Redes, salud y soberanía alimentaria: innovación campesina en los Valles Calchaquíes (Salta, Argentina)
Paula Lucía Olaizola*
Resumen
La región de los Valles Calchaquíes, más precisamente el departamento de Molinos (provincia de Salta), se caracteriza por una estructura agraria de tipo latifundista, determinada por la presencia de grandes fincas privadas donde habitan comunidades campesinas. En el contexto actual de Argentina, marcado por una retirada del Estado, se intensifican los procesos de vulnerabilidad social, afectando profundamente el tejido comunitario. No obstante, este artículo analiza cómo las comunidades organizadas han logrado impulsar estrategias de resistencia mediante la producción agroecológica y la defensa de la soberanía alimentaria.
Se presenta una experiencia de desarrollo que si bien fue iniciada en el 2002, analizaremos en esta comunicación las acciones que se dieron entre el año 2021 y 2024 las cuales condujeron a reforzar un Sistema de Innovación Territorial (SIT), enmarcado en la gestión integral de riesgos sanitarios desde el enfoque de Una Salud. La articulación entre actores técnicos, comunidades campesinas e instituciones estatales permitió construir redes socio-técnicas multiescalares, con impactos concretos en la producción agropecuaria, la sanidad animal y la comercialización alternativa.
La integración de saberes ancestrales con conocimientos técnicos facilitó la construcción de una red orientada a la producción sustentable, en un contexto de profunda crisis económica y alimentaria. Durante la pandemia por COVID-19, esta articulación se re significó desde el enfoque de Una Salud, guiando intervenciones sanitarias, la formación de promotores comunitarios, diagnósticos participativos de zoonosis y la elaboración de planes territoriales. La reflexión sobre estos mecanismos permite afirmar que, a partir de una experiencia territorial concreta, se configura un modelo de innovación territorial que, pese a su especificidad contextual, posee potencial extrapolable a otros territorios. Esta posibilidad no implica una pérdida de su carácter situado, sino que más bien confirma la capacidad de las experiencias locales de generar dispositivos flexibles, adaptables y profundamente enraizados. En este sentido, el sistema reivindica a la agricultura familiar como expresión de una racionalidad contra hegemónica frente a los procesos de agriculturización dominante en Argentina.
Palabras clave: Sistema de Innovación Territorial, Campesinado, Una Salud.
Réseaux, territoires et santé collective dans une perspective paysanne
Résumé
La région des Vallées Calchaquíes, et plus précisément le département de Molinos (province de Salta), présente une structure agraire de type latifundiaire, dominée par de grandes exploitations privées où résident des communautés paysannes. Dans le contexte actuel de l’Argentine, marqué par un retrait croissant de l’État, les processus de vulnérabilité sociale s’intensifient, affectant profondément le tissu communautaire. Toutefois, cet article examine comment ces communautés, par leur organisation collective, ont su développer des stratégies de résistance fondées sur la production agroécologique et la défense de la souveraineté alimentaire.
L’étude porte sur une expérience de développement amorcée en 2002, en s’attachant plus particulièrement aux actions menées entre 2021 et 2024, qui ont permis de consolider un Système d’Innovation Territoriale (SIT) inscrit dans une approche de gestion intégrée des risques sanitaires selon le cadre conceptuel Une seule santé. L’articulation entre acteurs techniques, institutions publiques et communautés paysannes a permis de constituer des réseaux socio-techniques multi- échelles, avec des effets tangibles sur la production agro-pastorale, la santé animale et les circuits de commercialisation alternatifs.
L’intégration des savoirs ancestraux et des connaissances techniques a favorisé l’émergence d’un réseau orienté vers une production durable, dans un contexte de crise économique et alimentaire profonde. Durant la pandémie de COVID-19, cette dynamique a été reconfigurée à partir de l’approche Une seule santé, orientant les interventions sanitaires, la formation de promoteurs communautaires, la réalisation de diagnostics participatifs en santé animale et l’élaboration de plans d’action territoriaux. L’analyse de cette expérience permet de proposer un modèle d’innovation territoriale ancré, mais dont certains dispositifs présentent un potentiel de transposition dans d’autres contextes. Cette transférabilité n’implique pas une déterritorialisation, mais souligne au contraire la capacité des expériences locales à produire des formes d’action souples, adaptables et profondément enracinées. Ce système valorise ainsi l’agriculture familiale comme expression d’une rationalité contre-hégémonique face aux processus d’agriculturalisation dominants en Argentine.
