Bienes patrimoniales e iniciativas turísticas.
Reconocimiento y valoración desde entrevistas a actores sociales de la Cuenca Lechera Central Argentina (año 2024)
César Torres*
Resumen
En el marco de la discusión entre patrimonio, turismo y ordenamiento territorial, se reconoce un interés en estudiar las miradas de pobladores locales sobre sus bienes patrimoniales. En esa línea, el objetivo que guio este trabajo fue registrar los niveles de reconocimiento y valoración que un grupo de habitantes de la Cuenca Lechera Central Argentina posee sobre su patrimonio —esencialmente, de tipo rural— y que hoy empiezan a ser tensionados desde lógicas turísticas. Metodológicamente, dos encuestas complementarias fueron divulgadas de modo virtual entre residentes actuales y pasados de la región-caso de estudio. La información obtenida fue agrupada y procesada cartográficamente, a nivel de tablas y evaluada desde una aproximación multidimensional. Los resultados arrojaron gran reconocimiento de algunos bienes tangibles (construidos y naturales), así como de otros inmateriales. Asimismo, estos patrimonios fueron los que normalmente obtuvieron las valoraciones más elevadas. Por su parte, las iniciativas turísticas patrimoniales motivaron ciertas consideraciones dispares entre los encuestados. Los aprendizajes motivan nuevos interrogantes en relación a la escasa inclusión de actores locales en la gestación de las experiencias turísticas. Al recapitular, se vislumbra una necesidad de continuar las pesquisas desde enfoques transdisciplinarios, con un horizonte de construcción de estrategias de actuación patrimonial consensuadas y particularizadas.
Palabras clave: Patrimonio Cultural, Patrimonio Cultural Inmaterial, Patrimonio Natural, Turismo, Actor Social.
Heritage assets and tourism initiatives.
Recognition and appreciation based on interviews with social actors of the Central Argentine Dairy Basin (2024)
Abstract
Within the ongoing debate on heritage, tourism, and territorial planning, local residents perceive and value their heritage assets. Therein this context, the aim of this study was to examine the levels of recognition and appreciation that a group of residents from the Central Argentine Dairy Basin attribute to their heritage —predominantly of a rural nature— which is currently being reshaped by emerging tourism dynamics. Methodologically, two complementary online surveys were distributed among current and former residents of the study area. The data collected were compiled, processed through cartographic and tabular analyses, and examined using a multidimensional analytical approach. The findings revealed a high level of recognition of several tangible heritage assets, including both built and natural heritage, as well as a range of intangible heritage elements. Furthermore, these assets also received the highest valuation scores among respondents. In contrast, heritage-based tourism initiatives elicited more diverse perceptions and evaluations. Overall, the findings raise new questions regarding the limited involvement of local stakeholders in the development of tourism experiences. They also highlight the need for further research adopting transdisciplinary approaches aimed at fostering context-specific and consensual heritage management strategies.
Keywords: Cultural Heritage, Intangible Cultural Heritage, Natural Heritage, Tourism, Social Stakeholder.
Introducción
Con gran interés, se encuentra en estos tiempos la instalación de un nuevo debate que identifica la necesidad de revisar la discusión patrimonial en su dimensión temporal. Esto conlleva un pasaje desde el conservacionismo tradicional a los reclamos complejos del presente y su inclusión creativa como elemento del proyecto de futuro de una sociedad. Todo ello, en el marco de una ya ineludible apelación a la transdisciplina y en una actitud de apertura conceptual a aportes de los estudios del turismo, del espacio rural, y con un horizonte de ordenamiento territorial.
Desde allí, las iniciativas turísticas recientes que se registran en el territorio de la Cuenca Lechera Central Argentina (CLCA) se hallarían en condiciones de ser sometidas a una primera valoración. En paralelo, sin embargo, es imperativo detenerse a analizar los niveles de reconocimiento que los habitantes de la región poseen sobre los bienes que son usufructuados en dichas experiencias. Es así que se propuso una aproximación a conocimientos y percepciones de actores locales sobre su propio patrimonio mediante un par de encuestas realizadas durante la segunda mitad de 2024. Especial énfasis se colocó sobre el patrimonio inmaterial festivo y se abrieron los resultados del propio trabajo doctoral a las consideraciones de las personas participantes.
Los hallazgos motivan una discusión teórica que cuestiona el reconocimiento y la valoración sobre distintas familias de bienes patrimoniales desde una mirada multidimensional, tanto en sus chances presentes como futuras, pero con ligazones a su historia pasada y el propio origen de los elementos en cuestión. Si bien el tiempo aparece como la variable clave que atraviesa los resultados, emergen una serie de consideraciones y preocupaciones —funcionalistas, estéticas, semánticas, económicas, ambientales y hasta infraestructurales— que complejizan y enriquecen el debate. Asimismo, y como continuación natural de estas disquisiciones, las reflexiones invitan a transformar aprendizajes patrimonialistas y sobre iniciativas turísticas vinculadas en una serie de desafíos para la investigación futura. Queda claro que se precisan nuevos abordajes para los bienes locales, adaptados a las particularidades del caso, pero que permitan luego su extrapolación a realidades y casuística diversas.
Marco teórico
En los últimos años, se reconoce una complejización en el debate patrimonial que ha permitido su consideración en relación a distintas disciplinas y categorías conceptuales. Entre otros aspectos, urge tornarlo parte de las discusiones no tanto ya conservacionistas o que colocan el énfasis en sus anclajes al pasado (Lowenthal, 1996; Pérez Winter, 2020b), sino en aquellas reivindicaciones del presente y del devenir de los territorios junto a sus sociedades (Bellini, 1999; Graham et al., 2000). En ese sentido, y ante la necesidad de planificar el futuro de modo consensuado, el patrimonio contenido en los paisajes se torna de especial interés para el ordenamiento territorial (Massiris Cabeza et al., 2012; Torres, 2022). Esta planificación, además, debería ser cuidadosa de los recursos locales y tender a crear condiciones para su usufructo creativo, como parte de las actividades económicas que desarrollan las comunidades. Ello motiva crecientes preocupaciones que estudian ligazones entre patrimonio y turismo, entre sus categorías de bienes y el espacio geográfico —inclusive, el rural— donde es factible hallarlos (Troncoso y Almirón, 2005; Schenkel, 2019), así como las formas que podrían adoptar. De igual manera, emerge una preocupación por las metodologías contemplativas de la participación de los grupos humanos custodios de los bienes, y que alzan su voz frente a las dinámicas conflictivas gestadas al poner el patrimonio al servicio del turismo (Pérez Winter, 2020b).
Se entiende al patrimonio como el resultado de distintos procesos sociales de selección y atribución de significados, marcados por las necesidades y expectativas contemporáneas (Troncoso y Almirón, 2005); una praxis que configura y legitima múltiples versiones identitarias, de tradición y de memorias, que está en constante reformulación y para la cual el pasado toma sentido en tanto se reinterpreta en tiempo presente y se proyecta hacia el futuro (Waisman, 1994; Bellini, 1999; Graham et al., 2000; Lowenthal, 1996; Pérez Winter, 2020b). Para su estudio, se han propuesto distintas categorías conceptuales, entre las que destacan la de bienes patrimoniales, elementos que cargan y condensan significados y que pueden pasar por la patrimonialización (en tanto proceso)1 (Pérez Winter, 2020a, 2020b). Desde una dimensión de carácter, estos bienes se comprenden como materiales (muebles e inmuebles) e inmateriales (historia oral, manifestaciones artísticas, fiestas y celebraciones, actividades productivas tradicionales, producciones artesanales, costumbres alimentarias, ferias y museos, saberes ancestrales y conocimientos sobre el mundo natural). A su vez, dentro de la categoría de materiales, los bienes pueden ser considerados naturales si presentan escasa o nula intervención humana (Roigé et al., 2019; Pérez Winter, 2020a), o construidos, si el caso es justamente el contrario.
Algunos autores, por otro lado, han propuesto ampliar las categorías de estudio, al tiempo que resulta casi una quimera separar al patrimonio del paisaje que lo contiene. Para Ortega Valcárcel (1998) y Pillet (2012), la noción de patrimonio territorial no solo permite abordar el territorio en su conjunto. Es, sobre todo, una forma de reconocer su cualidad dual de recurso cultural y económico, cualidades que le vienen gracias a su valoración como patrimonio. Entonces, ahora el territorio es un producto que debe ser analizado en su dimensión histórica, como bien cultural heredado. Esta concepción del territorio, en tanto bien patrimonial, se acerca mucho a la relación que se ha fraguado entre patrimonio y paisaje. Para Silvestrini et al. (2021), el paisaje es también un patrimonio histórico colectivo donde actuaron y actúan las sociedades. Es decir, que pasa a ser una especie de documento territorial que debe ser leído e interpretado, como eslabón entre pasado y presente, y que proporciona datos sobre los grupos humanos que habitaron y habitan el territorio. Esta aproximación es muy similar a la de paisaje cultural, de gran elaboración entre la escuela geográfica catalana. El concepto alude a las múltiples marcas que ha legado el trabajo humano sobre el espacio físico, auténticos proyectos territoriales que se pueden leer como capas de información superpuestas, y que brindan huellas sobre las lógicas espaciales —de ocupación y de explotación— que movieron a las culturas que los forjaron (Sabaté Bel, 2010; Torres, 2022). Sin embargo, la identidad de los paisajes y con ella, de los territorios, entra en conflicto con los usos recreativos turísticos. Por ello, es necesario recordar que la adaptación a nuevos usos es otro rasgo de los territorios en los cuales emerge el dúo paisaje-patrimonio (Ortega Valcárcel, 1998).
