Nuevas configuraciones espaciales en las novelas africanas subsaharianas de la (pos)independencia
Juan Cruz Margueliche*
Resumen
La propuesta del artículo se basa en recuperar la figura de la novela del África Subsahariana de la posindependencia como pieza (no) ficcional. Las novelas son portadoras de dimensiones políticas, sociales, económicas y culturales en donde se encuentran a su vez correlatos espaciales. A diferencia de las literaturas coloniales, las novelas de la etapa de la independencia africana están atravesando transformaciones y desplazamientos en relación con el campo de enunciación, lugar físico y contexto global. Por otro lado, abordar estas novelas, permite aproximarse a un campo de estudio que está distanciado en lo físico como en lo cultural. La colonización de las ideas y sobre todo las formas de perpetuar las mismas miradas sobre el continente, obligan a los estudios culturales y a la geografía a indagar nuevas fuentes de información. En ese sentido, se pasa a considerar a las novelas como objetos de estudio, sujetos a entrevistar y trabajo de campo. En estas novelas se encuentran diferentes autores/as que escriben a “contrapelo” disputando sentidos y subjetividades para evadir las vulgatas pedagógicas (conjunto de ideas, frases hechas y lugares comunes) que configuran las representaciones del continente. El trabajo no busca proponer una metodología en sí misma, sino por el contrario propiciar un recorrido que permita reconocer e identificar a través de una selección de novelas los tópicos antes mencionados. Por último, se puede anticipar que, a diferencia de la novela colonial que impuso una modelización del espacio africano, la literatura africana en la actualidad está configurando nuevas formas de representación bajo un carácter abierto, híbrido y cosmopolita.
Palabras clave: Novelas, Territorio, Espacio, Enunciación, Literatura.
New spatial configurations in sub-Saharan African novels of the (post) independence.
Abstract
This article proposes a reappraisal of the post-independence Sub-Saharan African novel as a (non)fictional work. These novels carry political, social, economic, and cultural dimensions that are accompanied by corresponding spatial correlates. Unlike colonial literatures, novels from the African independence era are undergoing transformations and shifts regarding their field of enunciation, physical setting, and global context. Approaching these novels also enables engagement with a field of study that is distant both physically and culturally. The colonization of ideas —and especially the persistence of the same perspectives about the continent— compels cultural studies and geography to explore new sources of information. Accordingly, novels are considered here as study objects, as interlocutors, and as a form of fieldwork. Within them, various authors write “against the grain,” contesting meanings and subjectivities to evade the pedagogical vulgates (sets of ideas, stock phrases, and commonplaces) that shape representations of the continent. This work does not aim to propose a methodology; rather, it offers a pathway for recognizing and identifying the aforementioned topics through a selection of novels. Finally, it can be anticipated that, unlike the colonial novel that imposed a modelling of African space, contemporary African literature is producing new forms of representation characterized by openness, hybridity, and cosmopolitanism.
Key words: Novels, Territory, Space, Enunciation, Literature.
Introducción
La propuesta del artículo se enmarca en un campo de estudio interdisciplinario que promueve el cruce entre diferentes disciplinas de las ciencias sociales para comprender las configuraciones territoriales que se podrían estar gestando en las novelas de África Subsahariana de la posindependencia. Dicho trabajo nace bajo la necesidad de iniciar un recorrido metodológico para comprender los cambios espaciales que se han empezado a dar en las novelas africanas a partir de su proceso de independencia. Lo que si se tiene presente son los antecedentes de trabajos previos de otros autores (Said, Achebe, Moretti, Casanova, Le Clézio, Pamuk entre otros/as) que han reflejado desde diferentes miradas y disciplinas el proceso de modelización espacial que gestó la novela colonial europea. No obstante, estas literaturas han impulsado la imposición de un relato o narrativa sobre un universo de entropía y de exotización hacia estos territorios. Desde su literatura, la novela colonial configuró una geografía imaginaria demarcando una frontera entre el mundo moderno-occidental-civilizador y una periferia “primitiva” incivilizada carente de autonomía y gobernabilidad. Por otro lado, logró aunar un mundo de ideas con sus respectivos correlatos espaciales. Es decir, mientras la novela colonial y sus autores/as escribían, la pluma y su tinta iban (re-des)dibujando materialmente los territorios conquistados. El modelo espacial (ficcional-material) se sintetizaba bajo la siguiente secuencia: llegar, penetrar y salir, dotando de carencias (o despojando) al espacio africano de su organización territorial preexistente.
Por otra parte, en las últimas décadas, la novela africana (como otras literaturas del sur) han y están atravesando grandes transformaciones en sus producciones, circulación y recepción de contenidos. Transformaciones que van desde una nueva relación entre el lugar de enunciación y el espacio de residencia de los/as autores/as. Se habla de autores/as que escriben desde sus naciones africanas en lenguas coloniales y/o que escriben desde naciones del centro bajo la lengua que residen contando historias sobre África.
Las actuales transformaciones, hibridaciones, migraciones y diásporas contribuyen a abrir los espacios hacia nuevos lenguajes y llevan a Vidal Claramonte a afirmar: sin duda hoy más que en ninguna otra época, la literatura es el reflejo de cómo ha cambiado el mundo y de que los espacios se van solapando: los desplazamientos continuos dan lugar a la mezcla de culturas, algunas veces, y a su choque, otras (Gentile et al., 2015, p. 3).
