Conservar sin comunidad: turismo, extractivismo y conflicto territorial en el humedal del Jaaukanigás
Malena Castilla*
Resumen
El presente artículo analiza las tensiones territoriales que emergen en torno al humedal Jaaukanigás, en el noreste de la provincia de Santa Fe, a partir de la promoción del ecoturismo como estrategia de conservación ambiental. A través de un enfoque de ecología política y geografía crítica, y mediante trabajo de campo realizado entre 2023 y 2025 con entrevistas y observación participante, se examinan los discursos, actores e infraestructuras que reconfiguran el acceso, uso y control de este territorio hidrosocial. Si bien el ecoturismo es presentado como una alternativa sustentable, en la práctica reproduce lógicas extractivas y excluyentes que invisibilizan y/o criminalizan los usos tradicionales del territorio -como la pesca artesanal, la recolección, la cría a pequeña escala y la agroecología- sostenidas por comunidades indígenas, campesinas y de pescadores. Lejos de conservar con y desde las comunidades, las políticas públicas y los emprendimientos privados tienden a estetizar el paisaje y folklorizar a sus habitantes, reforzando procesos de despojo territorial. Frente a ello, el trabajo identifica estrategias de organización local que cuestionan estos modelos y proponen formas alternativas de habitar y cuidar el humedal, sustentadas en saberes, memorias y prácticas arraigadas en la historia social y productiva de la región.
Palabras claves: Humedales, Ecología política, Turismo, Conflicto territorial.
Conservation without Community: Tourism, Extractivism, and Territorial Conflict in the Jaaukanigás Wetland
Abstract
This article analyzes the territorial tensions that emerge around the Jaaukanigás wetland, in northeastern Santa Fe Province, Argentina, stemming from the promotion of ecotourism as an environmental conservation strategy. Drawing on a political ecology and critical geography approach, and based on fieldwork conducted between 2023 and 2025 that included interviews and participant observation, this study examines the discourses, actors, and infrastructures that reconfigure access to, use of, and control over this hydro social territory. Although ecotourism is presented as a sustainable alternative, in practice it reproduces extractive and exclusionary logics that render invisible and/or criminalize traditional territorial uses—such as artisanal fishing, gathering, small-scale livestock raising, and agroecology—sustained by Indigenous, peasant, and fishing communities. Rather than conserving with and from the communities, public policies and private ventures tend to aestheticize the landscape and folklorize its inhabitants, thereby reinforcing processes of territorial dispossession. In response, this work identifies local organizing strategies that challenge these models and propose alternative ways of inhabiting and caring for the wetland, grounded in knowledge, memories, and practices rooted in social and productive history of the region.
Keywords: Wetlands; Political ecology; Tourism; Territorial conflict.
Introducción
Al norte de la provincia de Santa Fe se encuentran dos humedales de gran relevancia para el territorio y la región: los Bajos Submeridionales -trabajados en otros artículos de nuestra autoría (Castilla y Álvarez, 2025)-, que abarcan parte de los departamentos 9 de Julio, Vera y General Obligado, en el centro-oeste provincial, y el sitio Ramsar Jaaukanigás, ubicado sobre el río Paraná, en el departamento General Obligado, hacia el este (Figura 1).

Figura 1. Ubicación geográfica del Sitio Ramsar Jaaukanigás en Santa Fe y Argentina. Fuente: Aves Argentinas, S/F.
Este último humedal posee una superficie aproximada de 500.000 ha., lo que lo posiciona como uno de los sitios Ramsar más extensos de Argentina, declarado como tal en el año ٢٠٠١. Su nombre proviene de la lengua del pueblo abipón -primeros habitantes de esta región- y significa “gente del agua” (Giraudo, 2008). La planificación del ordenamiento territorial en este espacio es coordinada por el Comité Intersectorial de Manejo (CIM), creado a partir del reconocimiento internacional de este humedal como sitio Ramsar.
En los últimos años, a partir de la gestión de la CIM, el gobierno provincial, en conjunto con más de diez municipios involucrados, ha promovido al Jaaukanigás como un paisaje natural e histórico propicio para el desarrollo de una propuesta de ecoturismo. Esta incluye actividades como la navegación de ríos, el avistaje de aves y otras especies, y recorridos por la ‘ruta del quebracho y la caña de azúcar’, donde se visitan ruinas de La Forestal1 y antiguos ingenios, además de conocer asentamientos de la población originaria local y las tradiciones de sus habitantes.
En torno a ello, existen tensiones que emergen no solo en la vida cotidiana rural, sino también en espacios institucionales en los que se define qué conservar y cómo. Tal fue el caso del 5° Foro Nacional de Humedales, en el que compartimos una jornada de intercambio y debate junto con una diversidad de actores que participan en la gestión, apropiación y promoción de los humedales desde una propuesta ecoturística: funcionarios y técnicos provinciales y municipales, integrantes de organizaciones no gubernamentales y fundaciones, propietarios de reservas naturales privadas y municipales, técnicos e intendentes de parques provinciales y nacionales, responsables de complejos turísticos, entre otros. A través de nuestro trabajo de campo y en el dialogo con los diferentes actores con quienes nos hemos vinculado, se evidencian múltiples tensiones en torno al uso, el control, la gestión y el derecho a habitar este humedal, donde los discursos de conservación y turismo conviven -no sin conflicto- con las prácticas de subsistencia y las trayectorias históricas de quienes habitan y cuidan este territorio.
A partir de ello, y desde un enfoque conceptual nutrido por la ecología política y la geografía crítica entendemos que las disputas en este territorio hidrosocial están directamente vinculadas a la gobernanza del agua y al acaparamiento territorial (Ávila Garcia, 2016; Boelens, Hoogesteger, Swyngedouw, Vos y Wester, 2016; Swyngedouw, 2009; Linton y Budds, 2014). Se trata de un espacio históricamente dominado por distintas formas de extractivismo: primero con la industria taninera, luego con la actividad azucarera y actualmente practicas agroganaderas que se combinan con algunas estrategias como el turismo.
En este marco, la multiplicidad de actores involucrados negocia y disputa el control de los bienes comunes, muchas veces en detrimento de las prácticas históricas de las comunidades locales (Pintos y Astelarra, 2023). Estas disputas no solo se manifiestan en el plano material, sino también en el discursivo ya que se construyen narrativas que legitiman determinadas formas de apropiación del territorio mientras excluyen otras, mediante la implementación de infraestructuras extractivas y la invisibilización de quienes habitan y producen en el humedal (Pintos, 2024). Observamos una negación de las problemáticas ambientales que transforman este paisaje, a partir de una idea de conservación despojada de su dimensión social y funcional a nuevas formas de acumulación (Martín y Larsimont, 2016; Martínez, y Acosta, 2010).
En este sentido, y siguiendo la definición de Ibor y Boelens (2018), comprendemos este territorio como un espacio hidrosocial material e imaginado, construido por una diversidad de actores con intereses diferenciados y pertenecientes a múltiples escalas. Estos actores disputan, configuran, narran y experimentan los flujos del agua y sus ecosistemas, las instituciones, infraestructuras y tecnologías que allí operan -en torno a los múltiples y divergentes intereses-, las dinámicas socioeconómicas que se despliegan y las prácticas culturales e históricas que persisten. El control de estos territorios se articula históricamente en torno al acceso y uso del agua, orientado a favorecer emprendimientos extractivos en detrimento de las poblaciones locales, que deben justificar permanentemente sus prácticas tradicionales en el uso de este bien común.
Siguiendo la propuesta de Arroyo y Boelens (2013), entendemos que este proceso responde a una lógica de hidrocolonialismo: una forma de dominación que remite a las continuidades entre la colonización histórica y las actuales formas de acumulación basadas en el agua como recurso estratégico. A través de este marco, las burocracias estatales, las élites económicas y los organismos internacionales construyen, de forma ontológica, material, política e histórica, tanto objetos como sujetos hídricos subordinados. Este hidrocolonialismo redefine derechos, identidades y vínculos territoriales en nombre de una supuesta gobernanza experta y despolitizada, que invisibiliza los conflictos ambientales reales. En tal sentido, podemos argumentar que dichas disputas no se expresan únicamente en términos materiales, sino también mediante la producción de políticas específicas que legitiman formas de apropiación del territorio bajo las supuestas premisas de “eficiencia hídrica”, “sostenibilidad del agua” y “conservación de la biodiversidad’”. Así, múltiples actores promueven proyectos turísticos y políticas de ordenamiento territorial que se presentan como sustentables, pero que consolidan un modelo de gestión funcional a la acumulación por desposesión (Harvey, 2005).
Estas políticas, cargadas de valores que se pretenden universales, permiten imponer narrativas que excluyen las formas locales y particulares de habitar, produciendo un paisaje que naturaliza la expulsión y el cercamiento de pescadores, campesinos y actores locales en nombre del cuidado ambiental. La conservación, así planteada, intensifica los procesos de despojo y marginación de quienes históricamente habitaron y produjeron en estos territorios, profundizando las desigualdades en un contexto de crisis climática y creciente injusticia ambiental (Arroyo y Boelens, 2013; Berge y Van Laerhoven, 2011; Borras, Kay, Gómez y Wilkinson, 2013; Swyngedouw, 2005).
Por ello, en el presente artículo nos proponemos analizar la dimensión geográfica, histórica y política sobre el cual se configura el proyecto turístico en el humedal Jaaukanigás, atendiendo a los procesos de disputa que emergen en torno al uso, acceso y control de este territorio por parte de diversos actores. A su vez, buscamos vincularlo brevemente con el territorio hidrosocial de la región de los Bajos Submeridionales, muchas veces presentada como una unidad disociada del sitio Ramsar, cuando en realidad los procesos extractivos impulsados por el agronegocio, la ganadería, la pesca industrial y la explotación forestal tienen impactos diferenciales pero articulados sobre ambos espacios. En este sentido, nuestra preocupación central se orienta a interrogar para quiénes y para qué son los humedales en un escenario marcado por el avance de políticas e infraestructuras orientadas a la acumulación y el despojo.