En ese sentido, el vínculo entre patrimonio y turismo ha sido destinatario de intenso estudio. El patrimonio es reservorio de significados identitarios locales, y como tal se convierte en un atractivo turístico del cual interesa su valor en tanto mercancía, bajo la premisa de que la actividad turística misma traerá posibilidades de desarrollo local para las comunidades dueñas de los bienes (Troncoso, 2013). De todos modos, la lógica patrimonial y la turística deben ser conciliadas cuidadosamente: siempre se corre el riesgo de que entren en conflicto de intereses (Troncoso y Almirón, 2005). Una rama del turismo, la rural, presenta particular crecimiento en las décadas recientes, y ha motivado estudios desde la década de 1990 en países como España. Esta modalidad destaca elementos de la vida en el campo junto a su potencial para generar productos, destinos y atractivos turísticos. En tanto, la oferta turística rural requiere de idear actividades diversas, complementarias y adicionales que le permitan contrarrestar la fuerte estacionalidad que la afecta en determinados momentos del año y en ciertos sectores de los territorios (Pillet, 2012; Pérez Winter, 2019; Torres, 2023). El turismo rural, sin embargo, debe ser pensado en nuestros días en un marco de nuevas ruralidades. Esta noción alude a cambios profundos y novedosos sucedidos en el espacio rural y que pueden observarse en usos del suelo diversificados, tecnologías productivas de punta, pluriactividad en el empleo, convivencia de distintos actores sociales y aparición de formas de neoextractivismo (Pérez Winter, 2020b; Torres, 2022).
Al plantear estas inquietudes desde la dimensión de la planificación, se cree firmemente que es probable regular conflictos e intereses generados de la relación entre patrimonio y turismo a través del ordenamiento territorial. Esta disciplina intenta discernir las formas de organización y ocupación más convenientes para el suelo, en un horizonte de largo plazo, con cuidado a las limitaciones y las potencialidades del territorio, así como a las inquietudes y expectativas de la sociedad (Massiris Cabeza et al., 2012; Torres, 2022). Por ello, el ordenamiento ofrecería pistas para negociar las tensiones entre las lógicas turística y patrimonial, y debería lograr conciliar los valores identitarios originales presentes en el territorio con la adecuada gestión de nuevos usos y demandas sociales (Ortega Valcárcel, 1998). En realidad, en los sistemas territoriales se gesta una interrelación compleja y dinámica entre medio físico, población, actividades económicas básicas y redes infraestructurales que conectan el espacio. Este constructo presenta, asimismo, dimensiones histórica, temporal e identitaria (Bustos Cara, 2002). Por otro lado, las políticas de ordenamiento territorial suelen concretarse mediante distintas herramientas. Para el caso de la CLCA, no existen sin embargo instrumentos que la aborden en su escala regional, en tanto que las preocupaciones paisajísticas y patrimoniales son casi inexistentes. Si bien existen planes de escala provincial (para Santa Fe) y se desarrollaron planes estratégicos turísticos reformulados (para Córdoba), así como algunos planes de escala urbana, el patrimonio no ocupa una variable de importancia en ellos (Torres, 2022).
Otro aspecto que interesa adicionar a estas disquisiciones patrimonialistas involucra a los actores sociales. De hecho, la connotación patrimonial es conferida a través de la valoración social —sin ella, lo único que queda son elementos históricos y culturales desprovistos de significaciones asignadas— (Pinassi, 2019). En palabras de Pérez Winter (2020b), los sujetos patrimoniales activan y crean los bienes, y se involucran o no en sus procesos, pero siempre son sus custodios y los destinatarios de sus políticas. Por ello, hay consenso en que sus sentires y conocimientos deben ser consultados a la hora de diseñar políticas patrimonialistas, aún a pesar de que, como indicaron Méndez Méndez et al. (2016), la viabilidad social local es normalmente poco considerada en el estudio de las modalidades de turismo rural y su planificación. La temática de los actores sociales está, asimismo, íntimamente ligada al concepto de territorialidad: y es que, en los hechos, los individuos y los grupos se apropian, controlan y defienden un espacio físico y, con él, su patrimonio. En el proceso, entran en juego cuestiones identitarias y de poder —en el reconocimiento/autorreconocimiento en la otredad y en la dinámica emergente de conflictos— (Castaño Aguirre et al., 2021). Cuando un lugar físico es cargado de significados, valores y sentimientos de pertenencia, y se trasciende la dimensión utilitaria o de usos, podemos hablar de apropiación simbólica del espacio. En ese caso, los actores patrimoniales le confieren al territorio un valor de identidad (Valera Pertegás, 1996).
En todo caso, es posible registrar aportaciones que investigan la correlación entre valoración social, patrimonio y turismo. Entre ellas, destacan los trabajos de Pinassi (2019) en la ciudad de Bahía Blanca (Argentina) y de Méndez Méndez et al. (2016) para el municipio de Atlautla (México). En el primer caso, para el cual se estudiaron componentes histórico-culturales en el espacio vivido de la población local, la realización de encuestas permitió determinar cuánto se registra, valora o se ignora el patrimonio, así como reflexionar sobre el reconocimiento patrimonial al ser asociado a formas turísticas recreativas. Para el segundo estudio, las encuestas tenían el objeto de analizar la importancia de ciertas dimensiones de capital social que permitieran a su vez evaluar la viabilidad del turismo social alternativo en la localidad.
En esa línea, otros autores han propuesto trabajar una serie de valores sobre los bienes, y que se someten a consideración de los sujetos patrimoniales a la hora de realizar tanto investigaciones como propuestas. El primero de ellos, la autenticidad (Noguera Giménez, 2002; Silva Pérez y Fernández Salinas, 2017; Pérez Winter, 2020a), no es absoluto, y tiene en cuenta la diversidad cultural. Normalmente, se observa en rasgos del bien no alterados por los cambios funcionales actuales, y representa una característica inherente que se pretende preservar simbólica y funcionalmente. Contiene, además, significados originales e identitarios, y se muestra contrario a la tematización. Puede ser histórico (de hecho, tal es su transmisión) o formal, y se aplica a elementos que se cree que encarnan la cultura local. Inclusive, es posible asignarle atributos de orden y jerarquía, y podemos hallarlo en cuatro tipos: creíble y convincente, como simulación inmaculada, como sinónimo de un original, y autorizado y certificado. Por su parte, la originalidad (Noguera Giménez, 2002) hace referencia a la irrepetibilidad de un elemento patrimonial, a la identidad propia que posee en cada fase histórica que ha atravesado y que lo ha llevado a su estado actual tal como lo conocemos. El mismo autor, en cambio, definió a la antigüedad como una cuantía positiva de la edad de un bien determinado, y que tiene carácter simbólico, natural, histórico, documental y perceptual. En otro orden, para Molano (2007) y Vázquez Bravo (2022), la potencia identitaria de un bien implica su capacidad de condensar los significados atados a la identidad local y de reconocimiento del pasado, con un impacto en la memoria colectiva y con vinculación a la conciencia de pertenencia a un territorio reconocido como propio.
Tras lo expuesto, lo cierto es que esta realidad —en la que las lógicas patrimoniales se tensionan con las turísticas— comienza a presentarse en la CLCA. En los últimos quince a veinte años, diferentes actores idearon algunas iniciativas turísticas que podrían considerarse disruptivas para su contexto socioeconómico local, y que además han empleado variados bienes patrimoniales como motivos o disparadores de las propuestas, pero que no han surgido de las bases o de los actores locales (Torres, 2025). Esta hipótesis nos genera interrogantes: ¿cuánto reconocen los habitantes de la región sus bienes patrimoniales —especialmente, rurales— y cómo los valoran?; ¿qué niveles de reconocimiento poseen los residentes locales sobre iniciativas turísticas patrimoniales?; ¿qué imaginan sobre la posibilidad de asignar a porciones del territorio ciertas cualidades temáticas? Consecutivamente, se formula una serie de objetivos de investigación:
Materiales y métodos
La región-caso de estudio (la CLCA) fue delimitada por primera vez durante la tesis doctoral con el objeto de estudiar su paisaje (Fig. 1). Esta región constituye un espacio productivo de amplia gravitación no solo nacional, sino regional (la más importante de su tipo a nivel latinoamericano) (Torres, 2022). Comprende porciones de territorio de tres provincias argentinas —centro de Santa Fe, nordeste de Córdoba y sureste de Santiago del Estero2—, y en ella la lechería ha modelado un paisaje único, con rasgos socioculturales locales peculiares que le confieren identidad frente a otras cuencas lecheras pampeanas del país. Del estudio del paisaje de la CLCA se procede a la investigación postdoctoral centrada en sus bienes patrimoniales como productos de ese mismo paisaje, hoy tensados por las lógicas del turismo y con el desafío de encarar su asimilación desde la esfera del ordenamiento territorial. Como parte de este trabajo, sobrevinieron exploraciones patrimoniales de las cuales interpeló estudiar los sentires de un grupo de habitantes locales que custodian esos elementos.
El diseño metodológico empleado fue de rasgos cuantitativos-descriptivos-analíticos con técnicas de encuesta. Se evaluaron experiencias personales en relación a bienes patrimoniales (tanto desde el saber como desde la percepción), se midió el valor o interés patrimonial de cada bien y se lo cuantificó para encontrar sus aspectos más peculiares. La lógica detrás del método perseguido fue identificar para categorizar (Mayordomo Maya y Hermosilla Pla, 2020), pero incluyó además categorizar para reconocer, reconocer para valorar, valorar para decidir. Los patrimonios a los que se alude fueron identificados originalmente durante el trabajo de doctorado, reunidos en una serie de familias de elementos, todos dispuestos en el espacio rural de la CLCA. Algunos de los conjuntos paisajísticos identificados y de los que se rescataron bienes patrimoniales fueron: del relieve, del agua, de la movilidad, del habitar rural, del verde, de la producción, de la lechería, y animal (Torres, 2022).
Hechas esas aclaraciones, antes de poder diseñar las encuestas fue necesario, en primer lugar, sistematizar y actualizar el inventario patrimonial compilado (junto a la suma y revisión de elementos y de categorías de agrupamiento) para crear una base de consulta. Tras ello, hubo que recuperar y reconsiderar los ámbitos territoriales temáticos ideados en ese mismo trabajo para discutir su replanteo e intentar vincularlos a iniciativas turísticas patrimoniales que han hecho su aparición recientemente en distintos sectores de la región.