No obstante, ambas condiciones no anulan la posibilidad emancipatoria de escribir sobre la historia africana, sus proyectos y problemáticas poscoloniales. Por otra parte, se deben destacar las tensiones entre la independencia literaria y la sumisión editorial. En esta línea, es interesante destacar la mirada de Siskind (2016), con su obra Deseos cosmopolitas. Modernidad global y literatura mundial en América Latina. Siskind procura problematizar las formas en las que se considera, en la actualidad, el concepto de literatura mundial. A partir de allí, se interpela bajo la siguiente pregunta ¿es posible la formulación de un proyecto literario cosmopolita que se sostenga como una articulación planetaria?, ¿qué posturas adoptarían las periferias en este orden? ¿cuáles serían los efectos de dicho proyecto sobre la literatura misma? (Rojas Valenzuela, 2017)
Por otro lado, Casanova (2001) propone analizar el espacio literario mundial entendido como las relaciones literarias a nivel global. Lo que la autora se propone es describir y analizar la estructura del sistema–mundo. En dicha estructura es donde se puede ver la reestructuración de los centros y periferias literarias. En se sentido, el mercado configura circuitos específicos (y a la vez diferenciales), promoviendo la evolución de las relaciones del centro hacia la periferia, donde un elemento pasa de un sistema periférico (literatura popular, minoritaria, etc.) a un sistema central (Margueliche, 2025).
En estas líneas, la propuesta de Siskind (2016) y Casanova (2001) ponen en evidencia que la literatura mundial se inserta de manera diferencial en el mercado; y que a su vez está sujeto a agentes intermediarios de poder (editoriales, traductores/as, lenguas, entre otras) que controlan las formas de producción y distribución. Y, por ende, cuentan con mayor capacidad coercitiva para imponer ciertas literaturas, y periferizar otras. Por ello, es importante reponer las novelas africanas en este actual contexto. No obstante, más allá de la discusión sobre la selección de las novelas africanas, se deben proponer, además, algunas formas de abordarlas y destacarlas como plataformas político – culturales reivindicativas que buscan hacerse un lugar en el sistema – mundo (literario) desde sus propias identidades.
También, se debe destacar el contexto actual de una geopolítica comunicacional. Esta geopolítica imprime nuevas subjetividades y discursos. Este punto es importante porque el mundo literario continúa aun construyendo imaginarios. Zusman (2013) lo deja planteado a través de la siguiente cita:
Esta organización naturaliza la superioridad y dominación occidental y la inferioridad de la población no europea. Bajo este orden epistemológico se organizan ciertos imaginarios sobre las poblaciones aborígenes, sobre las formas de vida de las poblaciones urbanas y rurales en los continentes asiáticos y africanos (p. 58).
¿Qué aporta entonces el abordar este tipo de novelas en la actualidad?, ¿qué se puede aportar desde la geografía a este tema? En primer lugar, permite identificar las tensiones y campos emergentes donde se enmarcan estas piezas literarias. En la actualidad, se puede observar cómo los/as novelistas africanos/as estarían evadiendo las inquisiciones eurocéntricas, haciéndose un lugar en una nueva geografía editorial promoviendo temas de la sociedad africana que antes estaban fuera de agenda (colonialismo y problemáticas actuales). Una sociedad africana que puede contar sus propias historias, como así también formar parte de un escenario global cosmopolita, ya no solo como objetos; sino como sujetos. En relación con la geografía, se debe destacar la mirada y aportes de la geografía poscolonial. La geografía poscolonial analiza cómo el colonialismo europeo ha moldeado el mundo más allá de la independencia formal, criticando las narrativas eurocéntricas y explorando las persistentes relaciones de poder, identidad, cultura y desigualdad global que aún impactan en las sociedades excolonias.
¿Desde dónde pensamos el espacio (literario)?
Con el título del presente trabajo, se propone avanzar en el análisis de qué tipo de territorialidades se estarían configurando en las novelas africanas subsaharianas a partir del período de la independencia. Este interrogante se da a través de varias discusiones y decisiones metodológicas. Una primera discusión se basa en tomar de referencia los modelos espaciales configurados por la novela colonial. El caso más paradigmático podría ser El corazón de las tinieblas de Conrad (2004). Esta propuesta queda plasmada con la mirada (y metodología) de Moretti (2001) con su Atlas de la novela europea 1800-1900 donde logra desmontar el modelo espacial europeo en el proceso de colonización. Desde lo metodológico, existe una gran complejidad que se centra, en primer término, en cómo abarcar toda la literatura (novelas) africana subsahariana. Para ello, Moretti propone una metodología de corte cuantitativa para cartografiar las novelas buscando patrones espaciales. En ese sentido, Moretti fundó en el año 2010 un laboratorio de textos (Literary Lab) en la Universidad de Stanford, Estados Unidos. Lo que se propuso con este proyecto fue tomar distancia de los textos (lectura hecha por los/as lectores/as) a través de lo que denominó “Lectura distante”. Ésta se refiere a tomar distancia del objeto como si una cámara de cine se alejara para pasar de un plano de detalle a un plano general, y de un plano cerrado a otro abierto (Margueliche, 2025). Una de las principales preocupaciones de Moretti fue cómo estudiar la historia de la literatura mundial con relación al tiempo con el que se cuenta. Ya que es imposible disponer del tiempo suficiente para leer cada libro publicado. Por eso, recurre a varios software capaces de procesar grandes cantidades de información. Esto le permite buscar patrones, palabras claves, estudiar las recurrencias, la proporcionalidad de los adjetivos, la sintaxis, las estructuras dentro de las novelas generando mapas (localizar y encontrar tramas espaciales), gráficos (periodizar) y árboles (agrupar información) (Cebrero y Gesualdi, 2015). De esta manera, se pierde en parte ciertos detalles de las piezas literarias, pero en cambio se puede acceder a grandes volúmenes de información expresadas en formatos estéticos que facilita la visualización de otras dimensiones como la espacial.
