Desigualdades territoriales y condiciones de vida de familias ganaderas en las tierras secas de la Patagonia (Argentina)

Mercedes Ejarque*

Silvina Alejandra Romano**

Anabella Fantozzi***

Sofía Lammel▪

Natalia Luque▪▪

Larry Andrade▪▪▪

Almut Therburg¬

Claudia Bottero¬¬

Santiago Meza¬¬¬

Virginia Velascoᴥ

Resumen

La desigualdad es un fenómeno estructural que restringe capacidades y recursos, y que se expresa espacial y temporalmente. En la ruralidad este proceso presenta dinámicas propias ligadas a tradiciones y particularidades que fueron menos estudiadas que en las zonas urbanas. La Patagonia históricamente presentó una marcada heterogeneidad territorial ligada al desarrollo económico y productivo, donde las tierras secas han sido invisibilizadas y marginalizadas. Este trabajo propone analizar las desigualdades en las condiciones de vida de familias ganaderas de dichas zonas, considerando las diferencias territoriales surgidas por factores históricos, políticos y ecológicos. El análisis evidencia que en el norte predominan productores con pocos animales y tenencia precaria, alta autoidentificación indígena y mayores déficits habitacionales y educativos; en el centro tienen recursos productivos y condiciones de vida intermedias, destacándose la participación en organizaciones; mientras que el sur concentra explotaciones extensas con mejor infraestructura y conectividad, pero acuciantes problemas ambientales y despoblamiento. La actividad agropecuaria sigue siendo central en el territorio, aunque también se observan estrategias organizativas, de pluriactividad y múltiples residencias que posibilitan su persistencia. Por ello, contemplar la diversidad interna en la región y adoptar enfoques integrales en las políticas públicas es fundamental para reducir desigualdades y fortalecer el arraigo rural.

Palabras clave: Calidad de Vida, Productores Familiares, Políticas Públicas, Estructura Agraria, Hábitat.

Territorial inequalities and living conditions of livestock farming families in the drylands of Patagonia (Argentina)

Abstract

Inequality is a structural phenomenon that constrains capabilities and resources, and manifests across both space and time. In rural areas, this process follows distinct dynamics shaped by local traditions and territorial specificities, yet it has received less scholarly attention than in urban areas. Patagonia has historically presented marked territorial heterogeneity associated with patterns of economic and productive development, while its drylands have remained largely overlooked and marginalized. This study analyzes inequalities in the living conditions of livestock farming families inhabiting these dryland areas, taking into account the subregional differences resulting from historical, political, and ecological factors. The analysis reveals marked regional contrasts. In northern Patagonia, livestock producers typically manage small herds under insecure land tenure, exhibit high levels of Indigenous self-identification, and experience greater housing and educational deficits. In central Patagonia, producers display intermediate productive resources and living conditions, with organizational participation emerging as a distinctive feature. In southern Patagonia, larger-scale livestock operations are associated with better infrastructure and connectivity, although they face severe environmental challenges and ongoing depopulation. Livestock production remains a cornerstone of the regional economy and way of life; however, strategies such as collective organization, livelihood diversification, and multi-local residence also contribute to the persistence of rural livelihoods. Agricultural activity remains central, although organizational strategies, multiple activities, and multiple residences are also observed. Therefore, recognizing the region’s internal diversity and adopting integrated public policy approaches are essential to reducing territorial inequalities and strengthening the long-term viability of rural communities.

Keywords: Quality of Life, Family Farmers, Public Policies, Agrarian Structure, Habitat.