Figura 1. Localización geográfica de la Cuenca Lechera Central Argentina (CLCA). Fuente: elaboración propia sobre cartografía del Instituto Geográfico Nacional (IGN).
Así, se elaboraron dos encuestas, bajo la premisa de que la cantidad y la diversidad de bienes patrimoniales presentes en la CLCA ameritarían una aproximación que contemple su empleo y usufructo, que considere un debate sobre su gestión y que reúna las opiniones y los sentires de los actores locales del territorio. Operativamente, los formularios fueron dos porque se evaluó que uno solo se hacía muy largo y complejo para los eventuales participantes, además de que ambos estuvieron enfocados en temas relacionados, aunque diferentes. De esta manera, el primer cuestionario se planteó registrar niveles de reconocimiento sobre bienes patrimoniales existentes en el territorio de la cuenca, además de encontrar niveles de valoración personal sobre esos mismos elementos3. El segundo, en cambio, fue ideado para registrar niveles de reconocimiento sobre festividades e iniciativas turísticas existentes en el mismo espacio geográfico4. Asimismo, poner a consideración la posibilidad de otorgar cualidades temáticas a porciones del territorio.
En relación con su modalidad, se escogió la opción de armar encuestas virtuales por la facilidad de difusión entre redes de conocidos y por la sencillez que presentaban los formularios virtuales para ser completados y procesados. En contrapartida, el tiempo del que se disponía para poder cumplir con los objetivos y plazos previstos en el trabajo postdoctoral era escaso (el tramo final de la investigación), e impedía acceder a grupos más amplios de personas, además de que aparecieron limitaciones financieras. Al tratarse de un estudio exploratorio, para el cual la población de enormes porciones del territorio era difícil de acceder, se decidió realizar un muestreo no probabilístico, el cual precisó de que justamente las personas abrieran sus redes de contactos. La apertura de las redes de contactos de conocidos definió, por otro lado, al grupo humano participante, que consistió en su mayoría de sectores urbanos profesionalizados y con elevado capital cultural, residente fundamentalmente en el corredor central del territorio. Este muestreo se efectuó incluso a sabiendas de que podrían presentarse ciertos sesgos (como luego se aclarará en el análisis de los resultados), porque efectivamente no existía un marco muestral completo de la población de referencia.
En cuanto al formato virtual de Google, su diseño consistió, en su vasta mayoría, de preguntas múltiple opción, y solo en casos peculiares se prefirieron interrogantes a completar con un texto muy corto. En común, ambos cuestionarios presentaban una introducción, que consistía en una mención a la CLCA y su ubicación geográfica (acompañado de un mapa de elaboración propia). La primera distinción fue entre residentes (actuales y pasados) de la región, ya que las preguntas se diseñaron para estas personas, en tanto fueran mayores de edad. Si la respuesta era positiva, se solicitaba que indicase el sitio de procedencia dentro de la cuenca, de modo de permitir generar cartografía específica posteriormente. Luego, sobrevenían interrogantes que permitieron trazar un perfil básico de los encuestados: rangos etarios (en intervalos de diez años); género autopercibido; máximo nivel de instrucción recibido; y actividad de dedicación en la actualidad (profesional, laboral, estudiantil, otra).
Particularmente, la encuesta 1 (Bienes patrimoniales en la Cuenca Lechera Central Argentina) iniciaba con una breve conceptualización sobre dichos elementos, a la vez de explicar que las preguntas serían organizadas por categorías de bienes (tangibles, tangibles naturales e intangibles), de los cuales a su vez también se incluyeron breves definiciones. Luego, se cuestionó por el nivel de reconocimiento de todos estos bienes (escaso, suficiente o bastante), tras lo cual se pidió a los participantes asignar escalas en cuatro categorías de valores, otra vez, para todos los elementos patrimoniales listados. Estos cuatro valores, de los cuales se brindaban explicaciones concisas, fueron: la autenticidad, por la que un bien presenta rasgos que no han sido alterados por cambios de uso actuales; la originalidad, por la que un bien se torna irrepetible; la antigüedad, que se refiere al tiempo acumulado del bien (su edad); y la potencia identitaria, por la que un bien acumula significados de identidad local y memoria colectiva. En la escala de valoración, 1 era escaso y 5 significaba total. Como forma de ayudar en la identificación de los bienes, además, para cada uno de ellos se sumó una imagen (junto a su correspondiente autoría).
En el caso de la encuesta 2 (Festividades e iniciativas turísticas en la Cuenca Lechera Central Argentina), se dispuso un listado de fiestas y celebraciones que suceden dentro de la CLCA y se ordenó los eventos temporalente, por mes. Se indagó si se conocía cada uno de estos bienes intangibles, por sí o por no. Inmediatamente, se preguntó si se había participado de alguna de las festividades mencionadas; en caso de respuesta afirmativa, se debía indicar en cuál o cuáles, y con qué rol o roles. La segunda sección de este cuestionario, en cambio, colocaba cinco iniciativas turísticas recientes en el territorio de la cuenca y preguntaba por su conocimiento. También, por si se sabía de alguna iniciativa turística municipal de distinto tipo (religioso, urbano, carnavalero, educativo, rural, de ciclismo, de aventura, senderismo, otros) en alguna localidad de la región; con la indicación de cuál o cuáles, en caso de respuesta positiva.
Finalmente, y en un último segmento, esta encuesta cuestionaba sobre ámbitos e itinerarios temáticos, y se brindaron escuetos conceptos sobre ellos. Para ello, se presentó un mapa propio adaptado (con origen en el trabajo doctoral) en el que se identificaron y delimitaron potenciales ámbitos y sub-ámbitos territoriales e itinerarios temáticos. Cada ámbito se distinguía por la prevalencia de ciertos elementos paisajísticos por sobre otros, y su ubicación en el territorio se podía encontrar en forma de franjas en sentido noroeste-sureste, siendo la más importante la de tambos y taperas. Por su parte, los sub-ámbitos temáticos hacían referencia a situaciones del paisaje dentro de los ámbitos generales, legibles por sectores. Su configuración respondía tanto a patrimonios naturales (depresiones y bajíos en el caso de la Cañada Carrizales) como a bienes tangibles construidos (Capillas rurales del oeste). Finalmente, se incluyeron también itinerarios potenciales que respondían a patrimonios dispersos, aunque con fuerte presencia en distintas zonas de la cuenca, y que podrían ser desarrollados turísticamente (Torres, 2022).
Las preguntas, medidas del 1 al 5 (donde 1 era escasamente y 5, totalmente), buscaban encontrar cuán de acuerdo se encontraban las personas con estos espacios y recorridos propuestos. Entre los ámbitos temáticos paisajísticos se incluyeron: a) Mar verde y silos, en el sur de la cuenca, con un paisaje sembrado de soja y donde se observa gran cantidad de silos metálicos; b) Tambos y taperas, en el centro de la cuenca, con un paisaje donde aún abundan infraestructuras productivas lecheras (tambos, industrias) y donde existe cantidad de casas rurales abandonadas; y c) Reducto ganadero, en el norte de la cuenca, con un paisaje en el que predomina la ganadería vacuna, en transición al ambiente chaqueño. Entre los sub-ámbitos temáticos del paisaje, se listaron: a) Cañada Carrizales, una enorme depresión y ambiente de arroyos intermitentes en el sur de la cuenca; b) Capillas rurales del oeste, un amplio espacio rural donde persisten pequeños adoratorios de origen piamontés y de culto católico, y que se presenta tanto del lado santafesino como cordobés de la cuenca; y c) Bosque de algarrobo, un relicto de bosque nativo donde la actividad agrícola nunca pudo penetrar.
Entre los itinerarios temáticos del territorio, se incluyeron: a) De los colonos pioneros, que rescata la gesta de los inmigrantes que llegaron y poblaron las colonias agrícolas de la región, especialmente en el actual departamento santafesino de Las Colonias; b) De la lechería originaria, localidades donde surgieron las primeras iniciativas lecheras en la cuenca a fines del siglo XIX y primeras décadas del XX; c) Del cooperativismo lechero, sitios donde el fenómeno cooperativista permitió el avance de la lechería y de las familias tamberas; d) De las industrias lecheras, que pone en valor ese eslabón de la cadena productiva, uniendo distintas fábricas; e) De los piamonteses del oeste, sector de la cuenca donde los piamonteses imprimieron huellas muy fuertes a las costumbres, nombres y cultura local, y que luego se compartieron en toda la región; y f) De la gastronomía italiana, con eje en comidas típicas de ese país que han originado fiestas gastronómicas locales.
Ambas encuestas estuvieron disponibles para su completamiento por el tiempo de un mes y medio, aproximadamente. Para la primera de ellas, se obtuvieron 110 respuestas; para la segunda, 55. Los datos se volcaron a tablas y gráficos de torta y de barra, y para su procesamiento se llevó a cabo un análisis comparativo. A su vez, esto permitió observar algunas peculiaridades en relación al reconocimiento y experiencia que los encuestados tienen sobre sus bienes patrimoniales regionales. Todo ello fue sometido a una discusión que admitiese aprendizajes y reflexiones en la interconexión de ambos cuestionarios entre sí, con otras discusiones previas a esta misma investigación, e inclusive con las de la tesis doctoral propia. La síntesis de todo el proceso metodológico puede ser consultada en la Tabla I.
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1 |
Sistematización y actualización de inventario paisajístico-perceptual compilado en tesis doctoral. |
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Recuperación y reconsideración de ámbitos territoriales temáticos ideados en tesis doctoral. |
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3 |
Actualización de iniciativas turísticas existentes en la Cuenca Lechera Central Argentina (CLCA). |
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4 |
Diseño de encuestas. Primero, de las preguntas e interrogantes. Luego, de los formularios virtuales. |
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5 |
Difusión de ambas encuestas (primero la número 1, luego la 2) por un tiempo aproximado de un mes y medio cada una. |
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6 |
Procesamiento estadístico de datos (generación de tablas, gráficos). |
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Análisis comparativo y cualitativo de datos obtenidos. |
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8 |
Discusión escrita de resultados. |
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9 |
Reflexión final escrita (de carácter crítico y exploratorio). |
Tabla I. Síntesis del procedimiento metodológico empleado para para el reconocimiento y valoración de los bienes patrimoniales e iniciativas turísticas de la Cuenca Lechera Central Argentina (CLCA). Fuente: elaboración propia.