Los Mapas, por ejemplo, describen ciclos, localizan, relacionan y configuran tramas espaciales. En la figura 1, se puede observar la cartografía de las novelas coloniales expresando el sentido de modelización que le imprimieron al continente, tanto desde la literatura (relato) como el proyecto colonial in situ. La narrativa modelizante de las novelas coloniales basadas en la secuencia del saqueo: llegar, penetrar y salir también se reprodujo territorialmente en el accionar del colonialismo. En ese sentido, el mapa expresa las localizaciones mencionadas en las diferentes novelas coloniales.
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Figura 1. Cartografiando las novelas coloniales. Las líneas punteadas reflejan las novelas inglesas y las líneas continuas las novelas francesas. Por su parte, en el vértice inferior izquierdo figuran las novelas y sus respectivos autores.
Fuente: Moretti, 2001.
Por su parte, las redes permiten periodizar e identificar las tramas y los argumentos ocultos a través de los personajes de una novela (Fig. 2). Con la identificación de un personaje y reconstruyendo las redes que generan, éstos se convierten en nodos y sus diálogos en conexiones (Cebrero y Gesualdi, 2015). De esta manera, Moretti logra evadir la lectura lineal de la literatura para ir descubriendo vinculaciones que le dan sentido a la novela.
Figura 2. Red de Hamlet. Fuente: Cebrero y Gesualdi, 2015.
Por otro lado, Moretti (2011) explica la potencialidad de armar una red a través de un personaje central de una obra literaria. Para el autor, una red consta de vértices y aristas; una trama, personajes y acciones. Para ello, si se convierte a los personajes en los vértices de la red y a las interacciones entre ellos en las aristas, se obtiene para el caso de Hamlet una red como la representada en la figura 2.
En ese sentido, para Moretti (2011) uno de los grandes cambios introducidos por las redes es la posibilidad de dotar al pasado de la misma visibilidad que al presente. También, la red resalta regiones concretas de la trama, y subsistemas que comparten alguna propiedad significativa con el resto. En relación con poder unir temporalidades (pasado y presente), esta acción brindada por la red resulta interesante, ya que además de identificar las relaciones entre personajes y espacios, hace posible la vinculación de dimensiones espacio-temporales.
En el caso de confeccionar (en base a la metodología propuesta por Moretti) la red de Marlow1 en El Corazón de las tinieblas se podrían identificar rápidamente las siguientes cuestiones:
Por último, los árboles (Fig. 3) permiten agrupar o “clusterizar” relaciones entre personajes, y/o palabras de alta frecuencia. Esto lo que facilita es identificar sentimientos, colores, lugares mayormente referenciados por todas las novelas de un período (Moretti, 2004). Para Moretti (2004), los árboles son una forma de elaborar diagramas morfológicos, en los que forma e historia constituyen las dos variables del análisis. El autor entiende a las relaciones entre géneros y personajes a través de diagramas ramificados que muestran la divergencia de las formas literarias, similar a las ciencias naturales.
La propuesta metodológica de Moretti (2004) se presenta en el artículo desde una visión y perspectiva cuantitativa. Dicha propuesta, tal como se ha venido describiendo facilita el acceso al universo literario con mayor capacidad y caudal de información identificando regularidades y matrices que condensan diferentes cualidades y características de las novelas. En ese sentido, se debe destacar que sin este tipo de metodologías sería prácticamente imposible abarcar tanta información.
Por el contrario, la propuesta del artículo que aquí se presenta es una invitación a un trabajo de corte cualitativo. El objetivo es promover un recorrido metodológico para seleccionar una muestra del heterogéneo universo literario africano. Esta selección busca captar las transformaciones que está vivenciando la comunidad africana en sus territorios, en la diáspora o en las comunidades transnacionales que están configurando el cosmopolitismo global. Todo ello, sin renunciar a sus historias, memorias e identidades. Cabe destacar que, en la actualidad, las novelas no están ancladas en los designios del colonialismo, sino en un nuevo orden global que invita a rever su historia para proyectar el futuro.
Por lo cual, se propone desarrollar una metodología menos ambiciosa que la propuesta por Moretti (2001 y 2004). En ese sentido, interesa acercar una hoja de ruta para pensar una selección de novelas, en base a criterios geográficos y temporales que permitan una aproximación a un estado de situación; el cual abarque campos emergentes temáticos, reflexiones sobre las relaciones entre autores/as y espacio, entre otras cuestiones. No obstante, la propuesta metodológica de Moretti (2001 y 2004) es necesaria tenerla presente para lograr una mirada espacial de esta literatura en clave global.
Figura 3. Árbol de relaciones y temas centrales. Fuente: Moretti (2004) y Conrad (2004) en base a Inteligencia Artificial.
Hacia una posible definición de la novela africana de la posindependencia
La novela africana de la posindependencia designa a aquellas literaturas escritas por habitantes de territorios que lograron su independencia de las potencias Occidentales hegemónicas. Para Urbina (2013), la categoría “novela africana” es más compleja porque muchos de los/as autores/as de la posindependencia son exilados (voluntarios o no) de dichas naciones. Por otro lado, la autora sostiene que no se deben analizar estos espacios presuponiendo solamente que la experiencia colonial fuera el factor más importante en la historia de las naciones involucradas. Ni tampoco dejar de lado los períodos anteriores, como así también encasillar las historias a un pasado anclado e inmóvil dejando poco lugar a la mirada de los problemas actuales de estos espacios. Para Urbina una literatura poscolonial requiere y descansa en una premisa anticolonialista aun cuando no debería, en la actualidad, limitarse solo a eso. Y es que no puede limitarse porque sería conceder que el largo período colonial es definitorio en cuanto a la historia, desarrollo y futuro de los países involucrados (Urbina, 2013).