Es por ello que, enmarcados en los debates de la ecología política, entendemos que los conflictos ambientales pueden comprenderse como disputas por la producción y el control de la naturaleza. En el caso de los humedales, estos conflictos no se limitan al acceso a los bienes comunes, sino que implican formas diferenciadas de conocer, habitar y gobernar el agua. En este sentido, la noción de territorio hidrosocial antes mencionada (Boelens et al., 2016; Linton y Budds, 2014) nos permite pensar el área que conforma el Jaaukanigás y los Bajos Submeridionales no como un espacio natural dado, sino como una construcción histórica resultante de interacciones entre actores humanos y no humanos, infraestructuras y regímenes de conocimiento. En complementariedad con ello, el concepto de hidrocolonialismo nos permite entender la continuidad de jerarquías en las formas de apropiación y representación de los territorios acuáticos. La transformación del agua en paisaje turístico o recurso conservacionista reproduce, bajo nuevos lenguajes, procesos de subordinación y despojo ya presentes en otros modelos extractivos.Desde esta perspectiva, las políticas de conservación y turismo en el Jaaukanigás pueden leerse como parte de una serie de reconfiguraciones hidrocoloniales, donde el discurso ambiental opera como mediador en la disputa por el territorio.
Basados en una investigación cualitativa desarrollada entre 2023 y 2025 en el marco de nuestra formación en antropología social, el trabajo combina estrategias de análisis documental, observación de campo y entrevistas en profundidad realizadas en localidades del noreste de la provincia de Santa Fe (Villa Ocampo, Vera, Reconquista, Las Toscas, Florencia, Hardy, Villa Guillermina y entre otras localidades, parajes y zonas aledañas).
Para este artículo, se realizaron diez entrevistas en profundidad a pobladores locales, operadores turísticos, funcionarios públicos y referentes de organizaciones ambientales. También se efectuaron notas de campo y observaciones en el trabajo de campo como en el foro realizado en Villa Ocampo realizado en mayo del 2025 en el cual participamos de manera activa. Además, se relevaron materiales institucionales (planes de manejo, informes técnicos, legislación provincial y documentos de ONG), junto con fuentes periodísticas y registros fotográficos propios.
En términos analíticos, el artículo se organiza en tres secciones: primero, una reconstrucción histórica de los procesos extractivos y las transformaciones territoriales del área; luego, el análisis de los discursos y prácticas vinculados al turismo y la conservación; y finalmente, las alternativas y resistencias desplegadas por los pobladores locales. El articulo termina con unas reflexiones finales en donde esbozaremos las principales contribuciones analizadas a lo largo del documento y algunos interrogantes que nos permitirán profundizar en futuras investigaciones en la región.
Territorio, historia extractiva y formas de habitar
Jaaukanigás es un territorio donde convergen distintas formas de uso, acceso y apropiación del espacio hidrosocial. Actividades como el agronegocio, las curtiembres y el turismo se superponen y disputan con prácticas tradicionales como la pesca deportiva, la pesca de subsistencia, la agricultura familiar y otras formas de producción y reproducción de la vida sostenida por pequeños productores e integrantes de comunidades indígenas que habitan este espacio. Estas prácticas expresan distintas racionalidades territoriales y modos de relación con el agua, configurando así un territorio hidrosocial atravesado por disputas materiales y simbólicas.
El sitio Ramsar Jaaukanigás se localiza en el noreste de la provincia de Santa Fe, en los departamentos General Obligado, San Javier y Vera, y abarca más de ٤٩٠.000 ha. de humedales, islas y cursos de agua que forman parte del valle de inundación del río Paraná. Entre las localidades más relevantes del área se encuentran Las Toscas, Villa Ocampo, Florencia, Villa Guillermina y Villa Ana, donde se han realizado observaciones y entrevistas durante el trabajo de campo. Estas localidades comparten una fuerte impronta histórica ligada a procesos extractivos que, si bien han mutado en sus formas, mantienen ciertos rasgos estructurales comunes.
Es importante mencionar que la valorización internacional de estos ecosistemas se intensificó a partir de 1971, con la firma de la Convención Internacional sobre Humedales, conocida como “Convención Ramsar”. En Argentina, tal como sostienen Astelarra, De la Cal y Domínguez (2017), gran parte de los sitios Ramsar presentan algún tipo de conflicto relacionado con el uso de los bienes comunes, los cuales se ponen en tensión al momento de diagramar estrategias de preservación de los ecosistemas. En el caso de Jaaukanigás, las tensiones se agudizan ante la coexistencia de economías extractivas, proyectos de conservación y prácticas locales de subsistencia que son históricas. En muchos relatos recogidos durante el trabajo de campo, los propietarios de reservas privadas, responsables de complejos hoteleros, colectivos dedicados a la pesca deportiva y funcionarios locales califican estas actividades como amenazas a la conservación, aun cuando constituyen prácticas tradicionales de habitar el humedal. Por ello, para comprender el presente del Jaaukanigás resulta necesario reconstruir las trayectorias que configuraron este territorio, delimitados a continuación en tres grandes momentos que, si bien aparecen diferenciados, han convivido en sus lógicas de producción y en la cotidianidad de los habitantes que aún rememoran:
Un primer momento que refiere al periodo que comprende desde la colonización al modelo extractivo contemporáneo (1870–1940). En dicho lapso, específicamente en 1886, se trazó el límite norte de la provincia de Santa Fe en el paralelo 28, actual frontera con Chaco (Brac, 2006). Esta delimitación formó parte de una estrategia estatal de ocupación territorial que, ya desde 1872, con la llamada “pacificación del Chaco” liderada por Victorica, buscaba avanzar sobre territorios considerados “desiertos” o “indomables” para incorporarlos al proyecto nacional (Castilla, 2018; Trinchero, 2000). A través de campañas militares y políticas de colonización, el Estado facilitó la instalación de estancias, obrajes e ingenios en un territorio que, pese a su carácter “hostil”, se volvió central para el despliegue de infraestructuras productivas. Así, luego de Ley Avellaneda de 1876, las tierras aptas fueron puestas a disposición para ser colonizadas por campesinos inmigrantes, fundamentalmente, que accedieron a lotes de hasta 100 ha., además de posibilitar el ingreso de firmas extranjeras. Este proceso se consolidó con la intervención de capitales internacionales, como La Forestal, que en articulación con los gobiernos provincial y nacional impulsaron la expansión de ferrocarriles, industrias y redes de servicios. Según Zarrilli (2008), entre principios del 1900 y 1940, la empresa taló más de 30 millones de árboles, que representa cerca de 2,5 millones de ha. de monte. Cuando cesó su actividad, desmanteló pueblos enteros: vías de circulación y acceso, hospitales, viviendas y plantas de agua fueron abandonadas y destrozadas, dejando un paisaje marcado por el extractivismo y la expulsión. Este modelo transformó profundamente la región, instalando una lógica de ordenamiento territorial que persiste en la actualidad y cuyas consecuencias sociales aún se sienten en gran parte de las localidades donde la presencia de la industria era más fuerte, como es el caso de Villa Guillermina, Villa Ana, Tartagal, La Gallareta, entre otras zonas de la provincia.
Un segundo momento, refiere al periodo en que se constituyen los ingenios azucareros y con ellos la identidad cañera (1878–1968). Desde fines de la década de 1870, se intensificó en el noreste santafesino la adquisición de tierras por parte de inversores vinculados a experiencias previas de colonización agrícola. Tal como sostienen Bonaudo, Cragnolino y Sonzogni (1992) en 1878, Manuel Ocampo Samanés inició un proyecto de colonización en la zona de Villa Ocampo con fuerte presencia de migrantes franceses. Allí se instaló el primer ingenio azucarero de la provincia, seguido por otros como el Ingenio Tacuarendí, fundado por una sociedad francoargentina. En 1889, el desarrollo azucarero se consolidó con la fundación de la Refinería Argentina en Rosario, asociada con empresarios e ingenieros del noreste provincial y financistas del litoral (Bonaudo et al., 1992).
En ese paisaje santafesino la producción de caña de azúcar se presentaba como una alternativa marginal respecto de la zona azucarera por excelencia que se encontraba en el noroeste argentino (fundamentalmente en las provincias de Tucumán, Jujuy y Salta). Siguiendo los argumentos esbozados por Masín (2011), en Las Tocas, Villa Ocampo y Tacuarendí, estaban emplazados tres ingenios que producían solo el 0,3% del total del país. A pesar de ello, el ingenio Las Toscas tuvo el mejor rendimiento de Argentina en 1966, al igual que el ingenio de Villa Ocampo que, si bien cumplía con sus compromisos productivos formales, no pagaba los jornales a sus obreros y proveedores (Masín, 2011). En paralelo a los bajos rendimientos respecto a la región del noroeste y deudas pendientes, estos ingenios lograron constituirse como una de las principales fuentes de trabajo de la zona y marcar una identidad cañera que hoy en día prevalece en los relatos y memorias de sus pobladores (notas de campo, mayo 2025).
En torno a dichas deudas, Tacuarendí tuvo que desmantelar su ingenio azucarero y la papelera, ambas dependientes de la explotación cañera, a inicios de 1968 por el déficit en la balanza de pagos con trabajadores, productores y el Estado, en un escenario de conflictividad donde parte de sus jornaleros manifestaban por las pagas adeudadas, dando lugar a la conocida ‘Marcha del Hambre’, uno de los antecedentes directos del Ocampazo de 1969, cuando sindicatos, estudiantes, maestros, jornaleros y habitantes de los ex pueblos forestales y azucareros se movilizaron a pesar de la fuerte represión que sufrieron en Villa Ocampo (Masín, 2011).