Resultados
Encuesta 1 (Bienes patrimoniales en la Cuenca Lechera Central Argentina)
En relación al perfil del grupo, se pudieron anotar sus aspectos salientes. Primero, que casi un 60 % de las personas residían actualmente en la CLCA. Sin embargo, se notó un sesgo geográfico que conviene explicar. Sucede que la encuesta circuló ampliamente entre grupos de conocidos de la ciudad cordobesa de Morteros —donde muchas personas asumieron la difusión del cuestionario con gran entusiasmo—, y ello explicaría la sobrerrepresentación de esta ciudad, en términos comparativos, respecto a otros centros urbanos de igual o superior tamaño demográfico en la región. Seguidamente, una mayor cantidad de respuestas se registró en el corredor central del territorio (especialmente, en los departamentos San Justo (Córdoba) —casi 41 %— y Castellanos (Santa Fe) —casi 25 %—, con lo que entre ambas jurisdicciones concentraron dos de cada tres participantes). En contraposición, una única respuesta provino del departamento santiagueño de Rivadavia, mientras que la participación desde los departamentos santafesinos del sur de la cuenca fue escasa. Otro centro urbano del que se esperaba mayor cantidad de respuestas fue Esperanza (Santa Fe), habida cuenta de su gravitación poblacional y económica (tercero en la CLCA)5, pero no sucedió del modo esperado. Igualmente, en su distribución geográfica, la procedencia de las respuestas cubrió prácticamente cada rincón de la cuenca y sus sectores. El sesgo geográfico aludido puede detectarse en la Figura 2, en la cual se observa la cantidad de respuestas obtenidas en el corredor central de la cuenca, el más poblado y rico de la región (Torres, 2022) y, en particular, del centro-oeste del territorio, cuyas cabeceras departamentales (Rafaela en Santa Fe y San Francisco en Córdoba) son, asimismo, las dos ciudades más importantes de la zona.
Con respecto a las edades, la mayor cantidad de contestaciones (50 %) comprendió los dos rangos etarios que van entre 31 y 50 años, con casi el 30 % del total en el de 31 y 40 años. En contraste, la menor cantidad de participantes se encontró en los extremos etarios (18 a 30 años y mayores de 70 años). Asimismo, un 53 % se identificó con el género femenino. Desde el punto de vista educativo, más de 45 % expresó tener el nivel universitario completo, y un sorprendente 20 % el nivel de posgrado completo. Y aquí hay que aclarar un segundo sesgo: el cuestionario puede haber sido muy difundido en círculos académicos entre redes de conocidos, lo que explicaría esos resultados.
En cuanto a la actividad de dedicación actual, el mayor subgrupo fue el de los profesionales (más del 30 % del total de respuestas), mientras que un 23 % se ocupaba en la docencia e investigación en distintos niveles. A su vez, poco más del 13 % eran personas jubiladas, y un 10 % correspondió a empleados públicos. Solo un 5 % se empleaba en el sector privado, y un escaso 4 % eran productores rurales de distinto tipo. Así, existiría un último sesgo que implica que la difusión antes mencionada entre grupos de profesionales y personas abocadas a la investigación y la docencia justifica su alto peso entre las actividades de dedicación más frecuentes. La mencionada baja participación de productores rurales agropecuarios y tamberos en este cuestionario fue llamativa, a diferencia de lo sucedido durante el trabajo doctoral (Torres, 2022), en el que su incidencia fue significativa para la obtención primaria de los datos (Fig. 3).

Figura 3. Perfil de la población participante en la Encuesta 1 (Bienes patrimoniales en la Cuenca Lechera Central Argentina). Fuente: elaboración propia.
Conviene detenerse primero sobre los niveles de reconocimiento de bienes tangibles construidos. En la lista se incluyeron 15 elementos: museos, estaciones de ferrocarril, tendido ferroviario, vivienda rural, bar y almacén de campo, escuela rural, capillas y adoratorios rurales, silos, silo-bolsas, galpones rurales, molinos de viento, tambo, antiguos edificios productivos de la lechería (mantequerías, cremerías, queserías), industrias lecheras y vaca lechera.
Es interesante observar que, entre las valoraciones altas, el desempeño de estos bienes fue elevado en las categorías autenticidad y potencia identitaria, algo menor en originalidad y con gran dispersión en antigüedad. Esto podría significar que estos elementos han sido estimados desde sus rasgos originales inalterados, y serían esos mismos atributos los que probablemente les permitirían condensar significados identitarios y de memoria regional. Por el contrario, el bajo desempeño en las categorías de originalidad y antigüedad podría indicar que este conjunto de bienes no fue percibido irrepetible, y que denota historias de conformación recientes.
Cuando se interpretaron los resultados, sorprendió en primer lugar el elevadísimo nivel (45,4 %) de reconocimiento que obtuvo el tambo, habida cuenta que la encuesta fue respondida sobre todo por personas que residen en centros urbanos y no en el espacio rural de la cuenca (Fig. 4). En todo caso, esto revelaría el enorme arraigo de este bien patrimonial en la memoria colectiva y, como tal, su gravitación en la conformación de identidad local, incluso a pesar de no haber medido muy alto en la asignación de valores particulares. Entonces, estos hallazgos corroborarían otros anteriores (Torres, 2022), en el que el tambo fue vinculado directamente a la configuración e historia territorial, el poblamiento rural y el sostenimiento de la base económica regional.
Con menores niveles de reconocimiento, se acomodaron la vaca lechera (37,6%), la escuela rural (33,9 %), los molinos de viento y las industrias lecheras (ambos 33 %) (Fig. 4). La alta puntuación de la vaca lechera y las industrias lecheras indicarían, como sucede con el tambo, la todavía fuerte incidencia de los elementos patrimoniales asociados a la lechería en la configuración del paisaje regional. Es justamente la vaca lechera la que cualificó alto en la asignación de valores: primera en autenticidad, segunda en originalidad, aunque última en cuanto a potencia identitaria. Esto podría deberse a que no es un elemento exclusivo a una única cuenca lechera nacional, o a su carácter móvil, en el sentido de ser un animal y, como tal, no estar fijo a un sitio.
En contraste, los peores niveles de reconocimiento los obtuvieron los museos, seguidos muy de cerca por los antiguos edificios productivos de la lechería, el bar y almacén de campo, los galpones rurales y las capillas y adoratorios rurales. Se pueden aventurar algunas hipótesis para explicarlo. En el caso de los museos, son elementos que, salvo excepciones, se ubican en los centros urbanos y, a diferencia de otros bienes, no son relacionados directamente al territorio rural. Otro motivo podría evidenciar cierta dificultad para asociar un museo a una tipología arquitectónica fácilmente reconocible y caracterizable en el paisaje local. Aun así, los museos midieron más elevadamente que otros elementos en la asignación de potencia identitaria (52 respuestas), y podría atribuirse al hecho de ser reservorios de colecciones de objetos relacionados a la historia local (Torres, 2025).
Al estudiar los viejos edificios productivos de la lechería, podría atentar contra su reconocimiento, primero, su misma condición de abandono e, incluso, su vandalización. Se suma la dificultad de acceso y de asociación a tipologías edilicias actualmente vigentes, o su reconversión de uso. El bar y almacén de campo parece haber sufrido un destino similar, y su función ha cambiado y mermado al haberse modificado las tendencias y lógicas de poblamiento rural en la zona (Torres, 2022), en paralelo a la aparición de otras formas y espacios de socialización y esparcimiento, fundamentalmente urbanas. En el caso de los galpones rurales, por su lado, si bien consisten en tipologías arquitectónicas funcionalistas sencillas, su versatilidad, diversidad de tratamientos y resoluciones materiales, incluso su ocultamiento (retirados de la vista al recorrer caminos rurales o ubicados tras otras tipologías edilicias) podrían ayudar a entender su escaso reconocimiento.

Figura 4. Datos salientes: bienes patrimoniales tangibles construidos.
Fuente: elaboración propia.
Las capillas y adoratorios rurales requieren una mención. Su estado de conservación es dispar, y el nivel de reconocimiento escaso podría deberse, con seguridad, a su ubicación no uniforme en el territorio: los templetes se encuentran en el oeste del departamento santafesino de Castellanos y en el este del departamento cordobés de San Justo, únicamente. Luego, a su pequeña escala, por lo que pueden pasar fácilmente desapercibidos. De todas maneras, las personas encuestadas valoraron alto a estos bienes en función de su originalidad, antigüedad y potencia identitaria.
La siguiente observación concierne a los silo-bolsas. Con un nivel de reconocimiento suficiente, son bienes que sin embargo fueron valorados muy negativamente, y ello podría corresponderse con su aspecto formal y su resolución estética y material. Consisten en tiras rellenas de granos que se extienden sobre el suelo y son recubiertas de plástico blanco, con enorme impacto visual. Los silo-bolsas fueron percibidos como los menos auténticos, originales, antiguos y de potencial identitario de todos los elementos tangibles construidos expuestos, y por grandes diferencias numéricas. En esa línea, no sorprendió que los bienes con percepción negativa sean aquellos cuyo origen se ubica en la arquitectura utilitaria: galpones rurales y silos.
Por último, los molinos de viento fueron considerados como los bienes con mayor originalidad, y quizás deban ese estatus a su pregnancia visual en el paisaje de la llanura, en tanto conforman hitos verticales que sobresalen sobre la omnipresente línea de horizonte. Además, hacer mención a las estaciones ferroviarias, votadas como las más antiguas, y con razón: el tren y sus partes se hallan entre aquellos de mayor persistencia temporal, a pesar del desmantelamiento significativo de la red en la década de 1990. Y es que, en un paisaje tan fuertemente modelado en los últimos 150 años, quizás sea el ferrocarril el elemento más estable dentro de ese conjunto de cambios.