Desde cuestiones metodológicas, la novela africana reúne ciertos requisitos que hacen posible los objetivos de este trabajo. En primer lugar, el caso africano (más precisamente África Subsahariana) expresa procesos temporales de análisis de manera más estructurada, lo cual permite identificar cambios y continuidades en el espacio. Por lo cual, se discute la propuesta temporal de las etapas precolonial, colonial y de independencia (Álvarez Acosta, 2011). Por otro lado, asume espacios de análisis más propicios para identificar categorías sobre todo en contraposición con las impuestas por el colonialismo (Estado, nación, frontera, identidad, entre otros).
Estado de la cuestión
En relación con el tema se debe destacar que existen trabajos y reflexiones sobre la novela colonial como espacios de construcción hegemónica sobre personas y territorios. Pero no así abundan aquellas que trabajan sobre el rol de la novela africana en el período de posindependencia y sus configuraciones territoriales. Desde el surgimiento de la novela colonial, se ha conformado una narración–relato portador de ideas rectoras sobre propuestas esencialistas, estigmatizantes y configuradoras de estructuras socio territoriales asimétricas. En este sentido, las novelas coloniales se han constituido como los escritos dominantes de la época contando las historias de otros lugares y haciéndolas propias. Más tarde, en los períodos de independencia de los territorios antes dominados por los procesos de colonización, empiezan a gestarse otras literaturas. Estas literaturas en los períodos independentistas supieron encontrarse entre el dilema hamletiano de ser “como el centro o ser como nosotros mismos” (Devés Valdés, 2011). A partir de lo cual, se pudo observar en las primeras etapas de su formación fuertes imbricaciones y tramas de poder en sus narraciones. La dificultad de salirse del libreto impuesto por la herencia colonial posiciona a estas novelas en la disyuntiva narrativa de escribir sobre los impactos y consecuencias del colonialismo o encontrarse en una narración de carácter híbrido entre la dominación y la autonomía, como así también iniciar un recorrido a través de nuevos canales de enunciación a partir de problemáticas emergentes de sus propios contextos.
Para Zusman (1999), a partir de los años noventa, la geografía ha traído con un espíritu renovado la temática colonial. El subcampo de las geografías coloniales y poscoloniales, parte de una perspectiva crítica para tematizar los espacios materialmente construidos y representados en el proceso de apropiación y colonización desarrollado a partir de 1870-1914 por las potencias europeas en Asia y África. Por otro lado, estudia las consecuencias de este tipo acciones en los procesos de descolonización. Para la construcción de esta perspectiva de análisis se recuperan las visiones emergentes en las ciencias sociales dentro del campo de los estudios posmodernos y posestructuralistas, especialmente aquellos trabajos desarrollados en el área de estudios culturales encabezados por los estudios de Bhabba, Said, Spivak y las posturas derivadas de las lecturas de Foucault o Derrida.
Por otro lado, cabe destacar el estrecho vínculo que han mantenido (y mantiene) la geografía y la literatura. Pero en este caso, no se hará eje en un derrotero histórico de dicha relación, sino que por el contrario se buscará identificar algunas cuestiones centrales. Para Pérez Torres (2019) la geografía se ha acercado a la literatura desde diversas posturas. En ese sentido, destaca como pionero en los trabajos sobre la relación geografía-literatura al geógrafo cultural Yi-Fu Tuan. En cuanto al conocimiento de la experiencia del mundo a través de los personajes y situaciones de las novelas, Pérez Torres considera que es el campo de trabajo más fecundo en la actualidad por las posibilidades de poner en contacto a los seres humanos de diversos ámbitos y circunstancias. Por otro lado, sostiene que la reconstrucción de estos ambientes permite saber cómo eran los lugares en otro tiempo ya que hay detalladas descripciones que corresponden en parte a la imaginación del escritor, por tratarse de obras de ficción, pero también a la realidad física que constituía el lugar descrito.
Defendiendo a la geografía como ciencia de síntesis, Yi-Fu Tuan encuentra tres grandes aplicaciones de la literatura a la labor de la geografía. En primer lugar, como un experimento pensado en modos posibles de experiencia humana y relaciones que provee insinuaciones sobre lo que puede buscar un/a geógrafo/a cuando estudia el espacio social. La segunda aplicación como un artefacto que revela las percepciones ambientales y los valores de una cultura. Por último, como un intento ambicioso de balancear lo subjetivo y lo objetivo convirtiéndose en un modelo de síntesis geográfica. Para la geografía es un jardín que contiene el camino, una forma de arte capaz de incluir el análisis (Pérez Torres, 2019).
La dimensión espacial en las novelas
La herencia (neo)colonial se redefine a través de nuevas prácticas de dominación. En la actualidad, se observan escenarios que se polarizan tanto desde afuera como desde adentro de los mismos territorios. La perpetuidad o al menos la existencia del modelo actual de dominación requiere de herramientas que permitan deconstruir este nuevo escenario donde la literatura tampoco se encuentra exenta. La novela colonial trabajó en tiempos pasados construyendo imaginarios y fantasías sustentadas en el exotismo, configurando un mundo donde lo humano y lo natural (“salvaje”) carecía de distinción. Esta literatura se basó en contener y conquistar el apoyo nacional y justificar la empresa colonial. Sus obras construyeron un “otro” sujeto a atavismos irreconciliables con el mundo occidental y donde el espacio fue fuertemente modelizado para la economía del saqueo y el extractivismo.