Introducción

Los procesos históricos de ocupación y distribución de la tierra y la conformación del Estado Nación argentino generaron un desarrollo territorial desigual que priorizó la región pampeana, mientras otras áreas —particularmente aquellas dominadas por tierras secas— quedaron relegadas (Girbal de Blachá, 2003; Barsky y Gelman, 2005; Vaca y Cao, 2005; Velázquez et al., 2025). Recientemente, estas áreas han atravesado tanto transformaciones territoriales como cambios ecológicos. En cuanto a las primeras, se modificaron los usos del suelo, se expandió la frontera agropecuaria y la agriculturización de vastos espacios rurales y surgieron nuevos modos de producción y de gestión producto de la expansión del agronegocio (Giarracca y Teubal, 2013; Gras y Hernández, 2013). Específicamente, en las áreas extrapampeanas implicó la incorporación de tierras a la producción hegemónica de los cultivos pampeanos, desplazándose cultivos regionales tradicionales, y otras zonas se reconvirtieron o modernizaron (Aparicio, 2005; Benencia y Aparicio, 2014; Rosati y Chazarreta, 2020). En paralelo, cambios ecológicos de causas antrópicas y naturales, como la degradación de tierras, las sequías y el cambio climático, condicionaron los medios de vida y producción de familias rurales que residen en las tierras secas (Abraham et al., 2011; FAO, 2011; Camilloni, 2018). Como consecuencia, se produjeron procesos de desagrarización, abandono de campos, migraciones, reconfiguraciones en las organizaciones familiares de trabajo y producción, y la incorporación o revalorización de tierras consideradas marginales para desarrollar nuevas actividades agropecuarias, extractivas y/o la conservación de la naturaleza (Teubal et al., 2005; Svampa, 2011; Giarracca y Teubal, 2013; Lapegna y Perelmuter, 2020). Frente a esto, algunos cambios tecnológicos se desarrollaron para brindar acceso a servicios y mejores condiciones de infraestructura en algunas áreas rurales (Arbuckle y Kast, 2007; Ramos Real et al., 2008; Mikkelsen y Velázquez, 2010; Terano y Mohamed, 2013). Así, se observa cómo la desigualdad en las áreas rurales no es producto de sus características naturales sino consecuencia de los modelos de desarrollo económicos y políticos (Camarero y Oliva, 2019; Camarero y del Pino, 2021).

Los cambios en la calidad de vida en Argentina se pueden examinar cuantitativamente a través del índice desarrollado por Velázquez et al. (2025). Su trabajo muestra un gradiente norte-sur y centro-periferia donde históricamente el territorio pampeano ha concentrado mejores valores que el resto del país. En la Patagonia, los niveles elevados de calidad de vida han sido mejores en las provincias más australes (Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego)1. Sin embargo, la desigualdad se fue desdibujando en los últimos censos, persistiendo indicadores adversos en algunas áreas del centro de Chubut, Río Negro y Neuquén, y disparidades entre las áreas urbanas y rurales. Estas diferencias se podrían explicar por la marcada heterogeneidad territorial que caracteriza a la región. Las zonas con mayor integración al sistema urbano y económico —por ejemplo, aquellas vinculadas al turismo, la fruticultura o la actividad hidrocarburífera— tienden a ofrecer mejores condiciones educativas, sanitarias y habitacionales; mientras que las mesetas interiores y los espacios rurales con baja conectividad presentan estilos de vida más condicionados por el aislamiento, la escasa infraestructura y la limitada presencia estatal (Bondel y Vázquez, 2016; Hermosilla Rivera y Rivas, 2025; Vazquez et al., 2022).

Esta situación se relaciona con el uso histórico de las tierras en la Patagonia, especialmente en las zonas áridas. En ellas predominó el desarrollo de la ganadería ovina extensiva, con baja inversión en capital y en mano de obra, consolidándose la gran estancia como modelo hegemónico (Andrade, 2002; Coronato et al., 2016; Ejarque, 2021). Hacia finales del siglo XIX, en la Patagonia Norte y Central se incorporaron ovinos de Buenos Aires2 que venían atravesando un proceso de especialización en la producción de fibra (Sabato, 1993; Bandieri, 2009). Así, las estancias se focalizaron en la cría de animales de raza Merino para la obtención de lanas finas que se exportaban hacia Europa para la industria textil. En contraposición, en el extremo sur patagónico predominaron las Corriedale, una raza que posibilita tanto la obtención de lanas como de carne, que llegaron a partir del vínculo con las Islas Malvinas y el sur de Chile. Esta hegemonía estanciera ha invisibilizado la presencia de productores familiares que desarrollaban su actividad ganadera en tierras pequeñas, con formas precarias de ocupación, escasa capitalización, trabajo familiar y eventual venta de mano de obra a las estancias vecinas (Coronato, 2010; Ejarque, 2021). En estos casos, la residencia predial era predominante y sucedía en condiciones deficitarias de infraestructura, accesibilidad y comunicación.

