MUAC-UNAM.

----- (2020), Desear desobedecer. Lo que nos levanta, 1, Madrid, Abada Editores.

Hollier, Denis (1991a), Documents 1929, vol. 1, nº 1 a 7, París, Jean Michel Place.

----- (1991b), Documents 1930, vol. 2, nº 1 a 8, París, Jean Michel Place.


1 Georges Bataille, Michel Leiris, Carl Einstein, Georges Henri Riviere, Marcel Griaule, Marcel Mauss, Jacques Prevèrt, entre otros.

2 Para acceder a Documents y reconocer el tipo de juego entre escritura, imagen y provocación estética, referimos al archivo de la Biblioteca Nacional de Francia (BnF Gallica): vol. 1 1929: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k32951f?rk=42918;4, vol 2 1930: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k32952s?rk=21459;2.

CIFFyH – Universidad Nacional de Córdoba. Correo electrónico: natilorio@gmail.com.

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