Pero la novela ya no se configura espacialmente como en el período del proceso colonial. Por lo cual, Janheinz (1971) habla de literaturas neoafricanas para referirse a aquella literatura con influencia colonial y la separa de lo que se denomina literatura oral (Chavarría Alfaro, 2012). Esta categoría permite distinguir las novelas africanas de la posindependencia que ya no están atadas u obligadas a narrar historias desde una influencia colonial, ya sea por oposición o identificación. Y de esta manera se puede visualizar novelas que narran historias no sólo desde un nuevo espacio físico sino también de enunciación. No obstante, la capacidad o cualidad de extraterritorialidad (Steiner, 2009) que poseen algunos escritores rompe la dicotomía entre las literaturas del centro y las literaturas de la periferia para dar lugar a una instancia de enunciación narrativa más que a un determinismo espacial.
Los escritores a través de sus recursos literarios pueden desplazarse con mayor libertad en los territorios reales y ficticios, tomando de sus contextos de opresión otras dimensiones que no son contempladas por los discursos oficiales, como así también permitirse dar lugar a sus propias interpretaciones fuera de los marcos impositivos occidentales. Los/as autores/as de las diferentes novelas a través de sus contextos de emergencia histórico, político y cultural dotan a las obras de elementos constitutivos para decodificar la realidad y sus correlatos espaciales. Del mismo modo, la escala de la novela estaría pasando de un modelo de localismos exóticos con un fuerte carácter de externalidad a un modelo de escala multiterritorial (Haesbaert, 2011), donde la narración se nutre de argumentos multiescalares. Por ello, se debe comprender la escala y el contexto del autor, su obra y los temas–problemas que plantea la novela.
Las novelas juegan un papel político de resistencia y supervivencia en el actual proceso del capitalismo global. Si bien el colonialismo de manera fáctica ha culminado (salvo en algunas excepciones), los recientes Estados–nación debieron enfrentar viejas y nuevas problemáticas. Es desde allí de donde surge una literatura, por un lado, reivindicativa de los acontecimientos pasados y de las consecuencias del colonialismo y, por el otro, una escritura denunciante de los mismos atropellos impulsados por las elites locales. Ortiz Gambetta (2012) alienta hablar de literaturas regionales, dialectales o globales ya que las actuales transformaciones, hibridaciones, migraciones y diásporas contribuyen a abrir los espacios hacia nuevos lenguajes y realidades socioespaciales. Por lo expuesto, se puede plantear que la novela africana subsahariana de la posindependencia está transitando hacia nuevas configuraciones socio territoriales que conjugan situaciones pasadas-presentes, locales-globales e identitarias-cosmopolitas conformando un pasaje a una literatura que pivotea entre todas estas configuraciones; o que está generando un nuevo escenario espacial a partir de las mismas.
Encuadre temporal
Si bien el artículo se propone trabajar con la novela africana subsahariana del período de la posindependencia, resulta necesario presentar esta temporalidad a partir de una periodización que permita entender cómo se fue configurando este proceso por un lado y cómo se fue configurando el espacio por el otro. Para Martínez Carrera (1987), la descolonización o independencia de los pueblos africanos se produce a lo largo de un período que se enmarca desde la etapa de posguerra hasta nuestros días. Al igual que la colonización en Asia y África, el proceso de descolonización se respaldó sobre varios aspectos y atravesó también diferentes etapas. Algunos autores como Zoctizoum (2013) proponen una categorización del proceso de independencia del continente africano:
A partir de la segunda temporalidad, la descolonización contemporánea o actual, se pueden identificar tres etapas:
Este análisis de las temporalidades lleva a una segunda decisión metodológica: la selección de las novelas. ¿Qué novelas elegir para su análisis?, ¿bajo qué criterios elegirlas?, ¿existe algún criterio espacial que permita elegirlas sin renunciar a una mirada holística de sus producciones?
Selección de las novelas: una primera aproximación
El artículo se propone plantear algunas líneas y recorridos para avanzar con lectura y análisis de novelas. Para ello, se acerca una propuesta, que de ningún modo es definitiva, pero que puede aportar ciertos criterios para avanzar con la selección de un cuerpo de novelas que logre condensar la diversidad de la literatura de África Subsahariana. En primer lugar, se debe aclarar que la selección de las novelas será en su versión traducidas al español. Esta decisión es de corte metodológico y hermenéutico.
La periodización antes descripta se desarrolla a lo largo de más de cincuenta años, por lo cual cubrir toda esa extensión geográfica–temporal es una misión inabarcable para una novela o un/a autor/a. Por lo tanto, las estrategias de selección de las obras deben sustentarse a partir de otras categorías para su abordaje. Por ello, se tomarán novelas de colonias de Francia e Inglaterra, por haber sido los imperios más dominantes en cuanto al control de los territorios (expansión e influencia). Por otro lado, se tomará el caso de Sudáfrica por haber sufrido un proceso de “colonización” diferente al resto del subcontinente ya que ha transitado distintas presencias occidentales (portuguesa – como punto de paso en la ruta marítima comercial -, holandesa -Boers -y británica). Siguiendo la metodología de selección, se buscará que las historias narradas en las novelas se encuentren bajo los siguientes tópicos:
Novelas de ex-colonias británicas
La primera novela elegida es de la autora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie con su propuesta Americanah (2014). La novela está ambientada en la década de 1990. En el marco de una dictadura militar en Nigeria donde hay poco lugar para sobrevivir, dos jóvenes enamorados (Ifemelu y Obinze) que, como gran parte de su generación, saben que tarde o temprano tendrán que migrar. Obinze siempre ha soñado con vivir en Estados Unidos, pero es Ifemelu quien consigue el visado para vivir con su tía en Brooklyn y estudiar en la universidad. Mientras tanto, Obinze lucha contra la burocracia para reunirse con Ifemelu, quien se encuentra en una América donde nada es como imaginaba, comenzando por la importancia del color de su piel.