En las últimas décadas, diversos procesos territoriales y ambientales han atravesado a las tierras secas patagónicas, afectando sus distintos agentes productivos. La región concentra gran parte de la superficie de tierras secas y el 32,9 % de las tierras degradadas del país. De hecho, 59,8 % de su extensión presenta grados fuertes o extremos de desertificación (Dascal, 2012). Pérez et al. (2022) han identificado la profundización de la fragmentación del territorio patagónico y el relegamiento de dichas zonas, que presentan valores negativos en el índice de calidad de vida, retracción de las actividades económicas históricas y tendencias de despoblamiento.

Este artículo propone profundizar en el análisis de las desigualdades en las condiciones de vida de familias productoras ganaderas que habitan en las tierras secas de la Patagonia Argentina y su vínculo con las transformaciones agrarias, políticas y ecológicas. Específicamente, se buscó identificar dimensiones con déficits en las condiciones de vida, reconocer diferencias entre las distintas subregiones y explorar factores históricos, políticos y estructurales que pueden explicar las desigualdades presentes. En este sentido, el trabajo cuestiona el imaginario homogeneizante de la ruralidad patagónica extra-andina ligado a las grandes estancias laneras, aisladas y carentes de servicios para enfatizar en los diversos tipos de producciones familiares y las condiciones de vida diferenciales en las distintas áreas donde habitan. Estas desigualdades habrían estado generadas por la conformación histórica de la estructura agraria, las condiciones ecológicas y sus cambios recientes, el rol del Estado y la implementación diferencial de políticas públicas.

Enfoque teórico- metodológico

La pregunta por la desigualdad y sus causas tiene una larga trayectoria en los estudios sociales y económicos ya que estuvo fuertemente ligada a las indagaciones sobre el desarrollo. Por ello, el debate tendió a focalizarse en la producción, obturando el análisis de otras dimensiones centrales en la reproducción de la vida social (Picchio, 2009). Sus limitaciones y la profundización de esta problemática en las últimas décadas llevan a que la pregunta continúe vigente, especialmente en las sociedades latinoamericanas (Kessler, 2014; Maceira, 2025). Perspectivas recientes ampliaron la definición de desigualdad para entenderla como una forma estructural de ordenamiento sociocultural que restringe las capacidades y los recursos -simbólicos y materiales- para actuar en el mundo. Se entiende como un proceso que se expresa a nivel espacial y temporal, donde el término brecha es ampliamente utilizado para evaluar las magnitudes y los grupos específicos a quienes afectan las diferencias (Picchio, 2009; Kessler, 2014; De Arce y Salomón, 2020).

En Argentina, un estudio basado en sectores urbanos ha señalado el aumento de la desigualdad social como problema acuciante en la actualidad producto de políticas neoliberales, la crisis económica post pandemia y la regresión en la distribución del ingreso (Maceira, 2025). Trabajos previos advierten también sobre la existencia de tendencias contrapuestas en determinados momentos que explican la perdurabilidad de la desigualdad, pese a la mejora en algunas dimensiones de las condiciones de vida (Kessler, 2014). La temporalidad de los procesos (históricos o recientes) genera que esta contraposición de tendencias en distintas dimensiones no se neutralice o balancee, sino que se produzca un cambio cualitativo en la forma de la desigualdad. Las dinámicas propias de las sociedades influyen en dichas condiciones, a través de las políticas públicas o de procesos de resistencia o movilización social (Kessler, 2014). También las aspiraciones y estrategias de los propios actores generan variaciones en las formas de entender las condiciones de vida y en las demandas en la arena pública (Picchio, 2009; Blanco et al., 2010).