Mots-clés: Système d’innovation Territoriale, Paysannerie, Une Seule Santé.
Introducción
La agriculturización ha transformado profundamente las ruralidades latinoamericanas, generando desestructuración social, desplazamiento de comunidades y subordinación de los sistemas productivos locales (Coppi, 2010; Van der Ploeg, 2010a). En contraposición, la agroecología se presenta como una alternativa técnica y política que revaloriza los saberes locales, la sustentabilidad ecológica y la reproducción social campesina (Altieri & Toledo, 2011). La soberanía alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a definir sus sistemas alimentarios (Patel, 2009; Santos Baca, 2014), articula la lucha por el acceso a la tierra, el agua, las semillas y los mercados. En este sentido, se ha señalado que la soberanía alimentaria no solo se configura como una estrategia productiva, sino también como una forma de resistencia territorial frente a los cambios metabólicos que impone el libre comercio (Pinto, 2016).
En este marco, el enfoque Una Salud (World Health Organization [WHO], 2017) permite abordar de forma integrada la salud humana, animal y ambiental, reconociendo las interdependencias socio ecológicas que configuran los territorios. No obstante, su implementación efectiva requiere anclar las intervenciones técnicas en los procesos sociales que los atraviesan. En este sentido, el Sistema de Innovación Territorial (SIT) se presenta como una herramienta metodológica clave, ya que promueve la construcción de redes que no solo son multiactorales, sino también socio- técnicas e interdisciplinarias. Estas redes permiten abordar la complejidad del territorio de manera coherente con su propia complejidad, articulando saberes diversos y prácticas situadas. Así, el SIT potencia el enfoque de Una Salud al ofrecer una vía operativa para su territorialización a través del entramado de actores, disciplinas y escalas institucionales.
En el departamento de Molinos, las comunidades campesinas andinas —como Churcal, Luracatao y Tacuil— habitan dentro de grandes fincas privadas y sostienen una economía mixta basada en la agricultura familiar, la ganadería caprina y bovina, y la producción de alimentos mediante técnicas tradicionales. En este contexto, marcado por el acceso desigual a la tierra, conflictos por la tenencia y una débil presencia estatal, el ganado adquiere un rol central tanto en términos económicos como simbólicos. Más que un recurso productivo, representa para estas familias campesinas una forma de propiedad móvil que garantiza cierta autonomía material.
Pero su relevancia va más allá del valor económico: el ganado es portador de significados profundos, pues forma parte del habitus campesino (Bourdieu, 2008), acompañando prácticas sociales históricas como la Marcada, que no solo organiza la producción, sino que refuerza vínculos comunitarios y dispositivos de reciprocidad (Olaizola, 2010). Cuando el acceso a la tierra se ve amenazado o restringido, el ganado se desplaza con las familias, consolidando un lazo entre movilidad territorial, identidad colectiva y reproducción social. Así, los animales no solo aseguran medios de subsistencia, sino que condensan capitales simbólicos y culturales que afirman la pertenencia territorial, permitiendo a las familias continuar siendo campesinas incluso en contextos de desposesión. Esta dimensión profundamente enraizada en las formas de vida campesinas exige ser comprendida desde una lógica distinta a la empresarial, una lógica donde lo económico, lo social y lo simbólico se entretejen inseparablemente.
Frente a este escenario, en el año 2021 se consolidó una nueva etapa en un proceso de intervención territorial que cuenta con más de dos décadas de trayectoria. A partir de la articulación entre comunidades, técnicos/as, investigadores/as e instituciones gubernamentales, se fortalecieron estrategias orientadas a la salud integral y a la producción agroecológica. Las comunidades reforzaron sus formas de organización colectiva, sus prácticas productivas sustentables y su defensa activa de la soberanía alimentaria.
Este artículo se inscribe en esa línea de trabajo territorial prolongada en el tiempo. La articulación sostenida entre actores técnicos, comunidades campesinas e instituciones estatales permitió la construcción de un Dispositivo de Abordaje Territorial (DAT), con impactos concretos en la producción agropecuaria, la sanidad animal y la comercialización alternativa.