Todas sus experiencias, desgracias y aventuras conducen a una única pregunta: ¿acabará convirtiéndose en una americanah? Americanah, recoge el término sarcástico con que los nigerianos se refieren a los que vuelven de Estados Unidos. La obra transita alrededor de tres décadas y tres continentes. La historia plasma cómo se crea una identidad al margen de los mandatos de la sociedad y sus prejuicios. Esta novela hace posible trabajar en varias escalas saliendo de los localismos, por un lado, y trabajar la configuración del espacio a través del viaje, el exilio, la migración y los retornos. La posibilidad de transitar por varios territorios permite comprender no solo la configuración de los espacios, sino también la representación y percepción que se tiene sobre los mismos. Como así también, entender cómo los imaginarios estigmatizantes aún perduran sobre el continente africano, fuera de la modernidad y sujeto a atavismos.
La segunda propuesta es de Ghana de la autora Taiye Selasi. Su novela se llama “Lejos de Ghana” (2014). La autora denomina a los afropolitas a los hijos de los profesionales africanos que emigraron en las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX, y que hoy conforman una comunidad de jóvenes políglotas y cosmopolitas dispuestos a romper con los viejos tópicos de la identidad y a participar en la imparable transformación de la cultura africana. Las vivencias de los protagonistas se entrelazan en una historia sobre la dispersión de una familia, que abarca diversas generaciones y culturas, desde África occidental hasta Nueva Inglaterra, desde Londres hasta Nueva York. La novela propone una amalgama de culturas, desde la nigeriana y ghanesa hasta la americana. Todo aparece mezclado, sin que los protagonistas sientan necesidad de identificarse con ninguna de ellas. Son seres “despoblados” en este sentido. No tienen raíces en ninguna parte e incluso el engarce familiar se les ha roto. Quizás el único “lugar” al que podrían llamar “origen”.
Este tipo de novelas posibilita el ingreso a debates muy fructíferos. Debates que van desde la diferencia entre cultura e identidad (Grimson, 2010), los tipos de identidades (esencialista y constructivista) y debates como las culturas híbridas de García Canclini (2000) y/o mundo ch’ixi de Rivera Cusicanqui (2010). El primero entendido como sinónimo de mestizaje y de sincretismo. La hibridación cultural es la fusión entre distintos elementos de grupos sociales que da lugar a nuevas prácticas. Mientras que la segunda, como el sitio donde elementos diversos coexisten, elementos que algunas veces pueden ser opuestos, y otras no. El término proviene de la cosmovisión andina como metáfora para describir un estado de coexistencia de opuestos sin que estos se fusionen completamente.
Novelas de Sudáfrica
Para Sudáfrica se proponen dos novelas. La primera novela de John Maxwell Coetzee Esperando los bárbaros (publicado en el año 1980, edición trabajada del 2003) y la segunda titulada Mejor hoy que mañana Nadine Gordimer (2013). La novela de Coetzee podría definirse como atemporal ya que narra la existencia de un imperio que impone normas, modifica el espacio y constituye un mundo escindido entre la civilización y los bárbaros. Pero el autor emerge de un contexto post apartheid y esta novela no escapa a este problema. Su narración introduce debates sobre la construcción del otro, la estigmatización como instrumento de construcción de asimetrías y estrategias de esquive, y la dimensión espacial como sustrato y sustento de estas lógicas antes mencionadas como escenario de análisis de tramas relacionales de poder.
Por su parte, la novela de Gordimer narra el devenir de una familia mixta de un barrio de Johannesburgo desde los años noventa hasta finales del 2009. Terminado el apartheid, la mayoría de los ciudadanos no han visto cumplidas sus esperanzas de un mundo mejor: la democracia y la abolición de la segregación racial no han hecho brotar lo mejor de cada persona, sino que, por el contrario, la corrupción y las desigualdades sociales se han convertido en el nuevo caballo de batalla del país. La escritora pone en boca de los personajes gran número de cuestiones que han surgido tras el fin del apartheid y el post-apartheid: desigualdades sociales, xenofobia, los estragos del SIDA, la falta de trabajo, la corrupción política y la ruptura en la Sudáfrica post-Mandela (desde mediados de los 90 hasta finales de la década siguiente).
En este sentido, la novela de Coetzee aporta una estructura metodológica sobre la construcción de las desigualdades espaciales. Por su parte, la obra de Gordimer encauza en su narración en el presente de una sociedad que todavía debe seguir escapando del pasado y de la herencia (impuesta) de la desigualdad.
Novelas de ex-colonias francesas
Para este grupo se selecciona de la República Democrática del Congo a la novela Tranvía 83 de Fiston Mwanza Mujila (2017). El título de esta novela hace referencia a un bar que se encuentra en la capital de Ciudad-País. En este local se reúne toda la fauna de la ciudad: cavadores que trabajan en las minas, madres solteras, estudiantes, turistas, sicarios, entre otros. Todos están obsesionados por la carrera del éxito monetario. Esta Ciudad-País es un lugar ficticio del continente africano. En dicho espacio podemos ver a niños soldados, a un dictador y a extranjeros explotando los recursos locales.
La obra también muestra cómo se libran guerras civiles, rebeliones, motines y huelgas, en un contexto de corrupción, injusticia y desesperación. Fiston Mwanza consigue retratar un escenario, donde logra denunciar las formas más indirectas de esclavitud que existen en la actualidad, así como también visibilizar cómo los vestigios del imperialismo han sido reemplazados por otros tipos de abuso, más sutiles, pero igual de reprochables. Es el centro neurálgico de la Ville-Pays, una geografía imaginaria que sólo se sostiene por la existencia de una mina de diamantes y que lidera un militar disidente. La novela representa situaciones de explotación (neo) colonial en la actualidad y cómo el saqueo de los recursos constituye todo un entramado de redes de poder multilocal que permiten representar a cualquier territorio del continente.