Esta categoría abarcaba 9 elementos: llanura pampeana, llanura chaqueña, bajíos y depresiones, ríos y arroyos, canales, bosque nativo, cortinas forestales6, cajas vegetales7 y avenidas verdes8 (Fig. 5). Para los últimos tres bienes, se brindaron definiciones a los participantes.
Al procesar todos estos datos, aparecieron varias observaciones. Para comenzar, el altísimo nivel de reconocimiento obtenido por la llanura pampeana como bien (45.9 %), la cual además es valorada como el elemento más antiguo del conjunto y como aquel con la potencia identitaria más elevada. La planicie es quizás el bien patrimonial más obvio, extendido y, efectivamente, más viejo de la cuenca (datado en millones de años). La llanura pampeana fue asociada con la historia y el devenir de la ocupación humana en la región, y es la que, merced a su singular fertilidad, permitió la revolución agrícola de fines del siglo XIX allí mismo. Es el ambiente por excelencia y esto contrasta con el reconocimiento a otro ambiente, que se presenta en el noreste del territorio: en efecto, la llanura chaqueña fue poco registrada por las personas encuestadas. Quizás un tanto por desconocimiento, quizás otro tanto por el hecho mismo de no habitarla, lo cierto es que el espacio menos poblado y desarrollado de la CLCA. Además, la transición entre el ambiente pampeano y el chaqueño se da de manera gradual, lo cual podría atentar contra un adecuado reconocimiento de uno de los ambientes en contraposición al otro (Torres, 2022).

Figura 5. Datos salientes: bienes patrimoniales tangibles naturales.
Fuente: elaboración propia.
Otros elementos bien registrados por el público encuestado fueron las avenidas verdes, las cajas vegetales y las cortinas forestales, pertenecientes todos al denominado paisaje del verde (Torres, 2022), y que implican distintas disposiciones formales de árboles, con sus consiguientes resultantes espaciales. Este reconocimiento fue interesante, por un lado, por el valor ambiental de la vegetación de magnitud. Por el otro, porque comunica que, a pesar de la pérdida de gran cantidad de ejemplares a lo largo del tiempo (tras haber sido plantados durante el período de la colonización agrícola), un número para nada despreciable de ellos sigue en pie.
En relación a los elementos bien ponderados en las categorías de valores, el bosque nativo lideró las preferencias en autenticidad y originalidad (44 y 42 respuestas, respectivamente) (Fig. 5). El primer caso fue llamativo, porque implicaría que este bien hubiera sido escasa o nulamente intervenido por el ser humano, lo que en los hechos no se ha verificado. El bosque autóctono en la región retrocedió su cobertura fuertemente en los siglos recientes, y solo se mantiene en sectores de accesibilidad dificultosa en el ambiente de la llanura chaqueña (Torres, 2022). Es posible que los encuestados hayan asociado el bosque solo a estos relictos, sin conocer su enorme extensión de otrora. Mientras tanto, este elemento fue estimado muy original, porque (con buen criterio) se comprende su condición de irrepetibilidad.
En el otro extremo del espectro, han sido escasamente valorados los canales para los cuatro valores presentados, seguidos de los bajíos y las depresiones (Fig. 5). Al explorar los motivos de estas elecciones, se cree que esto podría deberse a un desconocimiento sobre estos elementos tanto desde un punto de vista educativo como desde la misma cotidianeidad de las personas. En el caso de los canales, es posible que gracias a su aspecto hayan sido confundidos con cursos de agua. Asimismo, la toma de conciencia sobre su rol ambiental (al fungir como corredores de fauna e interconectar los espacios poco antropizados) solo se empezó a estudiar y conocer en las últimas décadas (Torres, 2022). Al tomar los bajíos, quizás hayan sido de percepción dificultosa: a veces poco accesibles, otros cubiertos por otros elementos naturales, otras tan extensos que su escala es complicada de abordar para el ojo de un ser humano. Estas depresiones, inclusive, no son abruptas, sino leves hondonadas en la vastedad de la llanura, y eso terminaría de apuntalar este panorama de escaso registro.
La última categoría agrupaba únicamente 5 bienes: fiestas y celebraciones, formas y expresiones artísticas y folclóricas, idiosincrasia local y cultura del gringo9, cultura regional del cooperativismo y familia tambera10. Como con la anterior categoría, se incluyeron brevísimos conceptos para ayudar a los encuestados en la comprensión de los elementos.
Inicialmente, los bienes más reconocidos estuvieron ligados entre sí (la idiosincrasia local y la cultura del gringo y la familia tambera). En ambos casos, son elementos directamente vinculados a formas de ser locales, al carácter cultural y a los modismos regionales, y que sus pobladores exhiben con orgullo. Justamente, estas formas de ser fueron asociadas a los antepasados (Torres, 2022). La familia tambera, en particular, fue reconocida no solo por quienes efectivamente pertenecen a ella, sino por otras personas, comunicando la relevancia de la lechería en la cuenca.
En función de los valores asignados, nuevamente la idiosincrasia local y la cultura del gringo estuvieron al tope de las preferencias en las categorías de antigüedad y de potencia identitaria (48 y 56 respuestas, respectivamente) (Fig. 6). Esos caracteres culturales se conformaron a partir de la gran inmigración ocurrida en la segunda mitad del siglo XIX. Como herederas de ese influjo cultural y como evidencia de la transculturación de elementos artísticos y gastronómicos, las fiestas y celebraciones fueron las más valoradas en las ternas de autenticidad y originalidad.

Figura 6. Datos salientes: bienes patrimoniales intangibles.
Fuente: elaboración propia.
En cambio, la cultura regional del cooperativismo, alguna vez un baluarte distintivo de la cuenca, apareció como la menos valorada en las cuatro categorías de valores (8 respuestas en autenticidad, 7 en originalidad, 4 en antigüedad y 4 en potencia identitaria), además de ser el segundo bien menos reconocido (Fig. 6). Podrían existir varios motivos: para iniciar, el auge del cooperativismo en la región ha quedado bastante atrás en el tiempo11. Por ende, quienes conocieron el fenómeno en sus mejores años ya han fallecido o están muy ancianos. Las generaciones jóvenes aprecian hoy otras formas de asociación y gestión, y esto es especialmente patente en el caso de la actividad lechera. Por otro lado, el cooperativismo que sobrevive en la CLCA ha mostrado dificultades para reinventarse frente a los sucesivos procesos de crisis económica en el país, las nuevas tecnologías comunicacionales y los cambios socioculturales y generacionales recientes (Torres, 2022).
Encuesta 2 (Festividades e iniciativas turísticas en la Cuenca Lechera Central Argentina)
Más del 65 % de los encuestados vivían en la CLCA al momento de realizarse las preguntas (Fig. 7). Volvió a registrarse un sesgo geográfico: esta vez, la encuesta fue muy difundida entre grupos de conocidos de San Francisco (Córdoba), lo que explicó su altísima representatividad (29 %) sobre el total de respuestas.
A su vez, nuevamente fue alta la participación desde el departamento cordobés de San Justo (superior al 45 % del total) y desde el departamento santafesino de Castellanos (más del 25 %) (Fig. 7). En contraste, se recibió una única contestación desde el departamento santiagueño de Rivadavia, y la contribución desde los restantes departamentos santafesinos fue escasa. Es decir, el peso de las respuestas provenientes del corredor central de la CLCA fue también elevado en esta encuesta (81,8 %), lo que podría considerarse un sesgo geográfico.
En relación con las edades, la mayoría de las personas encuestadas se hallaba entre los dos rangos etarios comprendidos entre los 41 y 60 años (casi 50 %), con casi 42 % entre los 41 y 50 años. Por otro lado, el género masculino apareció sobrerrepresentado (54,5 %) en comparación a la encuesta 1 y la composición de la población por sexos en la región12. Este sesgo de género puede vincularse al educativo, porque los grupos académicos donde circuló la encuesta estaban compuestos mayoritariamente por mujeres. En términos educativos, se halló mayor incidencia de la formación universitaria completa (27,3 %) respecto del anterior cuestionario, y subió apenas el nivel de posgrado completo (21,8 %), mientras que logró mayor representatividad el grupo de personas con secundario completo (18,2 %). Reapareció el sesgo educativo, y asomó una difusión de la encuesta más elevada entre círculos académicos (Fig. 8).

Figura 7. Origen geográfico de las respuestas obtenidas para la Encuesta 2 (Festividades e iniciativas turísticas en la Cuenca Lechera Central Argentina). Fuente: elaboración propia.

Figura 8. Perfil de la población participante en la Encuesta 2 (Festividades e iniciativas turísticas en la Cuenca Lechera Central Argentina).
Fuente: elaboración propia.
En referencia a la actividad de dedicación actual, se mantuvo el peso de los profesionales (poco más del 30 %) y aumentó la representatividad del empleo privado y del comercio (14,54 %). En otro nivel, las personas dedicadas a la docencia e investigación y los productores rurales obtuvieron 12,72 % cada cual. En tanto, los jubilados fueron 9 % y el empleo público solo registró 5,4 %, muy por debajo del primer cuestionario. A diferencia de dicha encuesta, aumentó la participación de los empleados privados y de comercio y la de los productores rurales. El aumento relativo en el grupo de empresarios agrícolas estaría relacionado a una mayor incidencia del género masculino en el total de la encuesta: este es aún un rubro en el cual se involucran predominantemente varones (Torres, 2022).
Se preguntó por los eventos más y menos reconocidos, agrupados por meses del año. Para ello, se acudió a un calendario actualizado con base en la tesis doctoral y reformulado para el trabajo postdoctoral (Torres, 2025). En primer lugar, se registraron únicamente siete celebraciones con diferencial positivo en los niveles de reconocimiento, de las cuales seis se hallan en la provincia de Santa Fe y una en la de Córdoba (Tabla II).