En la etapa más reciente del proceso, se analiza la conformación de un Sistema de Innovación Territorial (SIT) orientado a la gestión integral de riesgos sanitarios desde el enfoque Una Salud. Esta continuidad histórica permite observar que las innovaciones territoriales no son eventos aislados, sino resultados de procesos acumulativos, aprendizajes compartidos y vínculos que se actualizan frente a nuevos desafíos.
Este trabajo aporta evidencia empírica producida en el marco de una investigación doctoral centrada en las comunidades campesinas del departamento de Molinos. A partir del trabajo de campo —que incluyó observaciones directas, entrevistas en profundidad, talleres participativos y análisis de dinámicas territoriales— se examinan los vínculos entre redes sociales, prácticas de cuidado en salud y estrategias de soberanía alimentaria. Esta perspectiva situada permite comprender cómo, en un contexto de creciente retirada estatal, las comunidades reconfiguran sus formas de organización y resistencia mediante entramados relacionales que sostienen la vida en condiciones de vulnerabilidad estructural.
Metodología
El abordaje metodológico que se profundizo en esta etapa se basó en técnicas cualitativas participativas desarrolladas entre 2021 y 2024. Se realizaron entrevistas semiestructuradas a referentes comunitarios y técnicos del dispositivo, talleres de diagnóstico participativo, análisis de fuentes documentales y observación directa en actividades productivas, campañas sanitarias y espacios de formación. Esta triangulación permitió construir una lectura situada de los procesos territoriales desde la perspectiva de los actores involucrados.
Paradigmas emergentes y herramientas de abordaje profesional
Desde principios de la década de 1990, tanto en Argentina como en otros países de Latinoamérica y del mundo, se ha consolidado un modelo de industrialización agrícola que promueve la concentración de la producción y la empresarización de los modos productivos. Este modelo conecta recursos materiales, cognitivos e institucionales a través de redes cuya organización se basa en jerarquías, mecanismos persistentes de control, sometimiento y exclusión.
Van der Ploeg (2010a) denomina a este fenómeno «imperios alimentarios», señalando que las formas de dominación y concentración de recursos tangibles —como la tierra y el agua— han sido históricamente centrales en los procesos de modernización del mundo rural. En la actualidad, estas expresiones corporativas del agronegocio no son suficientes para explicar la complejidad del fenómeno, ya que también se ordenan y controlan las esferas sociales y naturales vinculadas a la agricultura y la alimentación mediante la gestión de vínculos y redes (Van der Ploeg, 2010b).
Este control configura y reconfigura los procesos de producción, distribución y consumo en función de los intereses imperiales, marginalizando aquellas actividades que no se ajustan a estas normas. Frente a este escenario complejo, resulta imprescindible disputar no solo recursos tangibles, como la tierra y el agua, sino también coordinar acciones en ámbitos intangibles, como el sentido simbólico que emerge en las redes de actores comprometidos con proyectos colectivos de justicia ambiental inclusiva.
Desde una perspectiva crítica de la geografía, que concibe el territorio como una construcción social y política en constante disputa, se reconoce que las prácticas de innovación territorial no son neutrales, sino que reflejan y reproducen relaciones de poder. En línea con Escobar (2008), se sostiene que las comunidades locales poseen saberes y prácticas que desafían las lógicas hegemónicas del desarrollo. Paralelamente, la integración de saberes tradicionales y conocimientos científicos se enmarca en una perspectiva transdisciplinaria, que Enrique Leff (2004) aborda al proponer una racionalidad ambiental que articule la diversidad cultural con la sustentabilidad ecológica.
La construcción de redes desde este enfoque transdisciplinario promueve la co-construcción de soluciones adaptadas a los contextos locales. En este sentido, se propone analizar la experiencia a través del marco analítico del Sistema de Innovación Territorial (SIT), que plantea un escalamiento de acciones territoriales orientadas hacia la participación y la transformación social. La acción se desarrolla en la interfaz relacional entre técnicos y campesinos, quienes, en conjunto, construyen un proyecto colectivo que actúa sobre cuatro dimensiones fundamentales:
La experiencia presentada, vinculada a la gestión de riesgos sanitarios, permitió la readaptación de políticas públicas estandarizadas. El SIT ofreció un marco sistémico para la red de agentes que, mediante sus interacciones, institucionalizaron la acción colectiva y generaron un marco político innovador acorde con las características del territorio. Esto facilitó la creación de herramientas concretas de intervención y el desarrollo de un marco conceptual que explica dichas interacciones. En la aplicación del SIT, se implementó un dispositivo de abordaje territorial (DAT) que, en este caso, se tradujo en un plan de erradicación de zoonosis (PEZ), basado en el enfoque de Una Salud (WHO, 2017) (Fig. 1).