Por su parte para Costa de Marfil se selecciona la novela Los soles de la independencia de Ahmadou Kouroma (2005). Esta novela narra la historia de Fama, príncipe malinké y último descendiente de la dinastía Doumbouya de Horodougou. Fama, en el período de independencia, fue destronado y reducido a la miseria, ya no es más que un carroñero de funerales que corre a mendigar de sacrificio en sacrificio y al que sólo le queda el recurso de la palabra para expresar su menosprecio y amargura. El autor, con una prosa que parece restituir el ritmo africano, nos muestra la realidad del África del período de la posindependencia. Las promesas de progreso hechas a los africanos, colonizados y abandonados en cuanto se emanciparon, no se cumplieron una vez liberados de las ataduras del mundo occidental. El pueblo mismo, Togobala, aparente garante de la tradición está en absoluta decadencia y ha perdido toda su autenticidad. Los soles de las independencias reflejan el hundimiento de una sociedad desestabilizada por completo que ha extraviado sus referencias, primero bajo la dominación colonial y luego con los poderes corruptos de los dirigentes de las independencias.
Reflexiones
En primer lugar, interesa destacar y promover el valor que contiene la novela para estos estudios, y sobre todo para la geografía. En segundo lugar, se propone retomar la articulación entre escritores/as, novelas y espacio (desde el sur global). Y, por último, se acercan unas breves palabras de cómo seguir trabajando estos temas bajo la dimensión espacial.
Trabajar con novelas implica posicionarse en primer lugar en el reconocimiento de su valor político-cultural. Se trata de producciones que, en sus diferentes géneros literarios, expresan campos sociales, políticos y culturales que, a partir de su autor/a, intentan introducirse en la vida de los/as lectores/as expresando campos de ideas y contextos colectivos. Por su parte, la literatura, y especialmente la novela, es un método etnográfico que permite dilucidar la manera que tiene la realidad de constituirse a partir de la fantasía y el parecer. En este sentido, la literatura como método se dirime entre desentrañar la condición humana frente a la literatura como fin en sí misma (López García, 2005).
El trabajo de estas novelas desde Latinoamérica promueve un diálogo Sur–Sur desde una perspectiva espacial y, de esta manera, deslindarse de las estructuras cardinales del Norte Global. En este sentido es importante destacar como antecedente la propuesta del novelista sudafricano Coetzee (2003). Este escritor creó en el año 2015 la Cátedra Literaturas del Sur en la Universidad Nacional de San Martín. Este premio nobel a través de diferentes propuestas (seminarios y encuentros) interdisciplinarias logró reunir autores/as, críticos literarios, investigadores/as y docentes de África, Australia y América Latina. Estas literaturas del Sur permitieron construir puentes a través de puntos en común de los tres continentes (Colonialismo, dictaduras y neoliberalismo). Por su parte, estos cruces literarios buscan invertir las miradas que históricamente el Norte impone al Sur bajo una estética – cultural hegemónica. Es decir, lograr evadir los modelos imitativos de la literaria del centro, para impulsar una literatura del sur global.
Por otro lado, cabe destacar que no se pretendió centrar el objetivo o fin último del artículo en confeccionar una metodología en el sentido más estricto. Sino por el contrario, reponer el aporte de la literatura en diálogo con otras dimensiones a fin de contribuir con información y conocimiento para los Estudios Africanos. Recuperar las novelas, en contraposición con la novela colonial, abre nuevos espacios de análisis donde la historia africana continúa su camino de denuncia, reivindicación y resistencia, tanto de la herencia colonial, como así también de los problemas actuales que no exime de responsabilidad a los universos locales.
En relación con el estudio de África, se presentan muchos obstáculos. Se trata del estudio de un espacio de localización lejana (tanto física como culturalmente), lo cual plantea el problema de aprehender aquellas realidades que no están al alcance de la percepción. O que, por el contrario, se encuentran bajo una perspectiva occidental. A la dificultad de su conocimiento mediante el método empírico se suma a la cantidad, variedad y contraposición de fuentes bibliográficas, mediáticas, orales (entre otras existentes) que se pronuncian desde las cuestiones simbólicas y materiales promovidas por Occidente. Por otro lado, estas representaciones están sujetas a las traducciones y distribución de las editoriales para las producciones escritas o por canales y medios de comunicación para imágenes y contenidos. Por otro lado, también se encuentra la desarticulación entre autores/as, lengua y territorio (Dupuy y Margueliche, 2025).
Esto permite recuperar los aportes de Zusman (2011) en su reflexión sobre tradición del trabajo de campo en Geografía y sus nuevos escenarios emergentes. Para esta autora, el trabajo de campo no puede reducirse solo al momento en que el/la investigador/a entra en contacto con los lugares o las comunidades que contribuyen a conformar el cuerpo empírico de la investigación. En cambio, el campo se construye a partir de una variedad de prácticas espaciales, tanto discursivas como corporales. Es decir, el trabajo de campo no se restringe al estudio in situ, sino que adquiere un carácter más amplio (Driver, 2000 en Zusman, 2011).
La propuesta aquí presentada no busca un fin en sí mismo, sino pretende estimular a otras investigaciones a considerar a las novelas de África Subsahariana como recurso pedagógico-metodológico para la enseñanza e investigación del continente. Como así también explorar estas plataformas no ficcionales como documentos escritos ya que admiten comprender las realidades y problemáticas del continente sin mediaciones o distorsiones que promueve los centros de poder.