En particular, el bienestar rural tiene diferencias temporales, espaciales y políticas con las áreas urbanas, además de reflejar con mayor claridad las peculiaridades regionales y los diversos modos de vida (incluidas las tradiciones históricas) de sus habitantes (Mikkelsen, 2020). Esto sucede pese a los cambios en las condiciones de vida que han impulsado las nuevas tecnologías, técnicas productivas e intervenciones estatales desde la segunda posguerra (De Arce y Salomón, 2020; Mikkelsen, 2020). En las áreas rurales el análisis de las desigualdades en las condiciones de vida ha sido históricamente menos abordado. Siguiendo a Cerdá y Salomón (2017) los actores rurales fueron considerados centralmente como actores económicos o productivos, relegando las preguntas sobre sus modos de vida. Particularmente en la región patagónica, los estudios rurales estuvieron históricamente centrados en el análisis de la producción ganadera, sin considerar la complejidad de las dimensiones socioproductivas. Las catástrofes climáticas y los impactos de la Convertibilidad hicieron que se comience a observar a los habitantes patagónicos más allá del campo, debido al escenario crítico para el porvenir de la producción ganadera, así como de los actores involucrados (Andrade, 2010).

La medición de las condiciones de vida en las áreas rurales en Argentina también ha presentado dificultades por las particularidades de cada zona, la ausencia de relevamientos específicos, la imposibilidad de ver datos desagregados a nivel regional y la inadecuación de los indicadores utilizados en las estadísticas oficiales para la ruralidad, como se observó en otras temáticas (Blanco et al., 2010; Aguilera et al., 2015). Así algunos indicadores de condiciones de vida- o de conceptos afines3- puede conducir a una estimación en los ámbitos rurales de ciertas situaciones como negativas cuando en realidad remiten a características socioculturales o de infraestructura de larga data (Mathey, 2007).

Por ello, en este estudio se propone una mirada histórica, socioterritorial, regional e integral para el abordaje de las condiciones de vida, considerándolo un concepto multidimensional que no se restringe a indicadores económicos o de la vivienda, sino que comprende, además, la dimensión educativa, productiva, organizativa, ambiental y de infraestructura de servicios. Por las dificultades antes mencionadas de las fuentes estadísticas, para abordar los objetivos propuestos se utilizó una encuesta realizada en 10 comunidades de la Patagonia extraandina (Fig. 1), en la cual se relevaron 168 familias ganaderas entre los meses de febrero y junio de 2024. Su selección fue de tipo no probabilístico, buscando obtener la mayor diversidad en las características económicas y sociales de cada zona. El cuestionario fue de tipo semiestructurado, con preguntas abiertas y cerradas sobre características de los establecimientos agropecuarios, composición de los hogares, condiciones de la vivienda y servicios, financiamiento y asociativismo y cuestiones ambientales. Fue aplicado de manera presencial por encuestadores capacitados para asegurar un manejo fluido del instrumento y estar atentos a las particularidades locales. Los resultados fueron cargados en una matriz de Excel, diseñada para el análisis propuesto.

Los datos permitieron hacer una lectura a nivel regional y, para registrar las desigualdades que pudieran presentarse según las condiciones sociohistóricas, culturales o productivas, se dividieron los casos en tres áreas. En la zona norte correspondiente a las comunidades de las provincias de Neuquén y Río Negro se realizaron 73 encuestas; 58 en el centro, en Chubut y 37 en el área más austral, en Santa Cruz y Tierra del Fuego (Tabla I). Para contextualizar los datos obtenidos, también se utilizaron fuentes secundarias, bibliografía relativa a cada región y documentos.