Figura 1. Sistema de innovación territorial. Fuente: elaboración propia, 2023.
El Sistema de Innovación Territorial (SIT) propone una lógica de aprendizaje colaborativo entre actores diversos, donde los saberes ancestrales de las comunidades se articulan con los conocimientos técnicos y académicos. Esta interacción se desarrolla en actividades cotidianas vinculadas al sistema productivo y al hábitat, permitiendo no solo la generación de productos diferenciados para mercados específicos, sino también el cumplimiento de normas de bioseguridad exigidas por los sistemas agroalimentarios oficiales.
Se trata de un proceso de construcción de conocimiento situado, que se materializa en los sujetos involucrados y se desarrolla mediante metodologías co-construidas en espacios sociales concretos. Estas nuevas formas de generación de conocimiento están íntimamente ligadas a procesos de innovación que surgen como respuestas colectivas a problemas complejos, muchas veces naturalizados o considerados irresolubles desde enfoques técnicos convencionales.
En este marco, las instancias de formación e intercambio entre saberes ancestrales y técnicos se orientaron hacia una séxtuple convergencia de objetivos, los cuales se interrelacionan y emergen en cada temática o módulo abordado. La acción formativa se concibe como una herramienta estratégica capaz de condensar múltiples dimensiones del proceso organizativo, productivo y político.
Para profundizar en esta estrategia pedagógica, se desarrolló la figura denominada “hexágono del conocimiento” (Olaizola, 2021, p. 345), que representa la lógica de formación construida por el equipo técnico y las comunidades campesinas. Este esquema busca visibilizar y consolidar el enfoque agroecológico, la autonomía productiva y la capacidad de las comunidades para sostener procesos de innovación desde sus propios territorios (Fig. 2).

Figura 2. Hexágono del conocimiento. Fuente: elaboración propia, 2025.
Estos procesos de aprendizaje más complejos incluyen la investigación, el descubrimiento o la recombinación de paradigmas tecnológicos existentes, que se transforman en nuevas tecnologías capaces de promover un cambio de conducta en las instituciones del medio. Así, se forman marcos territoriales de acción en un círculo virtuoso de resolución de problemas y construcción de nuevas demandas que escalan en los procesos organizativos, alcanzando grados de bienestar en la población
El enfoque de las acciones desarrolladas contribuye al concepto definido y de amplia contención institucional a nivel internacional conocido como Una Salud, que plantea la posibilidad de pensar la salud humana, animal y ambiental de forma integrada, como Una Sola Salud (WHO, 2017). Se trata de un enfoque colaborativo, multisectorial y transdisciplinario, que opera a nivel local, regional, nacional y global. Este paradigma estimula la realización de colaboraciones equitativas e inclusivas entre los ámbitos biológicos, culturales, sociales y simbólicos que comprenden la salud y el ecosistema.
El dispositivo de abordaje territorial: actores, saberes y escalas
La experiencia desarrollada en el departamento de Molinos, Salta, se configuró a partir de la articulación de diversos actores y saberes, constituyendo un dispositivo de abordaje territorial (DAT) que se inserta en el marco del Sistema de Innovación Territorial (SIT). Este dispositivo operó en distintos niveles y escalas, facilitando la integración de acciones y estrategias para el fortalecimiento de la producción agroecológica y la soberanía alimentaria, en un territorio que jurisdiccionalmente se ordena en tres fincas privadas (Fig. 3).

Figura 3. Mapa que representan las tres fincas de estudio. Fuente: elaboración propia, 2021.
En el mapa se observan, delimitadas por colores, las fincas de Luracatao, Churcal y Tacuil, dentro de las cuales se localizan comunidades campesinas organizadas que protagonizan procesos de resistencia en un contexto de alta conflictividad territorial. Estas comunidades desarrollan sus estrategias de vida y producción en un espacio estructurado históricamente por relaciones de poder desiguales, lo que condiciona las posibilidades de desarrollo autónomo. El diagrama propuesto (Fig. 4), busca representar el proceso histórico de conformación de estas fincas, que se remonta al sistema de encomienda instaurado por la colonia española.