Un tercer momento, lo configura la retirada industrial de estas empresas y la instalación efectiva del agronegocio (1970–actualidad). Tras la retirada de las grandes empresas internacionales, que durante décadas destruyeron la naturaleza local, la región experimentó una fuerte reconversión productiva y territorial. La deforestación, la alteración de cauces hídricos y el desmantelamiento de infraestructuras ferroviarias (Gori, 1986) derivaron en el acorralamiento y expulsión de numerosos trabajadores hacia centros urbanos como Santa Fe y Buenos Aires (Castilla, 2024). Sobre los suelos desmontados y de bajo costo se instaló progresivamente la agroindustria, con una infraestructura que garantizaba la producción a escala. Así comenzó la expansión del agronegocio, la ganadería intensiva y nuevas industrias derivadas, reconfigurando el territorio hidrosocial
En la localidad de las Toscas, durante finales de la década de 1990 se consolidó Arlei, una industria de curtiembre que posee dos plantas de tratamiento a partir del cual se trabaja el cuero con y sin cromo, y una planta de tratamientos de efluentes líquidos de 13.200 m2, según refiere la misma empresa en su página web (Areli, S/F). Es de destacar que, en estudios y muestras de agua realizados en la zona, Greenpeace detectó que esta curtiembre vertía sus residuos líquidos a las lagunas que desembocan en el arroyo Las Toscas, afluente del río Paraná y parte constitutiva del humedal Jaaukanigas. En gran parte de las muestras se encontró presencia de compuestos orgánicos y metales pesados, como el cromo, utilizado en esta industria (Labunska, Brigden, Stringer, Johnston, Santillo y Ashton, 2000). Asimismo, más allá de los estudios realizados por esta organización, los vecinos en diferentes oportunidades han denunciado y presentado síntomas vinculados a la contaminación como problemas dérmicos y respiratorios. Tal como sostiene un medio de comunicación masivo nacional:
En Las Toscas, un pueblo del nordeste santafesino que no llega a los 10.000 habitantes, hay muchas casas en venta a precios irrisorios. Cuando sean compradas, sus dueños seguirán el camino de otros vecinos, que afrontaron el desarraigo porque los médicos les aconsejaron alejarse de la gran curtiembre que funciona en pleno casco urbano: sus hijos están contaminados con cromo (Clarín, 2001).
Un informe elaborado por la filial de Villa Ocampo de la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (LALCEC) documentó un incremento en los casos de cáncer en la región durante el período comprendido entre 1997 y 2001. Este informe, basado en datos recopilados de centros de salud y hospitales locales, señala que durante dicho lapso el número de casos anuales de personas diagnosticadas con cáncer aumentó de 30 a 68 (Pagina12, 2001).
Las nuevas formas de explotación en la zona, como el agronegocio, la ganadería intensiva, las curtiembres y los frigoríficos, aunque hayan sido presentadas discursivamente por autoridades locales y por las propias empresas como sustentables y económicamente integradas al paisaje y su sociedad, refuerzan dinámicas de despojo y acorralamiento de la población. En este contexto, el desarrollo turístico, impulsado por actores locales dedicados a esta actividad, así como por gobiernos locales y provinciales, ha ganado relevancia en los últimos años mediante discursos relacionados con la conservación y preservación del humedal, sitio Ramsar.
Antes de abocarnos al análisis de las actividades turísticas en la región, resulta pertinente destacar que, a pesar de su historia marcada por el extractivismo, persisten formas de vida y prácticas productivas ancladas en una relación distinta con el territorio. La pesca artesanal y de subsistencia, la caza, la recolección de frutos y plantas silvestres, así como la producción agroecológica a pequeña escala, constituyen estrategias cotidianas de reproducción material y simbólica para las poblaciones locales. Estas prácticas no solo poseen un valor económico, sino que expresan un vínculo histórico, afectivo y territorial con el humedal.
En este entramado, las comunidades indígenas, campesinas, de pequeños productores y pescadores que habitan el territorio sostienen saberes, usos y narrativas que desafían y denuncian las lógicas hegemónicas de conservación y desarrollo. Tales lógicas suelen promover modelos ajenos a las dinámicas locales, en muchos casos reforzando desigualdades o invisibilizando formas alternativas de habitar el ambiente.
Este es el caso que se presenta en la comuna de Hardy -ubicada sobre la Ruta Nacional Nº 11, entre Las Toscas (a 23 kilómetros) y Florencia (a 12 kilómetros)- constituye un ejemplo elocuente. Allí, un colectivo de mujeres se ha organizado desde hace más de una década para denunciar las fumigaciones que afectan su territorio. En esta localidad de 1.200 habitantes, las cosechas de algodón y soja han intensificado el uso de agrotóxicos, generando impactos visibles en el ambiente y la salud:
El veneno de algodón es el peor de todos, es más fuerte (…) Si vos pasás por acá vas a ver los eucaliptus pelados: eso es fumigación, pasas y lo ves. Hay una casa al lado que dice ‘Se alquila, se vende’, y eso es centralmente por el algodón, digamos (…). Y bueno, los nenes empiezan con vómito, todo… Erupción en la piel es lo más común. Incluso hay una escuela rural que fumigaban al lado de la escuela rural (Integrante del grupo de mujeres rurales y Paren de fumigarnos de Hardy, mayo 2025).
Este testimonio evidencia cómo la expansión del agronegocio y el uso intensivo de agrotóxicos transforman los territorios, erosionan las condiciones de vida y refuerzan conflictos ambientales en zonas que históricamente han sostenido una relación integral con la naturaleza. Es de destacar que Hardy se encuentra en el territorio considerado sitio Ramsar que conforma el Jaaukanigás y parte de las cuencas hídricas -contaminadas por agroquímicos- que atraviesan esta comuna desembocan en el río Paraná (Álvarez, ٢٠٢٣; Boccioni, Lajmanovich, Repetti, Attademo y Peltzer, 2025; Lajmanovich, Peltzer, Attademo, Cabagna-Zenklusen, y Junges, 2012; Schmidt, Toledo López y Castilla, 2023).
Similar es el caso de un grupo de familias organizadas en la Asamblea Campesina indígena del Norte Argentino (ACINA) y ubicadas en la localidad de Villa Ocampo. Estas familias, dedicadas a la producción agroecológica en 10 hectáreas para la autosubsistencia y venta en ferias locales, denuncian las permanentes fumigaciones en el campo lindante a su granja donde cultivan diferentes verduras y siembran caña de azúcar que sirven para alimentar a la docena de vacas que tienen en el campo, junto con las pocas gallinas, pavos y dos caballos que usan para trabajar la tierra. El campo lindante, separado por una calle de ripio, y diferenciado por los colores opacos de la tierra arrasada, es utilizado para la siembra de soja transgénica y permanentemente fumigado. Allí, en ese humedal, los vecinos, pescadores y pequeños productores, denuncian el avance de las plantaciones de soja, algodón y la contaminación del territorio con los feedlot radicados en la zona.
Yo nací en Tacuarendí, mi papá trabajaba en el ingenio y yo toda la vida trabajé con la caña y coseché algodón, hasta que se terminó -por suerte, porque trabajaba 16 horas por día…-. Ahora trabajo con esto: primero tengo que producir, después organizar la feria, discutir la feria, organizar los precios… Hoy el que tiene 50 años debe ser la tercera generación que laburó algodón, quebracho, y mandaron a sus hijos a estudiar, y hoy son los médicos, los abogados… La gente del campo no terminó la secundaria… ni la primaria (Entrevista a integrantes de ACINA en Villa Ocampo, mayo 2025).
Estas memorias no son solo recuerdos individuales: configuran una historia colectiva del despojo que permite reinterpretar críticamente las formas actuales de ocupación y conservación. El testimonio citado da cuenta de cómo, en el interior del humedal del Jaaukanigás, persisten formas de habitar y producir que no solo resisten el avance del agronegocio y sus consecuencias ambientales, sino que también cuestionan activamente los modelos impuestos desde lógicas externas al territorio que se desarrollaron históricamente y aún hoy persisten.
La agroecología, la pesca artesanal, la cría de animales a pequeña escala y la organización comunitaria frente a las fumigaciones muestran que existen otras maneras de vivir y sostener el territorio, que entran en tensión con los discursos dominantes sobre desarrollo y sustentabilidad.
Sin embargo, estas formas de vida no enfrentan únicamente el avance de los monocultivos y los modelos de producción intensiva, sino también nuevas modalidades de intervención territorial basadas en el discurso de la conservación.
En distintos contextos latinoamericanos, los discursos sobre la conservación y el turismo sustentable han operado como formas de ecogubernamentalidad (Donato, Escobar, Escobar, Pazmiño y Ulloa, 2007), en las que las políticas ambientales y los programas ecoturísticos producen sujetos “ambientalizados” y reconfiguran territorialidades bajo lógicas de valorización económica y control estatal o corporativo. Desde la perspectiva (Ulloa et al., 2007), el ecoturismo y la conservación en Jaaukanigás pueden entenderse como prácticas de gobierno ambiental que modelan comportamientos y redefinen pertenencias territoriales. Bajo la retórica de la sustentabilidad, se promueve la figura del ‘habitante responsable’ o del ‘turista consciente’, mientras se restringen o criminalizan prácticas tradicionales como la pesca o la caza de subsistencia. De este modo, el control ambiental opera no solo sobre los ecosistemas, sino también sobre las formas locales de vida, de trabajo y de movilidad. Es decir, estas políticas globales de conservación también se sostienen en narrativas que presentan a los pueblos locales como guardianes de la naturaleza, al tiempo que imponen regulaciones sobre sus prácticas y saberes (Ulloa, 2012).
Siguendo a Montenegro-Perini (2022) las iniciativas de ecoturismo impulsadas como alternativas a un conflicto (territorial, ambiental, climático, social, etc.) reproducen desigualdades y jerarquías territoriales. Asimismo, tienden a concentrar el poder de decisión en el Estado y en ONG internacionales -como se menciona en este artículo-, desplazando a los pobladores de los procesos de gestión (Acosta Felquer, 2022). Desde esta perspectiva, el caso de Jaaukanigás puede leerse como parte de un entramado regional donde las nociones de naturaleza prístina y ecoturismo responsable encubren nuevas formas de apropiación del territorio y de desposesión simbólica de sus habitantes históricos. En lo que sigue, nos detenemos en el análisis de las propuestas turísticas impulsadas en la región, en particular aquellas que -bajo el paradigma del turismo sustentable y modalidades ecoturísticas- promueven la valorización del humedal como paisaje natural, muchas veces en detrimento de quienes históricamente lo han habitado, trabajado y defendido.