Mapa de la región sur de Argentina que muestra áreas protegidas, rutas nacionales y provinciales, límites administrativos y cuerpos de agua con una leyenda explicativa.

Descripción generada con IA

Figura 1. Ubicación de las comunidades seleccionadas para el estudio. Fuente: Observatorio Nacional de la Degradación de Tierras y Desertificación, 2025.

Características

Patagonia Extra-andina

Fuente

Norte (Neuquén- Río Negro)

Centro (Chubut)

Sur (Santa Cruz- Tierra del Fuego)

Población que se autoreconoce como índigena y pueblo

7 %

Mapuche

8 %

Mapuche

Mapuche- tehuelche

Tehuelche

3,5 %

Mapuche

Mapuche- tehuelche

Tehuelche

Selk’Nam/ Ona

Elaboración propia en base a INDEC (2022)

Principales corrientes migratorias históricas

Interna (norte argentino)- españoles- galeses- chilenos

Galeses- boer- chilenos- levantinos

Británicos- chilenos- levantinos

Bandieri (2000), Cepparo de Grosso (1997), Coronato (2010)

Actividades productivas históricas

Ganadería ovina - caprina extensiva para carne

Ganadería ovina extensiva para lana

Ganadería ovina extensiva para lana y carne

Bandieri (2009), Coronato (2010), Manzanal (1983)

Estructura agraria

Participación pequeños productores

62,6 %

56,3 %

22,9 %

Observatorio Nacional de la Degradación de Tierras y Desertificación (2025)

Superficie promedio por explotación agropecuaria

1459 ha

5032 ha

19261 ha

Cantidad de cabezas de ganado promedio4

2129

4058

15609

Elaboración propia en base a SENASA (2018)

Gobernanza climática

Planes formulados y validados

Planes en instancia final de validación

Planes en desarrollo

Moscardi y Otta (2024

Tabla I. Principales características por subregión de la Patagonia Extraandina. Fuente: elaboración propia en base a fuentes y bibliografía citada.

Características históricas del poblamiento en la Patagonia extraandina

Los primeros registros de población norpatagónica datan de hace más de 10.000 años (Cordero, 2010; Boschín y Andrade, 2011). Provenientes de América del Norte, tenían diferentes orígenes étnicos y raciales y conformaban grupos pequeños. Se dedicaban a la caza de grandes animales (principalmente el guanaco) y la recolección, por lo cual se movían en rutas perfectamente determinadas para la búsqueda de los animales- inclusive cruzando la Cordillera de los Andes-, siendo este un antecedente de la trashumancia5 como método de manejo de la ganadería (Bandieri, 2009; Barceló et al., 2011). Los sitios de mayor ocupación se registraron en los valles.

Durante la época del Virreinato y los primeros años de conformación del Estado argentino (hasta mediados del siglo XIX), la Patagonia fue un territorio aislado y poco considerado por las autoridades. La ampliación de los circuitos económicos, la incorporación del caballo como modificador de las pautas de movilidad y el incremento en las relaciones de dependencia de las poblaciones preexistentes con la colonia convirtieron a la sociedad indígena en proveedora. Los patrones de movilidad que sobrevinieron en el período colonial habrían llevado a que las fronteras étnicas, lingüísticas, culturales, económicas e incluso territoriales fueran permeables motivando los intercambios (Barceló et al., 2011).