Figura 4. Diagrama de constitución de las fincas de Molinos. Fuente: relaboración propia, 2025.
Este modelo sentó las bases del actual régimen latifundista que aún persiste en el departamento de Molinos, y que impone límites estructurales a las comunidades campesinas en términos de acceso a la tierra, autonomía y justicia territorial. Comprender esta genealogía del territorio es fundamental para dimensionar la centralidad política de la organización campesina actual. No se trata solamente de una estrategia de subsistencia, sino de una disputa activa por la transformación de un modelo de dominación históricamente consolidado.
En este contexto, adquieren especial relevancia las formas y modos de abordar el territorio, ya que los cambios y transformaciones no ocurren por azar ni de forma discontinua. Por el contrario, requieren de marcos teóricos, técnicas y métodos que permitan comprender y orientar las dinámicas territoriales. De esta manera mencionaremos los componentes relevantes del sistema de innovación territorial.
La red socio-técnica se integró principalmente por:
El DAT se caracteriza por la circulación bidireccional de saberes y recursos a través de diferentes escalas:
La integración de estas escalas permitió que los procesos de aprendizaje y la generación de nuevas tecnologías, basadas en la combinación de saberes ancestrales y académicos, se materializaran en mejoras concretas para el desarrollo del territorio.
Resultados y perspectivas
El proceso de articulación impulsado por el Dispositivo de Abordaje Territorial (DAT) evidenció, en términos prácticos, la capacidad de organizar una red diversa de actores que no solo fortalece la producción agroecológica, sino que también promueve la soberanía alimentaria y reduce significativamente los riesgos sanitarios asociados. A través de la co-construcción de soluciones adaptadas, se consolidaron mecanismos de intercambio de saberes ancestrales y técnicos, así como recursos materiales y sociales, generando un círculo virtuoso de aprendizaje e innovación que responde a las demandas y particularidades del territorio (Fig. 5).
La disponibilidad de una metodología de abordaje facilitó la implementación de herramientas concretas basadas en el enfoque de Una Salud (WHO, 2017), el cual propone una visión integrada de la salud humana, animal y ambiental. Este enfoque fue clave para transformar la estructura territorial del ente sanitario local, tradicionalmente centrado en campañas oficiales y obligatorias, como la lucha contra la fiebre aftosa, cuyo principal objetivo ha sido la protección de la exportación de carne bovina. En contraste, el DAT permitió diseñar y consolidar un plan integral de control y erradicación de enfermedades zoonóticas y endémicas presentes en la región, como la hidatidosis y la fasciolosis hepática.
El abordaje integral de estas parasitosis, que combinó el conocimiento ancestral con técnicas sanitarias contemporáneas, no solo permitió visibilizar y fortalecer las formas de producción campesina —basadas en un modelo ganadero agroecológico— sino que también fortaleció la gestión colectiva y el control sanitario local. Esto reafirma la importancia de políticas públicas que reconozcan y validen los saberes locales y promuevan la salud territorial desde una perspectiva integral y participativa.
Además de la red de actores locales que acompañaron la producción agroecológica, se destaca el desarrollo de un dispositivo alternativo de comercialización (Fig. 6). Este mecanismo facilitó la organización eficiente del abastecimiento, distribución y consumo de productos agroecológicos en la ciudad de Salta, contribuyendo a ampliar mercados inclusivos y fortalecer la economía social.
La red de actores permitió también el resurgimiento del rol de la cooperativa BRESEC, una organización campesina que gestiona un matadero de tránsito provincial en Salta. La persistencia y consolidación de esta cooperativa, en un contexto neoliberal y con una fuerte tradición latifundista, ejemplifica la relevancia de las nuevas institucionalidades que emergen del abordaje territorial propuesto, aportando a la sostenibilidad y autonomía del sector campesino.