Turismo y conservación: discursos, actores y exclusiones
Jaaukanigás. Así lo llamaron los originarios abipones. El término significa ‘gente del agua’, y evoca a esta etnia de canoeros desaparecida en el violento proceso de colonización española. Este precioso ambiente natural fue declarado en 2001 a nivel mundial Sitio Ramsar (es una convención para preservar “joyas” naturales de agua dulce). Desde entonces es estudiado por especialistas, se creó un Comité Intersectorial de Manejo y desde el Gobierno provincial promueven el ecoturismo sustentable, con visitas, recorridas con guías, gastronomía y alojamiento en paisajes llenos de encanto. En la visita a la zona se puede disfrutar el avistaje de aves, flora y fauna de distintas especies, entre las que se destacan la gran cantidad de monos y yacarés. Los registros fotográficos y en video son fascinantes, pero no superan la magnificente sensación que provoca habitar el lugar y respirar naturaleza (El Litoral, 2023)2
Así es como comienza una de las notas publicadas en el Diario El Litoral -junto con otras que describen a las localidades que integran al Jaaukanigás como parte de un “tesoro natural santafesino”- con el objetivo de visibilizar esta zona como un área turística de excelencia donde la flora y fauna son su principal y único -según la valoración de los operadores turísticos con los que hemos conversado- atractivo.
En relación con los espacios dedicados a esta actividad, consideramos esencial subrayar algunos aspectos fundamentales para la propuesta de conservación del humedal mediante prácticas ecoturísticas. Uno de los sitios, destinado para cabañas y paseos náuticos en Villa Ocampo, conserva esta impronta donde se combina la historia de La Forestal con el sitio Ramsar. Al entrar se puede observar el edificio principal, donde funciona el comedor para los visitantes con fotografías y mapas que muestran el territorio ocupado por la curtiembre y como fue el proceso de recuperación de las infraestructuras del lugar para su reconversión turística. El emprendimiento, gestionado por dos hermanos y sus familias, se desarrolla en los terrenos que heredaron de sus padres, quienes, al irse de Rosario, compraron estas tierras. Tal como cuenta uno de los familiares, los padres, durante su recorrido, “vieron las ruinas y la chimenea de la curtiembre San Vicente, que estaba abandonada y en venta” (entrevista a operador turístico del complejo de cabañas de Villa Ocampo, mayo 2025). Así transformaron estas ruinas en un lugar turístico y gastronómico, mediante la restauración de los piletones utilizados antiguamente para curtir los cueros, en seis cabañas para recibir hasta cuatro turistas en cada una:
Ellos aprovecharon incluso esos pozos para hacer en esos pozos las piezas, que te digo que quedaron de lujo. Nadie se imagina que en un pozo donde curtían cueros harían una habitación hermosa, luminosa, con vistas al río, es precioso. Y bueno, pero eso les pasó después de muchos años. Ellos hicieron eso cuando ya eran muchachos de 25, 30 años. Digamos que toda su infancia fue vivir en este lugar, dedicarse a la caza, a la pesca. Han pasado épocas terribles de miseria total, me contaban donde no tenían nada, pero nada de nada para comer, porque el papá hizo malos negocios, tuvieron animales, se fundieron, tuvieron que vender campos. Así que ellos también se han reconvertido (entrevista a operador del complejo de cabañas de Villa Ocampo, mayo 2025).
A partir de eso, construyeron ocho cabañas, tienen una lancha para realizar visitas por el río Paraná Mini, kayaks para los turistas y un paisaje que se encuentra en un territorio histórico vinculado a la explotación forestal, con infraestructuras que permanecen intactas, como la administración principal de la curtiembre y la chimenea, en un área natural “donde vive una familia de monos carayá y se pueden ver lobitos de río, además de escuchar los pájaros todo el día (…) que comen los mamones que yo uso para hacer dulces” (ídem). Frente al río se pueden observar las islas utilizadas para trasladar el ganado a pastar. Además, se ha construido un nuevo puente para facilitar el paso hacia ese sector durante la temporada de inundaciones, permitiendo así el traslado del ganado sin mayores dificultades. Este desarrollo se enmarca en un proyecto mayor que busca reactivar el puerto Ocampo, ubicado a orillas del río Paraná, y potenciar la producción agroganadera en esta zona (Figura 2). En referencia a esto, y a la expansión agroganadera sobre este humedal, nos explicaba lo siguiente:
Ahora ves campos con girasol, campos con maíz, campos con trigo. O sea, lo bueno es que no ves solo soja, como que hay una diversidad de cultivos. Y lo que sí hay mucho es ganadería. Casi todos tienen animales. Pero te digo, cruzas el puente y hay animales por todos lados. Las personas en la isla tienen muchísimos animales y en los campos de alrededores también. Eso está muy bueno. Que casi todos tienen feedlot ahora. Hay zonas donde se inunda, cuando viene la creciente el agua sube y quedan todos los campos de la isla, tienen que sacar todos los animales. Ahora porque está ese puente y los van a poder cruzar por ahí arriba, pero en la última creciente que fue hace 2 años veías las tropas cruzar por el río. (…) El puente se inauguró el año pasado, en el mes de noviembre, habrá llevado 2, 3 años de construcción y bueno, la realidad es que a veces uno lo mira y parece un puente demasiado importante para hacer solamente un cruce desde acá. Y uno diría, ¿para qué tanto puente? Llevó muchísimo tiempo y seguramente dinero también, pero yo creo que a los isleros les va a ayudar mucho (entrevista a operador del complejo de cabañas de Villa Ocampo, mayo 2025).

Figura 2. Puente construido sobre el Paraná Mini. Fuente: fotografía propia tomada durante el trabajo de campo, Villa Ocampo, mayo 2025.
Cabe destacar que los isleños son medianos y grandes productores que viven en el casco urbano y llevan a sus animales a las islas, dado que allí acceden al agua y las pasturas necesarias para la cría y engorde del ganado. Es importante mencionar que la construcción de este puente, y los nuevos que se vienen realizando en a la zona, han transformado abruptamente el paisaje para lo cual desmontaron y destruyeron ejemplares de flora propios y añosos en el área, produciendo un impacto directo a la fauna local que no puede transitar por los montes dadas dichas alteraciones, junto con las extensiones de tierras utilizadas para la agroganadería o emprendimientos turísticos privados (Figura 3).
Camino que va al Paraná, a unos 5 km antes del Paraná, hay unas cabañas ‘El Amanecer del Virá Pitá’ pero en este momento me dijeron que el hombre ya se está como cansando de tener el río muy cerca y el tema de las crecientes y se está por empezar a dedicar a otra cosa que es la ganadería. Lo que sí hay es muchos emprendimientos acá turísticos, siguiendo por este camino hay todas casas de fin de semana, digamos, que tienen salida al río y se alquilan. Algunas se han convertido en hoteles (entrevista a operador del del complejo de cabañas de Villa Ocampo, mayo 2025).

Figura 3. Construcción de nuevos puentes en áreas desmontadas, adyacentes a reservas privadas y municipales, que conectan con el Río Paraná. Fuente: fotografía propia tomada durante el trabajo de campo, Villa Ocampo, mayo 2025.
Ello, a su vez, afecta las prácticas de subsistencia de los habitantes locales que históricamente se han dedicado a actividades tradicionales como la pesca, caza y recolección y que, en los últimos años, vieron cercenada la posibilidad de acceder libremente a dichos espacios, en los que además son permanentemente criminalizados y estigmatizados:
Acá, por más que digan que es un Sitio Ramsar, área protegida, nadie protege nada acá, no hay ningún marco. Acá siguen cazando. Han llevado gente a pasear en lancha y han encontrado un yacaré muerto. O sea, ¿qué área protegida? Es la gente, los cazadores, los pobladores, los que todavía parece mentira, pero no entendieron que se vive de esto, se vive de la gente que viene a ver fauna. Hace un par de semanas a un hombre de acá del pueblito Isleta, que es cazador y pescador, lo mordió un yacaré. Algo insólito, algo que nunca había pasado. Fueron con su piragua, andaban pescando en una zona muy baja, no vieron que la piragua se fue arriba de un yacaré, los tiró al agua y al apostarse, bueno, le muerde el brazo. Uff... todo un drama, ‘pobre señor’… pero el señor es uno de los peores depredadores de la zona. (…) y nosotros tuvimos que poner carteles ahí en la entrada, en la bajada de lancha también, porque viene cualquiera, no importa que sea un predio que sea privado, entraban autos, motos, todo se ponen a pescar acá en la costa. Con esa historia de que el río es público. Claro. Bueno, río es público, pero esto es una propiedad privada. Traes gente para que vea que todo esto y… Todo sucio, todo contaminado. Eso nos cuesta todavía hacerle entender a la gente (entrevista a operador del complejo de cabañas de Villa Ocampo, mayo 2025).
Tal como hemos visto a lo largo de estas entrevistas no solo existe una reivindicación y nula problematización sobre la expansión de la industria agroganadera de la zona que junto con las infraestructuras viales transforman y contaminan estos territorios, sino que, existe una permanente estigmatización a los habitantes locales y sus prácticas de subsistencia y esparcimiento, dado que ‘alteran la biodiversidad del humedal’. Tampoco en sus discursos y prácticas prima una crítica contra las actividades extractivas forestales. Por ejemplo, las dos cabañas con capacidad para doce personas fueron construidas con quebrachos de la provincia del Chaco:
Las cabañas son en el exterior y lo único que resiste es el quebracho. No es lo ideal, a mí no me gusta para nada la idea, es como que uno dice, ‘y es quebracho… Es de los pocos montes que deben quedar de quebracho’, pero en el Chaco existe el aserradero habilitado y no lo podés creer porque decís, ‘¿y se vende?, sí, se vende la madera’… las pasarelas de la reserva también están hechas de quebracho. Parece mentira, pero se sigue usando. Se sigue vendiendo (…) Como todo progreso trae también su parte fea de destrucción (entrevista a operador del complejo de cabañas de Villa Ocampo, mayo 2025).