Por otro lado, también se puede reflexionar sobre el rol de las novelas latinoamericanas y sus puntos de inflexiones en la actualidad. Allí, la figura de Ainsa (2012) con su obra Palabras nómadas. Nueva cartografía de la pertenencia puede aportar una mirada interesante y necesaria. Para Ainsa (2014)
La progresiva desaparición de barreras fronterizas, la generalización de las comunicaciones y los cambios radicales de las formas de producción y circulación de los productos culturales a los que se identificaba como “nacionales”, han conducido a este proceso de pérdida del territorio en que se reconoce un número creciente de autores. Lo que algunos consideran un obstáculo aniquilador efecto de la globalización es considerado por otros como un desafío a la imaginación y un nuevo punto de partida para el estudio de una noción que es más un “quehacer” que la gestión de un “patrimonio territorializado” (p. 111).
La propuesta de Ainsa se extiende a todos los escritores del sur global. En la actualidad, el/la escritor/a vive ahora voluntariamente “fuera de su tribu”. Esto ha provocado una fuerte y necesaria revisión de lo que se entiende como “literatura e identidad nacional” y se ha convertido en un significativo enlace transcultural. Ainsa invita a la superación de la dicotomía centro/periferia sobre la que se elaboró buena parte del discurso de los años setenta y la multiplicación de circuitos de circulación y difusión. Hoy se ha diseñado una nueva cartografía de la pertenencia basada en flujos segmentados y combinados que atraviesan y desdibujan las fronteras nacionales existentes. Esto hace que las relaciones se vuelvan más complejas que en el pasado. La interactividad actual se traduce en la existencia de una periferia urbana multicultural en las propias capitales que fueran centro: París, Londres, Madrid, Barcelona, Nueva York, Los Ángeles (Ainsa 2014).
Las novelas logran testimoniar dimensiones de la historia desde personajes que se encuentran imbricados en una realidad narrativa y biográfica de la mano de sus autores/as quienes además de sumergirse en la literatura expresan (desde su lugar) ideas, maneras de ver, sentir y (re)presentar el mundo que los rodea. Y, en ocasiones, permiten llegar a insights reveladores, propias de una especie de etnografía literaria que acerca a lugares que logran condensar y articular espacios, dimensiones, escalas y tiempos propias de la estrecha (e íntima) relación entre la realidad, la imaginación y la fantasía. Estas dos últimas no son categorías o recursos meramente metafóricos. Por el contrario, ambas son revalorizadas en los últimos tiempos como recursos proyectivos que buscan las formas de encontrar sus correlatos espaciales. De allí, que se destacan trabajos como el de Janice Radway (2000) con su novela rosa (o romántica) donde la fantasía actúa como dispositivo o expresión de escapismo (de manera temporal) a la vida rutinaria de las mujeres y a su vez ofician (de manera encubierta) en la consolidación del sistema de dominación patriarcal. Por otro lado, la imaginación (social) debe ser entendida no como una simple fantasía individual, sino como una práctica colectiva dotada de fuerza social activa en la era de la globalización. En ese sentido, la imaginación es la capacidad compartida de imaginar futuros posibles y alternativas al presente, la cual habilita a las comunidades a crear nuevas formas de identidad y resistencia (Appadurai, 2002). Ambas categorías (y recursos) se pueden encontrar como dispositivos en las novelas. No solo para describir realidades sino para pensar y crear otras.
En síntesis, proponer el trabajo con novelas permite desde la Geografía aproximarse a realidades distantes y complejas. No obstante, las novelas deben ser trabajadas desde la disciplina en diálogo con otras propuestas e instrumentos de análisis. La literatura y sobre todo la literatura comparada, junto a la geocrítica viene trabajando estas perspectivas. La geografía puede seguir este camino pensando que tipos de configuraciones espaciales se están dando desde las novelas africanas en el sistema-mundo literario, sus luchas, resistencias y progresos desde la periferia literaria. Como así también pensar que tipo de espacios se están reconfigurando a través de los diferentes autores/as que escriben desde localizaciones (físicas y enunciativas) dislocadas entre su lugar natal y su lugar de residencia. Donde los temas (sobre todo algunos) ya no deben ser negociados (con el centro literario) sino que por el contrario ahora son apropiados por la literatura africana para contar sus propias historias desde nuevas perspectivas. Por último, las novelas trabajadas buscan comprender un mundo que se disputa entre localismos, des-exotismos y cosmopolitismos. Y es allí, donde la geografía puede aportar su mirada desde la dimensión espacial para desnaturalizar las relaciones de poder, visibilizar nuevas formas espaciales y reconstruir las lógicas multi-territoriales (geografías editoriales, comunidades transnacionales, literaturas del sur global, entre otras) que se están gestando en el marco de estas literaturas.
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Fecha de recepción: 23 de diciembre de 2025.
Fecha de aceptación: 22 de mayo de 2026.
© 2026 por los autores; licencia otorgada a la Revista Universitaria de Geografía. Este artículo es de acceso abierto y distribuido bajo los términos y condiciones de una licencia Atribución-NoComercial 4.0 Argentina de Creative Commons. Para ver una copia de esta licencia, visite https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es
1 Protagonista y narrador principal de la novela El corazón de las tinieblas (1899) de Joseph Conrad.
° https://doi.org/10.52292/j.rug.2026.35.1.0095
* Departamento de Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Centro de Investigaciones Geográficas (CIG). Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS). Universidad Nacional de La Plata (UNLP). E-mail: jcruzmargueliche@gmail.com