En definitiva, retomando a Van der Ploeg (2010a), “el principio campesino trata del enfrentamiento y la superación de las dificultades a fin de construir las condiciones que permiten capacidad de actuar” (p. 382). Las nuevas formas de abastecimiento, que se adaptan a las normativas provinciales, junto con las modalidades de distribución fortalecidas a partir de cooperativas y asociaciones campesinas que articulan estrategias regionales, contribuyen a disminuir costos logísticos, visibilizar el sector y complementar la oferta productiva. Un ejemplo concreto es la vinculación horizontal con la asociación Fuerte Alto y Palermo, que además de carne comercializa hortalizas y condimentos, fortaleciendo circuitos cortos y diversidad productiva.
En este marco, el enfoque de Una Salud no solo posibilitó un control sanitario más eficaz y contextualizado, sino que también promovió la integración de dimensiones sociales, ambientales y culturales en la gestión de la salud territorial. Esto reafirma la necesidad de continuar desarrollando políticas y dispositivos que reconozcan la interdependencia entre salud humana, animal y ambiental, fortaleciendo la soberanía alimentaria y la resiliencia de las comunidades campesinas.
Figura 5. Imágenes del intercambio técnico-campesinos, 2024.
Figura 6. Imágenes de la experiencia de comercialización, 2024.
Conclusiones
La experiencia analizada demuestra que, mediante la coordinación integrada de diversas instituciones gubernamentales y de la sociedad civil promoviendo la articulación de redes socio- técnicas, es posible generar formas de intervención territorial que trascienden los enfoques tradicionales y fragmentados. La implementación del Sistema de Innovación Territorial (SIT), junto con el Dispositivo de Abordaje Territorial (DAT), permitió a las comunidades campesinas recuperar el control sobre sus procesos productivos, fortalecer la soberanía alimentaria y reducir los riesgos sanitarios, enmarcando estas acciones dentro de una estrategia de transformación territorial arraigada en la agricultura familiar y la agroecología.
A lo largo del trabajo se evidenció que la resistencia campesina no se expresa de forma aislada ni lineal, sino como una trama compleja de prácticas cotidianas, decisiones políticas y vínculos organizativos que desafían las lógicas dominantes del sistema agroalimentario. Tal como plantea Van der Ploeg (2010b), estas formas de ruptura con el orden hegemónico constituyen ya de por sí expresiones de resistencia, desplegadas en múltiples niveles y dimensiones.
Uno de los aportes centrales de esta experiencia es la construcción de una metodología de intervención territorial basada en el diálogo de saberes, la transdisciplina y la co-producción de conocimiento situado. Esta metodología integra dimensiones productivas, sanitarias, organizativas y simbólicas, permitiendo el diseño de herramientas adaptadas al contexto local y potenciando la implementación de políticas públicas que respondan efectivamente a las particularidades del territorio.
Como continuidad de aportes construidos en procesos previos de investigación y acción colectiva, este enfoque metodológico ofrece una base conceptual y operativa valiosa para ser replicada en otras regiones. Su carácter flexible y multiescalar no sólo permite su adaptación a contextos diversos, sino que posiciona al Sistema de Innovación Territorial como una estrategia viable para ser institucionalizada como política pública orientada a la gestión integral del territorio. Su implementación sostenida puede contribuir al diseño de programas estatales que promuevan la articulación intersectorial, la justicia territorial y la salud colectiva.
En definitiva, este estudio evidencia que la innovación territorial, entendida como una construcción colectiva entre actores diversos, es una herramienta potente para promover procesos emancipatorios, revalorizar los saberes campesinos y construir soberanía alimentaria desde los territorios. Frente al avance de modelos concentradores y excluyentes, esta propuesta ofrece una alternativa concreta, situada y replicable, orientada a la justicia ambiental, la equidad y la salud integral, en consonancia con el paradigma de Una Salud (WHO, 2017).
Referencias
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Fecha de recepción: 14 de abril de 2025.
Fecha de aceptación: 16 de julio de 2025.
© ٢٠٢5 por los autores; licencia otorgada a la Revista Universitaria de Geografía. Este artículo es de acceso abierto y distribuido bajo los términos y condiciones de una licencia Atribución-NoComercial 4.0 Argentina de Creative Commons. Para ver una copia de esta licencia, visite https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es
° https://doi.org/10.52292/j.rug.2025.34.2.0086
* Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (IPAF- Región Pampeana), perteneciente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)- Asociación civil sin fines de lucro Red valles de Altura. plolaizola@gmail.com