Similar fue el discurso de uno de los dueños de cuarta generación que heredó estas tierras que estaban atravesadas por las vías y alteos3 construidos por La Forestal, donde crearon la reserva privada de Villa Ocampo, en el cual se mantiene un parche de bosque con senderos para recorrer. Dicho territorio había formado parte de un comodato municipal a partir del cual se nombró al espacio como reserva. En ella se construyeron pasarelas y cartelería adecuadas para recibir visitas turísticas, pero por diferencias entre la administración municipal y los dueños de las tierras, volvió a manos de los privados y ahora se cobra entrada para que los visitantes recorran junto a guías este espacio. Allí se puede encontrar una variedad de plantas, hacer avistaje de aves, monos Carayá y yacarés, además de realizar paseos náuticos en lancha y donde, según nos comentó su dueño, se encuentra un sitio arqueológico del pueblo Abipón donde se hallaron restos de artefactos. Sus dueños también poseen hectáreas en la zona de isla donde crían ganado gracias a los pastizales que allí se encuentran. Ahora bien, el problema de sus responsables radica en el vínculo con la gente local, que accede a las costas de la reserva privada para pescar:
Yo tuve que dejar el bloque de aquel lado, qué bueno, ahora está la obra [se refiere a la construcción de un segundo puente vial de la Figura 4, que se está edificando para conectar esta zona con el río Paraná y motorizar la reconstrucción del Puerto Ocampo] y se sacó todo el monte (…) todavía lucho con eso de acceso público que yo no le niego el ingreso, pero yo vengo con una escuela o con turistas acá y tengo que correrme porque vienen a pescar… Entonces ese el conflicto que estamos teniendo (…) La gente que viene son de bajo recursos o de nivel, que no tienen recursos, son con los que tenemos ese tipo de problema (…) te dejan las botellas de Toro Viejo, o te dejan un fuego en la base de un árbol o vienen con la mujer y te dejan el pañal” (Entrevista a propietario de la reserva privada de Villa Ocampo, mayo 2025).
Tal como vemos en estos relatos, las propuestas vinculadas a la conservación del territorio y promoción de ello para actividades ecoturísticas, excluye, pero fundamentalmente criminaliza, a las poblaciones locales que intentan acceder a las costas del río para realizar prácticas de subsistencia en un espacio que ahora se encuentra privatizado.
En una visita a la reserva de Florencia, durante la recorrida que realizamos junto a trabajadores del área ambiental y de producción, nos contaban entusiasmados qué tipo de aves, plantas medicinales, nativas, tucanes y monos podían encontrarse en el lugar. Sin embargo, de manera recurrente, emergía la denuncia y la crítica hacia la población local por utilizar esos espacios para la pesca y el pastoreo. Cabe destacar que la reserva de Florencia es un área atravesada por el río Tapenagá, que conforma una de las principales cuencas intervenidas en el Plan Director de los Bajos Submeridionales, elaborado en 2018. A través de esta planificación, se definieron obras de infraestructura y se creó el Comité Interjurisdiccional de la Región Hídrica de los Bajos Submeridionales (CIRHBAS), conformado por las provincias de Santiago del Estero, Chaco y Santa Fe, junto con el gobierno nacional. El objetivo era ordenar y manejar los territorios y los flujos de agua y transporte en la región.
Es importante mencionar que el Tapenagá tiene una larga historia de intervenciones que se remonta al año 1975, cuando se creó el Plan General de Manejo que proyectaba obras regionales. Dos años después, sin participación del gobierno nacional, las tres provincias firmaron un acuerdo que dio lugar a la Comisión de Supervisión y Coordinación del Plan Matriz de Obras para la región. En 1982 se aprobaron las obras para aumentar el caudal del Tapenagá, el Paraná y la línea Golondrinas; y en 1986 se lanzó el Programa de los Bajos Submeridionales (PROBASU), aunque las inundaciones continuaron afectando a la región hasta la actualidad (Rohrmann, 2023).
En tal sentido, gran parte de las obras planificadas sobre este territorio evidencian impactos significativos en los territorios atravesados por este río (Castilla y Álvarez, 2024), fundamentalmente en las provincias del Chaco y Santa Fe, donde el caudal ha disminuido notablemente, y áreas que antes formaban parte del humedal hoy se encuentran desertificadas.
Justamente, durante nuestra recorrida por la reserva, nuestros interlocutores manifestaban sorpresa por el aumento del nivel de la cuenca, producto de fuertes lluvias e inundaciones recientes en la provincia del Chaco. Sin embargo, al recordar su niñez en el lugar, el Tapenagá aparecía en sus relatos como un río caudaloso:
El río hace años atrás tenía otra composición, otro crecimiento, otro nivel de agua. Era posible que entre un barco a vela… Era totalmente distinto y ahora cambió mucho. Ahora no entra ni una lancha acá en el paso acá. Ni con kayak se puede. Para que el río crezca, esto tiene que llover en el Chaco. Y bueno, ahora está creciendo, justamente acá un poquito, creció medio metro, justamente por eso, por la lluvia de estos días (Responsables ambientales en la reserva de Florencia, mayo 2025).
Dichas transformaciones impactaron no solo en la naturaleza y biodiversidad, sino también en las prácticas productivas de las personas que se abastecían de este río. A ello se suma que la búsqueda de conservación actual limita la posibilidad de llevar adelante estas actividades y cuando los encargados de estos lugares encuentran habitantes con redes, los denuncian a la guardia rural que secuestra las herramientas de trabajo y la cosecha adquirida por los habitantes. Uno de los integrantes nos comentaba que su familia se ha dedicado históricamente a esta práctica, y en ese mismo territorio se dedicaban a cosechar, cazar y pescar. Sin embargo, actualmente la reserva se encuentra en un área donde la urbanización de la población local avanza, sin ser incluida en este proyecto. De hecho, al ingresar a la reserva se encuentran dos viviendas en la entrada y una vivienda al interior donde un pequeño productor tiene su ganado que pastorea en esta área.
Desde el gobierno local se busca financiamiento para establecer un centro de monitoreo y guardia permanente, pero en ningún momento se ha elaborado un acuerdo para la concreción de un proyecto colectivo ambiental y preservación del lugar con los habitantes locales que usan y viven históricamente en este territorio. Por el contrario, en la recorrida, encontramos pescadores que fueron denunciados a la guardia rural, inclusive el abuelo de uno de ellos había sufrido el secuestro de redes, tal como contaron entre risas los entrevistados en la recorrida.
Otro de los municipios donde realizamos entrevistas fue Las Toscas, donde una funcionaria del área de turismo reiteró su postura contraria a las prácticas de subsistencia, a las que considera en oposición con las lógicas de conservación que promueve. Esta mirada no contempla el rol que le corresponde al Estado en la implementación de políticas inclusivas para estos sectores. En cambio, la principal propuesta consiste en fiscalizar, prohibir y concientizar frente a lo que se presenta como ‘depredación por ignorancia’:
Acá hace un par de añitos nomás, están empezando a ver al turismo como una alternativa económica y desde la política local se maneja la preservación del sitio, o sea, el foco está en el ecoturismo, en la preservación. Cada vez se viene hablando más de un cuidado porque, a ver… acá va mutando la idiosincrasia de la sociedad porque, por ejemplo, acá no hay carpinchos, no los ves. ¿Pero no lo ves por qué? Porque los liquidan, ¿entendés? O sea, porque se los comen. O sea, es un negocio, pero porque sí son depredadores, pero desde la ignorancia ¿se entiende?, o sea, lo mismo pasa con la pesca, por ahí recién ahora, hace un par de años, la pesca se vuelve deportiva con devolución… O sea, van, pesca, cada una pesca lo que quiere, como quiere, vienen, te lo venden, te cobran más o menos así, no, no hay traslado, no hay nada. Claro. No hay bromatología, no hay nada, es totalmente clandestino, artesanal [se ríe] y por ahí viene la guardia rural e interviene y le sacan las cosas y queda en la nada. Estamos trabajando en eso, en la concientización, pero queda en la nada (Entrevista realizada a funcionaria de turismo de las Toscas, mayo 2025).
Ahora bien, la propuesta ecoturística, además de excluir a la población local, controlar y limitar sus actividades de subsistencia, tampoco promueve otras estrategias como la recuperación de edificios históricos que pueden ser utilizados, junto con los habitantes locales, como un espacio de visita y disfrute. Por el contrario, la propuesta de visita en la zona es conocer, desde afuera, el ingenio de Las Toscas, que es un espacio abandonado, con chatarra y basura, donde hay habitantes tomando el espacio de manera ilegal y visitar el barrio donde habitan comunidades indígenas, sin gestar una estrategia de inclusión de dichos actores (Figura 4).

Figura 4. escombros del viejo ingenio azucarero en Las Toscas. Fuente: fotografía tomada durante trabajo de campo, Las Toscas, mayo 2025.
El ecoturismo, tal como lo hemos venido describiendo, propone observar las particularidades del lugar -entre ellas, a las comunidades indígenas y los edificios abandonados- como atractivos exóticos, sin incluir efectivamente a estas comunidades ni pensar propuestas acordes a sus formas de vida. Por el contrario, se las presenta como ignorantes y contaminadoras del entorno. Cuando consultamos a una funcionaria de Turismo sobre la posibilidad de articular con las comunidades indígenas, su respuesta fue la siguiente:
Hicimos un territorio productivo, rural, la idea en el barrio Aborigen era para que el barrio vaya, pero no quieren trabajar, quieren que vos le pagues. El barrio aborigen quedó ahí y nosotros con la parte turística pasamos nomás (…) ellos están ahí, casi sueltos (…) trajimos artesanos de resistencia también para que aprendan a hacer artesanías y quedó ahí [se ríe] (Entrevista realizada a funcionaria de turismo de las Toscas, mayo 2025).