Luego, se contaron eventos por su buen nivel de reconocimiento (más de 20 respuestas positivas, Tabla III) y, en el otro extremo, aquellos con peores niveles: estos fueron muchos y, además, obtuvieron más votos que los más conocidos. Entonces, primó el desconocimiento en torno a las festividades de la región, y la exploración de los motivos ameritaría otra investigación particular. Sí es posible marcar que, entre las localidades con más bajos resultados en los niveles de reconocimiento de sus fiestas, destacaron Brinkmann, Morteros y Seeber en el noreste de departamento San Justo (Córdoba).
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Evento |
Mes |
Localidad |
Diferencial |
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Febrero |
San Francisco (Córdoba) |
+15 |
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Enero |
San Carlos Sud (Santa Fe) |
+9 |
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Agosto |
Rafaela (Santa Fe) |
+7 |
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Julio |
Humberto Primo (Santa Fe) |
+5 |
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Septiembre |
San Vicente (Santa Fe) |
+5 |
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Septiembre |
Rafaela (Santa Fe) |
+5 |
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Noviembre |
Coronda (Santa Fe) |
+1 |
Tabla II. Celebraciones con diferencial positivo en su nivel de reconocimiento. Fuente: elaboración propia.
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Evento |
Mes |
Localidad |
Respuestas |
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Febrero |
San Francisco (Córdoba) |
32 |
|
Enero |
San Carlos Sud (Santa Fe) |
31 |
|
Septiembre |
San Vicente (Santa Fe) |
26 |
|
Julio |
Humberto Primo (Santa Fe) |
25 |
|
Agosto |
Rafaela (Santa Fe) |
24 |
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Septiembre |
Rafaela (Santa Fe) |
23 |
|
Noviembre |
Coronda (Santa Fe) |
23 |
|
Enero |
Ataliva (Santa Fe) |
21 |
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Septiembre |
Esperanza (Santa Fe) |
21 |
Tabla III. Celebraciones con buen nivel de reconocimiento.
Fuente: elaboración propia.
Por otro lado, es interesante observar que, de los nueve centros urbanos más reconocidos por sus eventos, ocho se ubicaron en el corredor central de la cuenca. Por el contrario, si se miden las fiestas menos reconocidas en función de sus localizaciones, casi un tercio de ellas estaban fuera de ese corredor. Por ello, es probable que el desconocimiento haya aumentado en las zonas menos desarrolladas y pobladas de la región. En relación al tipo de festividad y las contestaciones positivas, un 44,4 % de ellas fueron gastronómicas. Al tomar las respuestas negativas, las convocatorias gastronómicas y las de folclore y música obtuvieron cada una un tercio del total.
En otro nivel, se puede imaginar que las fiestas de la CLCA son todavía convocantes, ya que más del 70 % de los encuestados admitió su participación en uno o más eventos en algún momento de sus vidas. Asimismo, se sumaron otros datos (pero que no fueron procesados en tablas): entre las celebraciones más concurridas por esas personas, ocupó el primer sitio el Festival del Humor, la Buena Mesa y la Canción en San Francisco (Córdoba) (10 respuestas), seguido por las Fiestas Patronales de Colonia Vignaud (Córdoba) (5 respuestas). El tope de asistencias se completó con la Fiesta del Queso en Progreso y la Mercoláctea en Rafaela (Santa Fe) (4 respuestas cada una). Por último y en cuanto a los roles asumidos por los encuestados en los eventos, un 90 % asistió como visitante/participante, y solo un 4,7 % actuó como organizador, mientras que un escaso 2,4 % lo hizo como auspiciante o parte de la financiación.
Al abordar niveles de reconocimiento de las iniciativas turísticas en la cuenca, la Ruta de La Leche (Torres, 2022, 2023) fue la que mayor nivel obtuvo (más del 28 %). Probablemente, ello se pueda atribuir al enorme trabajo de los equipos e instituciones que, en su momento, estuvieron involucrados en el desarrollo e impulso de esta idea, además de la cantidad significativa de centros urbanos participantes. Otro aspecto que explicaría ese nivel de reconocimiento podría tener que ver con el sostenimiento en el tiempo de las gestiones, a pesar del fracaso que también se encontró, mientras que, en otro extremo, la Ruta de La Picada no consiguió reconocimiento. En el primer caso, los problemas se explicaron por falta de participación e involucramiento de parte de varias gestiones municipales; en el segundo, la experiencia fue fallida (Torres, 2025).
Casi un 30 % de los encuestados reconoció la existencia de iniciativas turísticas de los municipios. Entre esas experiencias, comprendieron patrimonios intangibles como experiencias turísticas: los Carnavales en San Agustín y en Sastre, el Festival de Teatro de Rafaela y la Fiesta de la Integración Cultural de Moisés Ville (todos ellos en la provincia de Santa Fe). Por otra parte, aparecieron por error en esta categoría unas capillas rurales de Quebracho Herrado (Córdoba), que en realidad es un bien patrimonial tangible construido que hoy no es parte de conjuntos o itinerarios. Por el contrario, la sí conformada Ruta de las Siete Iglesias (Santa Fe) obtuvo algún reconocimiento, con 8 respuestas positivas (Fig. 9).

Figura 9. Ruta de las Siete Iglesias con destaque de la capilla San Roque en Bauer y Sigel (Santa Fe). Fuente: elaboración propia con base en InfoRafaela (2021) y Santa Fe Provincia (s.f.).
Respecto a los ámbitos temáticos paisajísticos expuestos a consideración, existió mayor nivel de acuerdo con el de tambos y taperas (30 respuestas positivas), el cual coincide geográficamente con el corredor central del territorio, aquel desde donde llegó la mayoría de las contestaciones. Por ende, fue el ambiente más reconocido por los encuestados, en el que vive o ha residido la mayoría, y al que más han sido expuestos. Esto fue consistente con los resultados del cuestionario 1, para el cual el tambo figuraba como el elemento del patrimonio tangible con más amplio reconocimiento. En orden decreciente, el próximo ámbito temático por preferencia fue el de mar verde y silos (25 respuestas). Posiblemente, existió pleno acuerdo en reconocer un ambiente donde la soja es el protagonista del paisaje.
En cuanto a los sub-ámbitos temáticos del paisaje, hubo mayor consenso en torno al de capillas rurales del oeste (29 respuestas). Este patrimonio, del cual hoy existen algunos circuitos de turismo religioso, además de otros potenciales (Torres, 2025), fue muy valorado y reconocido seguramente al ser asociado a los sectores de la cuenca de donde provinieron más contestaciones en la encuesta 2: el borde este del departamento San Justo (Córdoba) y el oeste del departamento Castellanos (Santa Fe).
Finalmente, en lo concerniente a los itinerarios temáticos, se registró mayor nivel de acuerdo, de modo paradójico, en el de cooperativismo lechero (18 respuestas). Resultó llamativo porque en la encuesta 1 y al preguntar sobre patrimonio intangible, este bien había resultado escasamente reconocido y valorado. En segundo lugar, las preferencias fueron casi idénticas para los itinerarios de los colonos pioneros y de las industrias lecheras, con 17 y 16 contestaciones, respectivamente. En realidad, estos resultados fueron consistentes con las elevadas valoraciones obtenidas sobre la cultura de los antepasados inmigrantes asentados hace 150 años en la zona y sobre el rol de la industria lechera en la base económica y en la creación de empleo local genuino, como surgió del primer cuestionario.
Discusión
Para iniciar la discusión de los resultados, primero es necesario mencionar las limitaciones que el empleo de encuestas puede presentar. A diferencia de otras investigaciones precedentes que recurrieron a cuestionarios para estudiar la relación de la interacción entre patrimonio, lógicas turísticas y valoración social, no se hallan los problemas del caso de Bahía Blanca (Argentina) (Pinassi, 2019) o de Atlautla (México) (Méndez Méndez, 2016). En el primero, el autor no pudo encontrar pruebas contundentes de un espacio vivido patrimonial consolidado, y en cambio descubrió que las valoraciones patrimoniales fueron parciales, siendo los beneficiados solo algunos bienes más reconocidos de la ciudad. En el segundo, los resultados fueron disímiles. Si bien la comunidad demostró un adecuado nivel de conocimiento sobre los atractivos turísticos locales, presentó dificultades para identificar sectores y actividades que el autor suponía con mayor potencial, desde la propia mirada. Asimismo, afloraron varios conflictos de poder internos, así como bajos niveles de comunicación, colaboración y organización que pudieron haber atentado contra lo que el autor consideraba aceptable para el empleo de estas metodologías.
En este caso, el muestreo probabilístico que implica el tipo de encuestas escogido presentó otro tipo de limitaciones. Los resultados expresaron, en primer lugar, un sesgo de tipo geográfico, porque la gran mayoría de las respuestas se generaron en un corredor del territorio (el central). En éste es donde sin embargo reside la mayoría de la población de la cuenca y donde el desarrollo socioeconómico, así como las transformaciones paisajísticas (consecuencia de las actividades humanas) han sido más intensas (Torres, 2022). Esta población, como además se evidenció en el desvío educativo, accede a un mayor nivel formativo y, si bien conoce el medio rural, reside en centros urbanos. Ello podría condicionar un tipo de respuesta, en primer lugar, más informada y leída que la de personas con menor instrucción educativa. Por el otro, el vivir en pueblos y ciudades podría teñir la mirada con la que se percibe la vida en el espacio rural y el patrimonio contenido en él, la cual podría ser percibida más idealizada, romantizada, nostálgica en contraposición a la vida urbana. Finalmente, la parcialidad de género, si observamos la totalidad de respuestas obtenidas, no se presentó en términos numéricos, sino en la estrecha relación entre población femenina y empleo urbano en actividades de servicios y educativas. Se considera que los problemas presentados por estas desviaciones y las limitaciones del caso podrían solucionarse si se dispusiera de mayores recursos: financieros, para poder llegar a otros grupos sociales en otros rincones del territorio; de tiempo, para elaborar otro tipo de encuestas no únicamente probabilísticas; humanos, al distribuir las tareas de recopilación de datos entre varias manos. Esto no invalidó los resultados y el análisis y valoración que se puede hacer de ellos.
Antes de abordar esos hallazgos, se rescatan una serie de consideraciones teóricas que hacen al debate sobre los vínculos entre patrimonio, turismo y ordenamiento territorial, entre patrimonio y actividades económicas, y las tensiones entre gestión y sujetos patrimoniales. La discusión que se propone sobre los resultados expuestos comprende al patrimonio como una cristalización de procesos donde se crean y atribuyen significados desde la propia cotidianeidad y las prácticas que resaltan identidades (Waisman, 1994; Lowenthal, 1996; Troncoso y Almirón, 2005; Pérez Winter, 2020b). Se entiende que el patrimonio se presenta fluido y dinámico, al permitir su reconfiguración, reapropiación y resignificación; en tanto que oficia, desde una dimensión temporal (Bellini, 1999; Graham et al., 2000), de indiscutido nexo entre pasado, presente y futuro. Es decir, el patrimonio permite aproximarse a una noción de paisaje que implica leer capas formativas, legados culturales en continua superposición, pero que precisan de un ejercicio atento para descubrir aquello que le confiere identidad y poder así emplearlo en políticas de ordenamiento territorial para una región (Sabaté Bel, 2010; Silvestrini et al., 2021).
En primer lugar, se discutirá sobre los bienes patrimoniales tangibles construidos. El primero de ellos, el tambo, asomó como un elemento ampliamente valorado y que comunica la dimensión económica del patrimonio con contundencia, al ser parte de las actividades productivas insignia de la región. De igual manera, crea su significación desde la cotidianeidad y, como tal, fue considerado un típico reservorio de la identidad local. Como los bienes deben ser comprendidos en su conjunto y contexto, la vaca lechera y las industrias lecheras participaron de esa misma alta valoración social. Por lo cual, sería un error diseñar estrategias patrimonialistas que los abordaran por separado. Los bienes de la lechería trascendieron asimismo la dimensión temporal del patrimonio, porque informan acerca de una historia pasada, se emplean y usufructúan en el presente con un nivel de conservación importante de sus rasgos anteriores -tanto funcionales como estéticos-, y se proyectan hacia el futuro con una readaptación dispar. Esto, ya que cuando la magnitud de las presiones del medio económico y tecnológico son muy grandes, solo aquellos elementos de mayor escala y gestionados por actores más poderosos logran sobreponerse a las dificultades para poder trascender. Por otro lado, todavía no se verificó una exploración notoria de estos bienes en tanto mercancías turísticas locales (Troncoso, 2013).
Otro debate merecieron los antiguos edificios productivos de la lechería, el bar y el almacén de campo, y las capillas y adoratorios rurales. Si bien sus arquitecturas comunican una función del pasado, se trata de bienes que no han podido ser refuncionalizados en el presente: entonces, allí hay un quiebre en su dimensión temporal. Son identidades cristalizadas en un momento pretérito, por lo que nuevas generaciones difícilmente las reconocen. Para estos casos, las estrategias de actuación patrimonial deberían ser diferenciadas, y las soluciones requerirían de especial creatividad para dotar a estos elementos de nuevos usos y significados, que tiendan a una reapropiación social en el presente y con chances de avizorar el futuro.
Con respecto a los silo-bolsas, tan negativamente valorados en todas las categorías, son bienes que con toda probabilidad no expresan proyección de futuro. Solo están anclados en el presente, y no tienen un pasado. Es posible que, en cuanto aparezca una solución más conveniente para los gringos (en términos tanto económicos, espaciales e incluso estéticos), estos tubos blancos dejen de ser parte del paisaje regional. Hoy, son elementos con un único significado: aquel utilitario, productivo. Por eso, la clave de su éxito en el tiempo está fuertemente condicionada por ofrecer una mayor diversidad en significados, cuestión de la que hoy carecen (Vázquez Bravo, 2022).
En otro orden, se registraron bienes que, si bien están valorados positivamente por las personas, presentaron problemas para albergar nuevas funciones y significados: los molinos de viento, y las estaciones y el tendido ferroviarios. Entre ellos, la salvedad fundamental se relaciona con la propiedad de estos elementos: mientras que los obsoletos molinos se encuentran en campos privados, la infraestructura del FF.CC le pertenece al Estado Nacional. Este detalle podría ser una ventaja si se decidiera recuperar este sistema y sus partes constitutivas, porque la acción sería necesariamente sobre el conjunto de esos bienes.
En otro orden, las dos formas de llanura en la región (pampeana y chaqueña) son quizás las que mejor expresaron la idea de patrimonio territorial: por su omnipresencia, su escala inasible, y por su pregnancia. Inclusive, comunicaron una dimensión temporal que es también inabarcable: la presencia humana es apenas una muesca en la historia de estos elementos. El territorio dicta las posibilidades del asentamiento antrópico, pero las limita. El territorio dicta las formas que adoptan esas lógicas, pero condiciona su dimensión temporal, los éxitos y fracasos de las empresas humanas. Por todo ello, es importante conocer las posibilidades y las limitaciones del patrimonio desde las ópticas del ordenamiento territorial (Massiris Cabeza et al., 2012). La llanura permite y explica, por otra parte, los restantes bienes patrimoniales que sobre ella se registran. Entonces, una estrategia patrimonial para la CLCA seguramente debería iniciar por este soporte.
En otra apreciación, se debe distinguir la persistencia en el tiempo de las funciones de aquellos elementos del paisaje del verde, no así su estado de conservación. Altamente valoradas, avenidas verdes, cajas vegetales y cortinas forestales podrían clamar por una restauración -en términos de la memoria positiva que exhiben- y una presencia ampliada en el paisaje, por motivos ambientales, en un contexto de cambio climático y calentamiento global (Torres, 2022).
La dimensión cotidiana del patrimonio emergió en la lechería, otra vez, en tanto la familia tambera gozó de amplio reconocimiento, inclusive entre sujetos que no pertenecen al espacio rural donde el bien aparece. Hay allí, además, una dimensión temporal en peligro: cuando la actividad lechera es discontinuada, con todo el valor simbólico, económico y territorial que acarrea, la familia tambera corre riesgo de reducirse, modificarse drásticamente o, más grave aún, desaparecer en el futuro.
La idiosincrasia local y la cultura del gringo trascendieron la dimensión temporal del patrimonio y fueron especialmente consideradas como parte identitaria básica de la región. Fueron resaltadas en todas las esferas sociales, y se mostraron siempre con orgullo. Lamentablemente, no ha corrido similar suerte la cultura cooperativista, con enormes dificultades para soportar los avatares de las últimas décadas en la CLCA. Asimismo, no parece ser un bien transversalmente compartido por habitantes de los distintos sectores de la cuenca, lo que quizás atenta contra su valoración positiva (Pérez Winter, 2020b).
La dimensión temporal también atraviesa las fiestas y celebraciones, aunque de modo dispar. En ese sentido, algunos eventos lograron trascender los años y, merced a su éxito y los apoyos que han cosechado, instalarse como fechas gravitantes del calendario local. En cambio, otras fueron discontinuadas relativamente rápido y se pierden iniciativas con claro tinte patrimonialista. Como sea, las fiestas expresaron muy bien la relación entre patrimonio y turismo, ya que más allá de reunir a los actores locales, convocan visitantes foráneos a quienes se les comparte rasgos identitarios regionales. Por otro lado, se piensa que una buena estrategia sería el promover los eventos que se localizan por fuera del corredor central de la cuenca, y hacer énfasis en el costado gastronómico de las festividades. Sin embargo, las dificultades económicas e infraestructurales han de ser encaradas de antemano si tal propuesta fuera abordada.
Las iniciativas turísticas sobre el patrimonio lechero, así como religioso, parecieron tener una buena recepción y un reconocimiento muy positivos en el territorio. Como potencial estrategia, estos itinerarios podrían ser asociados entre sí, así como a festividades temáticamente relacionadas. De todos modos, esto implicaría una discusión sobre calendarios festivos revisados, más completos. Reiteradamente, apareció el problema de los recursos financieros y de las inversiones en infraestructuras, tanto de servicios como turísticas. Justamente, y en relación a los ámbitos territoriales, la lechería consiguió un amplísimo reconocimiento, al ser el más votado aquel de tambos y taperas. Este patrimonio y sus eventuales circuitos podrían ser pensados en conjunto al de tipo religioso, del cual las capillas rurales podrían ser estudiadas en detalle por su atractivo turístico. Restaría revisar las conexiones que ensalcen el cooperativismo y la cultura del inmigrante y su idiosincrasia en tanto itinerarios relacionados a esos patrimonios lecheros y religiosos. Al recapitular y retomar la hipótesis inicial, es interesante observar cómo las iniciativas turísticas patrimoniales más fuertes son aquellas en las que los bienes son vinculados a circuitos que fueron fácilmente reconocidos por los actores locales.
Conclusiones
En primer lugar, se verifica el empleo patrimonial para las iniciativas turísticas más recientes en la CLCA. En cada una de las experiencias abordadas, uno o varios bienes fueron la justificación. Los resultados, si bien dispares, no parecen haber sido sometidos a una discusión de sus impactos, a la vez que no han surgido de los actores locales. Sucede muchas veces que, si bien los recursos y el puntapié inicial necesitan del acompañamiento y del poder de gestión de oficinas estatales supra o extrarregionales, lo que llega desde afuera es percibido como ajeno o no logra adentrarse en los detalles y particularidades locales. Como aprendizaje del caso de Atlautla (Méndez Méndez, 2016), cualquier estrategia turística sustentable debería, por un lado, ser apuntalada en el empoderamiento de la comunidad residente; por el otro, en la consideración de modalidades turísticas más atractivas para una población diversa. En ese sentido, es muy valorable el intento de los propulsores de la Ruta de la Leche, al trabajar con municipios y comunas santafesinos, uno por uno, con el fin de sostener la iniciativa en el tiempo junto a la población local.