Sin embargo, sobre la curtiembre que está radicada en esta zona y genera un grave impacto ambiental como mencionamos anteriormente, esto no fue problematizado por esta funcionaria como sí lo fueron las prácticas de subsistencia de los sectores vulnerados. De hecho, en su relato comentó las diferentes estrategias implementadas desde el gobierno local para acompañar la producción de esta industria en la localidad, al igual que la producción ganadera en la zona. En la entrevista, le consultamos sobre transformaciones por ella percibidas desde que era pequeña hasta la actualidad y en su relato, la transformación del espacio producto de la intervención humana y las prácticas productivas vinculadas a la agroganaderia aparecían como una ventaja comparativa respecto a un pasado “salvaje y silvestre”:
No me acuerdo tanto de cuando era chica, pero me acuerdo de que era como mucho más salvaje. Ahora es como que está más humanizado. La gente fue llegando y la zona agrícola, ganadera. O sea, tenés muchos puestos, que antes no había, era todo silvestre (Entrevista realizada a funcionaria de turismo de las Toscas, mayo 2025).
Tal como hemos visto a lo largo de este apartado, mientras se promueve la supuesta conservación de la biodiversidad, se criminalizan prácticas de subsistencia históricas que han sostenido el humedal y promueven una habitabilidad en estos territorios hidrosociales, sin contaminación, devastación y acaparamiento de los bienes comunes. La conservación que se impulsa en el Jaaukanigás no implica un corrimiento del extractivismo, sino su reconfiguración bajo nuevos lenguajes y alianzas. Lejos de ser actores pasivos, los gobiernos municipales y provinciales no solo habilitan estos modelos de conservación extractiva, sino que los promueven activamente mediante ordenanzas, proyectos turísticos y alianzas con actores privados, en desmedro de las prácticas y derechos de las comunidades locales.
El despojo conservacionista, la invisibilización de habitantes y alternativas locales
Tal como comentamos, en nuestro trabajo de campo en la zona participamos del 5° Foro Nacional de Humedales, donde pudimos ver diferentes argumentaciones que revalidan a este territorio hidrosocial como un espacio factible de ser explotado turísticamente. Gran parte de las argumentaciones hacían foco en la preservación y conservación del humedal, sitio Ramsar, sin cuestionar las prácticas extractivas y lógicas de apropiación y acaparamiento del territorio, como las que mencionamos a lo largo de nuestro trabajo. Dicho foro, no solo no problematiza la implementación de infraestructuras que transforman los paisajes, como el caso de los puentes realizados en Villa Ocampo para poder activar el puerto a orillas del Paraná, mediante la deforestación y alteración del espacio, si no tampoco las canalizaciones y represas ilegales que se vienen haciendo en el norte de la provincia en el área que comprende a los Bajos Submeridionales, cuyas cuencas desembocan en el área Jaaukanigás, como el caso del Tapenagá antes mencionado.
Junto con ello, no se problematiza la ausencia de actores locales en estos proyectos y se presenta a la región como un paisaje natural deshabitado. Una de las presentaciones convocadas en el Foro fue la de un integrante de la Fundación Rewilding, que trabaja en el Parque Iberá, en la provincia de Corrientes, y que relató la experiencia que desarrollan en la “preservación del humedal”.
Lejos de generar sorpresa o debate entre los asistentes, su exposición comenzó con una diapositiva titulada ‘Defaunación histórica’, en la que se hacía referencia a la pérdida de especies animales, pero la imagen que acompañaba era una pintura de la colonización europea de América. Este gesto gráfico no fue presentado como una ironía, sino como parte del relato institucional. Así, la defaunación histórica no solo alude a la pérdida de fauna, sino que -sin ser tematizada de forma explícita- expone también una pérdida de humanidad: una lógica de borramiento que excluye a los habitantes locales de cualquier proyecto de conservación, reinstalando discursos evolucionistas donde los habitantes locales eran considerados animales salvajes de estas tierras frente al blanco europeo. Es de destacar que, mientras la fundación afirma trabajar sobre procesos históricos de deterioro ambiental, su enfoque se centra exclusivamente en la restauración de especies animales, omitiendo cualquier reconstrucción o reconocimiento del vínculo entre las comunidades locales y los ecosistemas. De este modo, se consolida una idea de naturaleza sin gente, donde las poblaciones humanas son vistas como una amenaza a la biodiversidad y no como parte constitutiva del humedal.
Los casos presentados muestran que el modelo ecoturístico de conservación impulsado en el Jaaukanigás no es neutro ni despolitizado: se apoya en formas de intervención estatal y privada que continúan los patrones extractivos bajo nuevas narrativas. En nombre del turismo sustentable y la valorización ambiental, se consolidan procesos de exclusión territorial y deslegitimación de saberes y usos históricos del humedal. Lejos de reconocer a las poblaciones locales como parte constitutiva del paisaje, los discursos conservacionistas tienden a estetizar lo natural y folklorizar lo humano. La figura del humedal como espacio vacío o naturalmente puro permite legitimar proyectos de conservación excluyentes que, al borrar a sus habitantes, borran también sus derechos.
‘Conservar sin comunidad’ se vuelve aquí una operación técnica, política y simbólica que borra a quienes habitan, producen y defienden el territorio desde hace generaciones. Tal como conversamos con un pequeño productor de la zona, la disputa no es por la conservación del humedal para la promoción turística, sino por el control del territorio:
El tema del Jaaukanigás son diferentes cosas. Ahí tenés negocios privados adentro. Esa es una, y después ahí es donde nosotros empezamos a pensar con los pescadores… si controlas la costa, controlas algo jodido, digo… El paso de la droga, por ejemplo, y otras cosas. Controlar la costa del río te da la posibilidad del trabajo en negro… el robo de las vacas entra y sale por acá… No tenés otro lugar. Yo creo que es más por eso… Porque encima son contradictorios, te hacen un puente para pasar el Paraná Mini que no era para tanto.
Ahí entra combustible en negro, entra alguna que otra cosa más. Dicho por los pescadores, ¿no? Lo mismo pasa en Florencia, en el puerto Píracua. Hay una disputa fuerte por quien controla… hay muchos productores que tenían su ganado en Villa Ana y compraron en la isla para llevar esas vacas a la zona del río. Personas que nunca vieron una vaca en su vida… es el control de la costa (Pequeño productor campesino de Villa Ocampo, mayo 2025).
Frente a este escenario, urge preguntarnos: ¿quién tiene derecho a acceder al territorio?, ¿es posible construir alternativas de conservación que no reproduzcan el despojo?, ¿qué formas de gestión territorial pueden integrar las memorias, saberes y prácticas locales como parte de un futuro común? Las respuestas, seguramente, no vendrán solo desde los mapas o los diagnósticos técnicos, sino desde las voces que resisten, organizan y luchan por seguir habitando estos territorios hidrosociales. Frente a ello, este mismo pequeño productor campesino trabaja de manera organizada junto a los pescadores de la zona, no solo para sostener el uso y acceso a las costas y las prácticas históricas de subsistencia, sino también para proyectar un modelo de territorio que incluya estas realidades locales en un contexto de crisis socioeconómica y ambiental:
Y nosotros con una comunidad de pescadores de acá que están en el centro, somos los que disputamos por quedarnos y peleamos para que les sigan haciendo el carnet. Porque para desplazarlos primero hacen una cooperativa fantasma con pescadores que no son del río. Acá había creado la municipalidad, uno con pescadores de costa, una cooperativa y le bajó un montón, le bajó cámara, le bajó una camioneta. Y en 5 años desapareció todo lo que eran pescadores de acá. Y ahora los pescadores con carnet habilitado logramos hacer una articulación y están ahí. Acá con carnet tenés 16 o 17 pescadores, y después tenés muchos pescadores de costa. Los que se quedaron de este lado de la ruta, se quedaron por el río, no se quedaron por otra cosa. Entonces, digo, ahí está la disputa territorial (Pequeño productor campesino de Villa Ocampo, mayo 2025).
Tal como podemos observar, en escenarios de desigualdad y exclusión, igualmente emerge la organización y resistencia frente a los modelos de apropiación y contaminación, en torno a estrategias pensadas y gestadas por los habitantes locales. Retomando el caso de Hardy antes mencionado -ubicado entre la zona donde se encuentra la reserva de Florencia y la localidad de Las Toscas, donde está el ingenio abandonado y la curtiembre denunciada por contaminar las cuencas hídricas con metales pesados-, las mujeres organizadas que denuncian las fumigaciones con agrotóxicos en los campos de algodón que rodean sus viviendas, han creado una cooperativa de trabajo:
Organizamos un grupo de mujeres rurales y combatimos con todo eso. Yo creo que el Jaaukanigás… hay que ver la forma como se piensa en el turismo, porque no se piensa en estas cuestiones de la contaminación. Nosotros no podemos tener huerta, tenemos semilla, pero es imposible… Ahora, por medio del área de género conseguimos un proyecto y estimulamos la producción de gallinas ponedoras y pollos parrilleros, y estamos trabajando. Bueno, imagínate nos dieron un proyecto que favoreció a 10 mujeres y por ejemplo se le repartió en primera parte del proyecto 10 pollos parrilleros con su alimento, así que están chochas porque aparte con la situación económica, todo es para el autoconsumo y venta (Integrante del grupo de mujeres rurales y paren de fumigarnos de Hardy, mayo 2025).
Entendemos que no se trata únicamente de diseñar un proyecto turístico junto a las poblaciones locales y en territorios ambientalmente conservados y libres de contaminación, sino también de incorporar la recuperación y problematización de su historia, que atraviesa de manera ineludible las trayectorias de quienes habitan la región. Como mencionamos a lo largo de nuestro trabajo, la propuesta ecoturística de la zona incluye la visita al sitio Ramsar Jaaukanigás, pero también a los pueblos forestales e ingenios que formaron parte del entramado productivo regional. Sin embargo, gran parte de estas infraestructuras se encuentran hoy en estado ruinoso, habitadas por pobladores locales sin acceso a una vivienda digna, en condiciones de insalubridad y riesgo.
Lejos de proponerse una iniciativa que incluya a sus extrabajadores -muchos de los cuales, atravesados por un “constante proceso de duelo”, según nos refirió un ex obrero del ingenio azucarero (notas de campo, mayo 2025)-, estos espacios se promocionan sin su participación ni reconocimiento, salvo en unos pocos casos. Así, se invisibilizan trayectorias fundamentales para comprender la historia social, económica y territorial de la región:
Hay una reconversión muy fuerte hoy. Hoy todavía hay productores cañeros viejos que no paran de llorar porque están de duelo todavía… Y es lógico, le sacaron algo que ellos vieron hacer a su abuelo, a su padre y hacían ellos. De golpe le dijeron, ‘Vos, no hacés más esto’. Los obreros del ingenio… acá tenía había ٣٠٠, ٤٠٠ obreros, allá ٢٠٠. Esas familias que han se han criado también, abuelos, padres, hijos, en el ingenio y de golpe… y hoy la reconversión es a kilos de carne. Pero tengo algunos veteranos… Hay uno que me dijo, ‘vos sabés que yo sueño que escucho, que viene el camión a cargarme’… Es un duelo tremendo (…) de repente se empezaron a apagar las luces, a apagar y a apagar (…) Y bueno, en cierta medida se venía de la historia de La Forestal, que fue otra la cuestión. Hay gente que todavía llora La Forestal. Gente grande que llora (…) Lo emotivo y lo sentimental con la economía no se llevan de acuerdo (…) las macroeconomías te acomodan para bien, para mal, te sacuden (extrabajador del ingenio azucarero y actual operador turístico en villa Ocampo, mayo 2025).
Nos resulta especialmente significativo retomar el caso de un ex trabajador del ingenio, quien, atravesado por el duelo que implicó dejar una actividad que su familia desarrolló durante tres generaciones -interrumpida por decisiones políticas y económicas-, encuentra en el turismo y la venta a pequeña escala de productos alcohólicos, miel, bioestimulantes, entre otros productos elaborados a base de caña, una nueva posibilidad de trabajo. Para él, este cultivo representa algo más que un medio de subsistencia: “es un vicio, la caña tiene un atractivo especial” (notas de campo, mayo de 2025).
La posibilidad de relatar a los visitantes esta historia económica local, desde un recuerdo emotivo, se convierte en un dispositivo que habilita repensar las estrategias de intervención territorial y las lógicas extractivas impuestas en estos paisajes. Allí donde las empresas -como La Forestal o los ingenios- se retiraron, quedaron luces apagadas y un sentimiento de duelo entre sus habitantes, tal como señala nuestro entrevistado.
Lo nuestro es caña, tierra, proceso agregado, canto, música (…) no es que viene gente todas las semanas, pero bueno, vamos haciendo de a poquito. Nos prestaron un trapichito chiquito, vamos a pasar una caña ahí para sacar el jugo. Así que le hacemos tomar el jugo directo de caña a los turistas. Con señoras grandes que vienen, hacemos concurso de quién trapichan más rato. Y después hacemos tragos y comida. Se sale con la gente a recorrer de noche con algunas lucecitas. Tengo hijos que hacen música, entonces se termina con un fogón. La gente dirá, esto es pequeñísimo, pero es lo nuestro (extrabajador del ingenio azucarero, Villa Ocampo, mayo 2025).
A lo largo de este trabajo mostramos cómo el humedal Jaaukanigás, lejos de ser un paisaje natural vacío, es un territorio atravesado por memorias de explotación, prácticas de subsistencia, vínculos afectivos y luchas por la permanencia. La transformación de estos espacios en destinos turísticos y reservas ecológicas no implica una ruptura con el pasado extractivo, sino su actualización bajo nuevas formas de valorización y despojo. El discurso de la conservación -presentado como neutro y técnico- funciona como una herramienta de reorganización territorial que legitima el cercamiento, la exclusión y el silenciamiento de las poblaciones locales.
En este proceso, el Estado, los municipios, fundaciones y actores privados actúan de manera articulada para consolidar un modelo de desarrollo sustentado en la acumulación por desposesión. Las políticas públicas, en lugar de revertir las desigualdades históricas, muchas veces las reproducen al promover un modelo de conservación tecnificado y mercantil, alineado con los intereses de fundaciones privadas y actores turísticos. Frente a ello, las prácticas agroecológicas, la pesca artesanal, la organización comunitaria y la memoria viva de quienes habitan el humedal se configuran como formas de resistencia y defensa de otras maneras de habitar y cuidar el territorio. Estas prácticas locales no solo sostienen la vida, sino que también constituyen formas legítimas -aunque sistemáticamente negadas- de conservación en y desde el territorio. ¿Es posible pensar en una conservación con comunidad, que no excluya ni estetice a sus habitantes? ¿Qué formas de gestión del agua y del territorio pueden garantizar justicia ambiental y arraigo frente al avance de los monocultivos, el turismo elitista y el acaparamiento del territorio hidrosocial? Estas preguntas no pueden ser respondidas sin escuchar a quienes, desde hace generaciones, han vivido y hecho del humedal su lugar de pertenencia.
Reflexiones finales
A lo largo de este trabajo, sustentado empíricamente sobre el trabajo de campo efectuado entre 2023 y 2025 y consolidado en una trayectoria de investigación en la región que abarca más de una década, nos propusimos investigar los sentidos y disputas que se gestan alrededor de los proyectos de conservación y ecoturismo impulsados en el humedal Jaaukanigás. Este análisis incluyó a los actores, discursos y políticas que configuran dichos proyectos, así como las tensiones que generan con las comunidades que han habitado, trabajado y cuidado históricamente este territorio.
Desde el enfoque propuesto por la ecología política, la geografía crítica y una estrategia metodológica centrada en entrevistas, observación participante y reconstrucción histórica, pudimos evidenciar que la conservación que se impulsa en la región no implica un corrimiento del extractivismo, sino su reconfiguración bajo nuevos lenguajes y alianzas. En nombre de la “preservación” y el “desarrollo sustentable”, se promueven formas de apropiación y valorización del territorio que excluyen a las poblaciones locales, estetizan el paisaje y folklorizan las memorias, como quedó en evidencia en las referencias a la llamada “defaunación histórica”.
Más que una equiparación conceptual entre turismo y extractivismo, a lo largo del artículo nos propusimos describir de qué manera determinadas prácticas de ecoturismo, en el caso del Jaaukanigás, reproducen lógicas extractivas: privatización de accesos, apropiación de paisajes y exclusión de pobladores locales. Esta lectura se apoya en testimonios y observaciones de campo, que evidencian cómo el discurso de la conservación se articula con formas contemporáneas de acumulación.
En tal sentido, tal como hemos reconstruido, las propuestas ecoturísticas -muchas veces gestadas desde el ámbito privado y con el acompañamiento estatal- construyen una idea de naturaleza vacía, desvinculada de las trayectorias afectivas, productivas y políticas que constituyen al humedal. En este proceso, se criminalizan prácticas de subsistencia como la pesca artesanal, la recolección o la ganadería a pequeña escala, al tiempo que se invisibilizan los impactos reales de actividades como el agronegocio, la industria curtidora o la ganadería intensiva, las cuales, como mostramos, son naturalizadas o incluso promovidas por los gobiernos locales.
Lejos de conservar con y desde las comunidades, observamos que las políticas públicas y los emprendimientos privados tienden a estetizar el paisaje y folklorizar a sus habitantes, reforzando procesos de despojo territorial. La conservación sin comunidad se consolida, así como una operación técnica, política y simbólica que, al tiempo que niega el rol histórico de quienes habitan el humedal, legitima procesos de cercamiento, desposesión y control territorial. No se trata únicamente de un conflicto por los recursos naturales, sino de una disputa profunda por los sentidos del desarrollo, la justicia ambiental y el derecho a habitar.
Sin embargo, el trabajo de campo nos permitió visibilizar formas de resistencia, organización y propuesta que emergen desde abajo. Pequeños productores, pescadores, mujeres rurales y extrabajadores de los ingenios sostienen saberes, economías y vínculos comunitarios que desafían los modelos impuestos y que proponen alternativas concretas: ferias agroecológicas, turismo autogestionado, cooperativas, organización y denuncia por fumigaciones, prácticas de cuidado del agua y del territorio.
Revisitar y reconfigurar estos espacios desde las trayectorias de vida, las prácticas de subsistencia históricas y los saberes locales, articulando lo emocional con el conocimiento territorial, es una forma de concebir un proyecto ecoturístico con y en comunidad. Sin estas voces, la conservación seguirá operando como una herramienta funcional al despojo.
En este marco, y tal como insistimos a lo largo de este trabajo, resulta indispensable repensar estas estrategias de conservación junto con y para la comunidad, mediante el reconocimiento de sus habitantes como actores legítimos, valorando sus conocimientos y memorias, e incluyendo sus voces en la definición de políticas públicas. Una conservación que no borre la historia, sino que la recupere; que no convierta a los sujetos en obstáculos, sino en protagonistas de otro modo de habitar y cuidar el humedal. Esto implica revisar críticamente los marcos normativos, democratizar los espacios de toma de decisiones y garantizar el acceso equitativo al territorio y a los bienes comunes.
En síntesis, el análisis muestra que las políticas de conservación y ecoturismo en Jaaukanigás reeditan formas históricas de control territorial sobre los humedales, actualizando desigualdades y disputas por el acceso y uso del agua. Sin embargo, los pobladores locales despliegan prácticas de subsistencia y recreación que reponen memorias, afectos y modos alternativos de habitar el territorio. Este contrapunto permite pensar el humedal no sólo como un espacio ecológico, sino como un territorio político e histórico en permanente disputa.
Referencias
Acosta Felquer, M. A. (2022). El Comité Iberá como herramienta organizativa y de ejecución. Geograficando, 18(2), e117. https://doi.org/10.24215/2346898Xe117
Álvarez, A. (٢٠٢٣). Agronegocio y crisis hídrica en la cuenca del río Paraná. Cuadernos del CURIHAM, 11, 1-11. Centro Universitario Rosario de Investigaciones Hidroambientales.
ARLEI. (s.f.). Empresa. Recuperado de https://www.arlei.com/es/empresa-2/
Arroyo, A., y Boelens, R. (2013). Introducción: El agua fluye en dirección del poder. En A. Arroyo y R. Boelens (Eds.), Aguas robadas: Despojo hídrico y movilización social (pp. 17-26). Quito: Editorial Abya Yala.