En cuanto al catálogo de patrimonios reconocidos por los participantes de las encuestas, el amplio registro sobre elementos de la lechería, como el tambo y la vaca lechera, conduce a pensar en que deberían ser sin dudas bienes a potenciar en cualquier estrategia patrimonial en la CLCA. Por el otro lado, el trabajo debería ser redoblado para comprender en profundidad la debilidad de algunos patrimonios a la hora de ser tenidos en cuenta en el imaginario popular: se trata de museos, antiguos edificios productivos de la lechería (los cuales podrían ser rescatados y unidos al éxito que experimentan patrimonios lecheros de gran reconocimiento) y otras arquitecturas rurales que seguramente necesitarían reestudiar sus funciones, alcances y significados actuales, pero con atención a cada caso (bar y almacén de campo, galpones rurales, capillas y adoratorios rurales). La buena valoración de algunos bienes —paradójicamente, poco registrados— podría ser empleada como excusa para su rescate en la memoria popular. Los museos se beneficiarían de este modo merced a su gran estima como parte de la identidad local, mientras que capillas y adoratorios rurales y el bar y almacén de campo podrían aprovechar su estima como irrepetibles y antiguos para apuntalar su estrategia de recuperación patrimonial.
Similar aproximación podría ser empleada con los patrimonios materiales naturales, pero con otros matices: por ejemplo, los bajíos y depresiones figuran al tope en el desconocimiento y se hallan entre los menos valorados, en distintas categorías. Esto indica que aquí se debería realizar un trabajo casi de docencia sobre este elemento, porque evidentemente la población encuestada, a pesar de su alto nivel educativo, lo desconoce y, por ello, le cuesta valorarlo positivamente. En el otro extremo, se podría aprovechar que la llanura pampeana, así como elementos de la familia paisajística del verde (cortinas forestales, cajas vegetales y avenidas verdes) son claramente comprendidos y valorados en distintas categorías, y colocarlos como protagonistas de la historia patrimonial del espacio rural y su conformación. En el caso de los bienes del paisaje del verde, un próximo paso, ambicioso y complejo, pero no imposible, sería encarar su relevamiento más detallado por porciones del territorio, e idear maneras para contabilizarlo. Después de todo, son elementos de un valor ambiental agregado frente al cambio climático actual (Torres, 2022).
En el caso de los bienes inmateriales, al gozar todos de gran reconocimiento y valoraciones que no permiten entrever grandes diferencias entre unos y otros, imaginamos una estrategia distinta: se podría emplear la elevada estima que los habitantes tienen sobre ellos para vincularlos a otros bienes de la categoría material. Esto, tanto para ligar sus historias y potenciar su efecto positivo sobre bienes materiales que no gozan de ese prestigio, como para pensar su aprovechamiento turístico: ¿qué motivos impiden que un bien inmaterial de carácter religioso (fiestas patronales) pueda ser articulado en recorridos temáticos a los circuitos de un elemento material del mismo carácter (capillas rurales)? En realidad, son opciones aun inexploradas, pero totalmente factibles de unir creativamente. ¿Y qué hacer en el caso de la cultura regional del cooperativismo, la cual llega a nuestra época desgastada y con tantos desafíos? Para este ejemplo, quizás no alcance con mencionar su valor asociativo histórico en la defensa de los intereses de pequeños y medianos productores. La solución, en tanto valor patrimonial, seguramente sea la reinterpretación de esas mismas cualidades históricas y su retraducción a modelos actuales de gestión, que tornen el bien conocido y atractivo para las generaciones más jóvenes que no lo conocieron en su esplendor.
En otro orden, se piensa que debería plantearse un trabajo previo a cualquier experiencia turística con foco en el patrimonio local, del cual parece existir una clara carencia. Ello alude al método que Mayordomo Maya y Hermosilla Pla (2020) describieron como de identificación para la categorización, y al que se le podría sumar la categorización para el reconocimiento, el reconocimiento para la valoración, y la valoración para la decisión. Es decir, cualquier propuesta de usufructo del patrimonio regional debería antes recopilar, inventariar y ponderar los bienes, para poder disponer informada, criteriosa y ajustadamente de ellos. Del mismo modo, opinaron Méndez Méndez (2016) y Silvestrini et al. (2021), al plantear la realización de diagnósticos de viabilidad social para el desarrollo local de distintas modalidades de turismo rural, con inclusión de la percepción de los habitantes del territorio, su interés y su disposición por participar, y su nivel organizativo interno. Los inventarios y diagnósticos patrimoniales, además, deberían ser generados en pos de una gestión territorial, paisajística y turística integral. Ese mismo proceder debería, cuanto menos, imaginarse en horizontes de planificación de la cuenca como un todo, cosa que hoy no sucede (Torres, 2022). El método debe ser realmente participativo, puesto a discusión por las bases, por las personas que custodian ese patrimonio: los habitantes locales. A propósito de ellos, este trabajo no tuvo como propósito la inclusión y estudio de un mapa actoral local, el que se considera sí sería necesario profundizar en el caso de un trabajo patrimonial sostenido en el tiempo en la cuenca, donde seguramente harían su aparición otras instituciones y otros gestores del patrimonio.
Sería necesario idear estrategias de sensibilización de la población local sobre las temáticas del patrimonio rural y su relación con la conformación de una identidad regional fuerte, aunque no congelada en el tiempo, y abierta a adquirir nuevos significados. Esto debería venir mano a mano con el logro de reconocimiento institucional que apunte directamente a la protección y la promoción patrimonial local. Específicamente, sería imperativo establecer nuevas categorías de reconocimiento y de valoración, ajustadas al caso de estudio y los bienes patrimoniales de la región, pero que luego puedan extrapolarse a otras realidades y casuística. Se entrevé allí el principal aporte de este trabajo, y que puede ser de gran interés tanto para la disciplina del ordenamiento territorial, como para los estudios patrimoniales y turísticos en interrelación. Por ello, se propone rescatar algunos aprendizajes para transformarlos en insumos de una serie de desafíos, entre los que destacan:
Finalmente, corresponde mencionar los aportes logrados con este trabajo. Se considera que se está en condiciones de afirmar que se ha podido avanzar hacia el reconocimiento del catálogo de los bienes patrimoniales de la CLCA —especialmente, los rurales— por parte de sus propios residentes, conjuntamente a una primera instancia de valoración de los mismos. También, se ha podido registrar sus pareceres en torno a ciertas experiencias turísticas que han hecho su aparición en el territorio en los últimos quince años. Al mismo tiempo, la identificación de potenciales cualidades temáticas para su propio paisaje permitió cuestionar el sentir local sobre distintas alternativas que se estudian desde la academia, y renutrirlas.
Futuras líneas de trabajo implicarían volcar los resultados en acciones concretas de planificación participativa, vinculante y de escala regional. Es decir, ahondar las estrategias de actuación patrimonial, con una mirada largoplacista de los bienes que los reimagine desde el ordenamiento territorial. Por ello, se plantean algunos interrogantes para continuar la investigación: cuando el patrimonio es simplemente una mercancía turística, ¿trae desarrollo socioeconómico local real?; ¿cuáles son sus impactos y cómo se lo mide?; ¿existen conflictos de intereses incipientes provocados por estas experiencias?; ¿qué factores inciden en el reconocimiento de experiencias patrimoniales de turismo rural y cómo se podría perfeccionar su difusión?; ¿cómo interactúan las iniciativas con actividades productivas tradicionales de la región?
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Fecha de recepción: 31 de julio de 2025.
Fecha de aceptación: 26 de marzo de 2026.
© 2026 por los autores; licencia otorgada a la Revista Universitaria de Geografía. Este artículo es de acceso abierto y distribuido bajo los términos y condiciones de una licencia Atribución-NoComercial 4.0 Argentina de Creative Commons. Para ver una copia de esta licencia, visite https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es
1 Los territorios, conjuntamente a sus identidades y voces son visibilizados al activarse certificaciones y marcas, versiones de tradición y memorias, a la par que se registran transformaciones turísticas, desarrollistas e inmobiliarias (Pérez Winter, 2020b).
2 La CLCA abarca las siguientes provincias con sus respectivos departamentos y capitales: en la provincia de Santa Fe, se consideran los departamentos de Las Colonias (Esperanza), Castellanos (Rafaela) y San Martín (Sastre); parte de San Cristóbal (capital homónima) y de San Jerónimo (Coronda); en la provincia de Córdoba, parte del departamento San Justo (San Francisco); y en la provincia de Santiago del Estero, parte del departamento Rivadavia (Selva).
3 Se pueden consultar los datos obtenidos para la encuesta 1 (Bienes patrimoniales en la Cuenca Lechera Central Argentina) en el enlace: https://docs.google.com/spreadsheets/d/1RGvNIwvPkA2at13nIlmeZVimTd9-leH-5cDsKeFlqTI/edit?usp=sharing
4 Se pueden consultar los datos obtenidos para la encuesta 2 (Festividades e iniciativas turísticas en la Cuenca Lechera Central Argentina) en el enlace: https://docs.google.com/spreadsheets/d/1M0QtF9R8lQstECZlzH_BxHTZd5AeHeJmdS5E3eiYKhU/edit?usp=sharing
5 Según datos del último Censo Nacional efectuado por INDEC (2022), Rafaela registró 102.236 habitantes, San Francisco 69.391 y Esperanza 47.228.
6 Hileras de árboles que sirven para delimitar campos, para dar sombra y frenar el viento.
7 Agrupamiento de árboles en torno a una vivienda rural.
8 Hileras de árboles que marcan el camino de ingreso a una vivienda rural.
9 Idiosincrasia local entendida como los rasgos y las formas de ser colectivos y la cultura del gringo como aquella del descendiente de inmigrantes europeos.
10 Estructura colectiva de productores lecheros en conjunto a sus familias.
11 Surgimiento en la década de 1930, fuerte sostenimiento hasta la de 1970 (Torres, 2022).
12 Según datos del Censo Nacional de INDEC (2022), el índice de feminidad en las provincias de Córdoba y Santa Fe se sitúa en torno a 107, y es de 103 para la provincia de Santiago del Estero.
° https://doi.org/10.52292/j.rug.2026.35.1.0093
* IECET-CONICET. ctorres@unc.edu.ar

Figura 2. Origen geográfico de las respuestas obtenidas para la Encuesta 1 (Bienes patrimoniales en la Cuenca Lechera Central Argentina).
Fuente: elaboración propia.