Astelarra, S., De la Cal, V., y Domínguez, D. (2017). Conflictos en los Sitios Ramsar de Argentina: aportes para una ecología política de los humedales. Letras Verdes. Revista Latinoamericana de Estudios Socioambientales, (22), 228-247.
Aves Argentinas. (s.f.). Jaaukanigás. https://www.avesargentinas.org.ar/jaaukanigas
Ávila-García, P. (٢٠١٦). Hacia una ecología política del agua en Latinoamérica. Revista de Estudios Sociales, (55), 18-31.
Berge, E., y Van Laerhoven, F. (2011). Governing the Commons for two decades: A complex story. International Journal of the Commons, 5(2), 1-28. https://doi.org/10.18352/ijc.305
Boccioni, A. P. C., Lajmanovich, R. C., Repetti, M. R., Attademo, A. M. y Peltzer, P. M. (2025). Contaminación por plaguicidas en Sábalos (Prochilodus lineatus) del Río Salado: Riesgo alimentario para poblaciones vulnerables del litoral argentino. Revista Tecnología y Ciencia, (54), 65-79.
Boelens, R., Hoogesteger, J., Swyngedouw, E., Vos, J., y Wester, P. (2016). Hydrosocial territories: a political ecology perspective. Water International, 41(1), 1-14. https://doi.org/10.1080/02508060.2016.1134898
Bonaudo, M., Cragnolino, S., y Sonzogni, E. (1992). Poblamiento y desarrollo económico: tres experiencias de los ochenta. Revista de Historia, (3), 3-26.
Borras, S, Kay, Gómez y Wilkinson (2013). Acaparamiento de tierras y acumulación capitalista: aspectos clave en América Latina. Revista Interdisciplinaria de Estudios Agrarios, 38(1er semestre de 2013), 75–103. Retrieved from http://hdl.handle.net/1765/50476
Brac, M. (2006). La industria del quebracho colorado: Trabajo y vida cotidiana en los pueblos de La Forestal [Tesis de grado]. Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.
Clarín (2001, mayo, 8). Denuncian aumento de casos de cáncer en pueblos de Santa Fe. Recuperado de https://www.clarin.com/sociedad/denuncian-aumento-casos-cancer-pueblos-santa-fe_0_H1YGI7_lCFx.html
Castilla, M. I. (2018). Territorios y fronteras: procesos de apropiación del espacio simbólico y geográfico en las comunidades indígenas de Pampa del Indio, Chaco. Boletim do Museu Paraense Emílio Goeldi. Ciências Humanas, 13(3), 541-560.
Castilla, M. (2024). Extractivismo y expulsiones en las regiones Chaqueña y Metropolitana de Buenos Aires: una propuesta en el debate sobre migraciones y desplazamientos ambientales. Territorios, (51), 47-72.
Castilla, M., & Álvarez, Á. (2024). Infraestructuras y extractivismo en la región hídrica de los Bajos Submeridionales del Norte Grande, Argentina. Boletín de estudios geográficos, (122), 355-379.
Castilla, M., y Álvarez, Á. (2025). Agronegocio e ingenierías extractivistas en los bajos submeridionales, Argentina. Territorios Neoextractivos, (138), 138-154.
Donato, L., Escobar E., Escobar P., Pazmiño A. y Ulloa, A. (eds.) (2007). Mujeres indígenas, territorialidad y biodiversidad en el contexto latinoamericano. Colombia: Universidad Nacional de Colombia.
El Litoral. (2023, agosto 16). Jaaukanigás: turismo, conservación y tensiones en el humedal del norte santafesino. Recuperado de https://www.ellitoral.com/informacion-general/jaaukanigas-turismo-santa-fe-medioambiente-reserva_0_4SDqZ7qRDV.html
Giraudo, A. R. (2008). Sitio Ramsar Jaaukanigás: Biodiversidad, aspectos socioculturales y conservación (Río Paraná, Santa Fe, Argentina). Clímax (14).
Gomitolo, A. (2023). Turismo, conservación y extractivismo verde en América Latina. Revista de Estudios Sociales del Ambiente, 10(2), 45-60.
Gori, G. (1965). La Forestal: la tragedia del quebracho colorado. Buenos Aires: Editoriales Platina/Stilcograf.
Harvey, D. (2005). El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión. En Socialist Register 2004 (enero 2005). Buenos Aires: CLACSO.
Ibor, C. S., y Boelens, R. (2018). Gobernanza del agua y territorios hidrosociales: del análisis institucional a la ecología política. Cuadernos de Geografía de la Universitat de València, (101), 13-28.
Labunska, I., Brigden, K., Stringer, R., Johnston, P., Santillo, D., y Ashton, J. (2000). Identificación y trascendencia ambiental de contaminantes orgánicos y metales pesados asociados con la curtiembre Arlei SA, Las Toscas, Provincia de Santa Fe, Argentina 2000 [Informe técnico]. Universidad de Exeter: Laboratorios de Investigación de Greenpeace, Departamento de Ciencias Biológicas.
Lajmanovich, R. C., Peltzer, P. M., Attademo, A. M., Cabagna-Zenklusen, M. C., & Junges, C. M. (2012). Los agroquímicos y su impacto en los anfibios: un dilema de difícil solución. Química Viva, 11(3), 184-198.
Linton, J., y Budds, J. (2014). The hydrosocial cycle: Defining and mobilizing a relational-dialectical approach to water. Geoforum, 57, 170-180. https://doi.org/10.1016/j.geoforum.2013.10.008
Martín, F., y Larsimont, R. (2016). Agua, poder y desigualdad socioespacial. Un nuevo ciclo hidrosocial en Mendoza, Argentina (1990-2015). En Merlinsky, G. (comp.), Cartografías del Conflicto Ambiental en Argentina 2 (pp 31-53). Buenos Aires: Ediciones CICCUS. CLACSO.
Gaybor Secaira, A. (2010). Acumulación capitalista en el campo y despojo del agua. En Martínez, E., y Acosta, A. (comp.). Agua: Un derecho humano fundamental (pp. 47-66). Quito: Editorial Universitaria Abya Yala.
Masín, D. (2011). Villa Ocampo arde: la pueblada de 1969. Trabajo presentado en IX Jornadas de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.
Montenegro-Perini, I. (2022). Ecoturismo, campesinos, selva y residuos de guerra en la Amazonia colombiana: una mirada a través de la ecología afectiva. Revista CS, 36, 207–246. https://doi.org/10.18046/recs.i36.4785
Página12. (2001, mayo 4). Un pueblo contaminado con cromo. Recuperado de https://www.pagina12.com.ar/2001/01-05/01-05-04/pag19.htm
Pintos, P. A. (2024). Razón extractivista, geografías relacionales y conflictos de valoración. Geograficando, 20, 1-20.
Pintos, P. A., y Astelarra, S. (2023). Naturalezas neoliberales. Colección Chico Mendes, Serie Ciudades Futuras. Buenos Aires: Editorial El Colectivo.
Rohrmann, H. (2023). Crónicas hídricas: 1998, el último año que estuvimos en peligro. Resistencia (Argentina): ConTexto.
Schmidt, M., Toledo López, V., y Castilla, M. (2023). Hacia una cartografía de la conflictividad por agrotóxicos en las provincias de Chaco, Salta y Santiago del Estero, Argentina. Ciencia Digna, 3(1), 53-69.
Swyngedouw, E. (2005). Dispossessing H2O: The contested terrain of water privatization. Capitalism Nature Socialism, 16(1), 81-98.
Swyngedouw, E. (2009). The political economy and political ecology of the hydro‐social cycle. Journal of Contemporary Water Research & Education, 142(1), 56-60.
Trinchero, H. H. (2000). Los dominios del demonio: Civilización y barbarie en las fronteras de la nación. El Chaco central. Buenos Aires: Eudeba.
Ulloa, A. (2012). Los territorios indígenas en Colombia: de escenarios de apropiación transnacional a territorialidades alternativas. Scripta Nova, XVI(418). http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-418/sn-418-65.htm
Zarrilli, A. G. (2008). El oro rojo. La industria del tanino en la Argentina. Silva Lusitana, 16(2), 239-259.
Fecha de recepción: 23/06/25
Fecha de aceptación: 19/11/25
© ٢٠٢٥ por los autores; licencia otorgada a la Revista Universitaria de Geografía. Este artículo es de acceso abierto y distribuido bajo los términos y condiciones de una licencia Atribución-NoComercial 4.0 Argentina de Creative Commons. Para ver una copia de esta licencia, visite https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es
1 La Forestal es el nombre que se le daba a la Empresa Anglo-Argentina Tracción Forestal, una compañía británica que operó en el norte de Argentina, principalmente en la región de los bosques de quebracho en Chaco y Santa Fe, entre fines del siglo XIX y mediados del XX. Su actividad central era la explotación de bosques para obtener tanino, un producto utilizado en curtiembre de cueros, y madera. La empresa tuvo un gran impacto económico y social, ya que fundó pueblos y aldeas alrededor de sus plantas, controlaba viviendas, comercio, transporte, escuelas y hospitales para sus trabajadores. Sin embargo, también es conocida por las duras condiciones laborales, conflictos sindicales y represión de huelgas, especialmente en la década de 1920. Además, su explotación fue altamente depredadora del bosque chaqueño, causando deforestación masiva y dejando secuelas ambientales que en la actualidad se observan (Gori, 1965)
2 La expresión “ecoturismo sustentable”, tomada literalmente de la fuente periodística citada, resulta conceptualmente redundante. Su inclusión permite evidenciar cómo los discursos mediáticos y promocionales del turismo reproducen nociones de conservación y sustentabilidad sin problematizar sus fundamentos ni los impactos reales de estas prácticas.
3 Denominamos alteos a aquellas elevaciones del terreno de origen antrópico, generalmente resultantes de rellenos, acumulación de materiales o movimientos de suelo asociados a obras de infraestructura, actividades productivas o intervenciones territoriales.
° https://doi.org/10.52292/j.rug.2025.34.2.0090
* Universidad Nacional de La Matanza, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (UNLAM/CONICET). malenacastilla@gmail.com