En el transcurso del siglo XIX, los pueblos originarios vivieron la llegada de grupos extranjeros a sus territorios para asentarse y colonizar algunas regiones. En muchas áreas coexisten lenguas, dialectos, religiones, códigos de convivencia, formas diversas de organización familiar, “de subjetivar y habitar el espacio” (Pérez, 2014, 19). Las campañas militares de finales de siglo generaron el avasallamiento, desterritorialización y cercamiento de las poblaciones originarias (Bandieri, 2009; Delrio, 2010). Las tierras públicas se distribuyeron a través de diferentes leyes de colonización, donación y concesión de derechos a militares y familias poderosas (Bandieri, 2000; Ruffini, 2007), mientras que las poblaciones originarias fueron obligadas a asentarse en tierras de escasa superficie y productividad. Allí se las motivó a desarrollar la ganadería ovina y caprina como el principal medio de vida (Blanco, 2010). En algunas zonas, especialmente en la provincia del Neuquén, vastas superficies de tierras quedaron en manos del Estado provincial y se otorgan discrecionalmente para su uso de forma precaria (Blanco, 2018; Cañuqueo, et al. 2019).

A esta forma de poblamiento se sumó, según Cepparo de Grosso (1997), aquellos ligados a los cursos de agua y el ferrocarril. Estos vectores, junto con el riego, permitieron conformar una franja continua de ocupación y aprovechamiento productivo en los valles del río Negro, Neuquén y Limay. También hubo una expansión proveniente de Punta Arenas y las Islas Malvinas que no generó un aumento significativo de población, sino solo el necesario para la ganadería extensiva, pero impulsó inversiones, circulación de capitales y el crecimiento de puertos y actividades comerciales. Por último, los pasos cordilleranos facilitaron la llegada de contingentes alemanes que, pese a ser numéricamente reducidos, jugaron un rol relevante en la colonización pastoril y en la creación de pueblos y empresas comerciales que dinamizan el comercio regional (Barbería, 1995).

En décadas posteriores, en diversas zonas, las autoridades tomaron decisiones sobre la entrega de títulos de propiedad, en función de si eran pobladores deseables y también se registró la connivencia frente avasallamientos, usurpaciones y cercamientos de tierras en detrimento de las poblaciones originarias (Pérez, 2014; Ejarque, 2021). También siguieron llegando nuevas poblaciones, desde Chile y otras provincias del país. Con los mayores controles fronterizos internacionales y los cambios en los términos de intercambio, el flujo internacional se fue reduciendo. Asimismo, en distintos puntos de la zona extraandina se fueron desarrollando economías de enclave ligadas a la producción hidrocarburífera y minera, u obras de infraestructura que modificaron las dinámicas poblacionales y económicas locales (Bandieri 2009).

La composición sociodemográfica en la actualidad

Actualmente, las familias en las comunidades encuestadas muestran algunas características comunes: hogares reducidos, población mayormente masculina y de edades avanzadas (especialmente en las jefaturas de hogar), con escasa presencia de niñeces y juventudes (Tabla II). Cabe mencionar que si bien el índice de dependencia potencial6 se encuentra en línea con la media nacional (56 %, según el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas) (INDEC, 2022), muestra grandes diferencias entre las regiones, especialmente por la ausencia de jóvenes en la Patagonia Sur. Esta situación no es nueva: desde hace décadas parte de la población se desplaza en busca de empleo. En la actualidad, esa búsqueda se orienta sobre todo hacia actividades percibidas como más estables y mejor remuneradas, como la policía y otras fuerzas, el sector petrolero o la construcción —especialmente en obras viales— (Lammel et al., 2023). En el extremo austral, el desarrollo de una estructura económica poco demandante de mano de obra y cuando lo hacía era de varones solos, la baja integración interna, las características del ambiente hostil han sido señalados como causas de una configuración demográfica caracterizada por la entrada y salida de habitantes (Sosa, 2015).

Norte

Centro

Sur

Total Patagonia

Personas/ hogar

2,57

3,1

2,8

2,8

Tipos de hogar predominantes

Nuclear: 33 %

Unipersonal: 32 %

Nuclear: 34 %

Unipersonal: 21 %

Nuclear s/hijos: 38 %

Nuclear: 30 %

Nuclear: 33 %

Unipersonal: 25 %

Índice de masculinidad7

137

152

146

142

Edad promedio/ hogar (años)

43

49

42

44

Edad promedio jefe (años)

57

62

54

57

Índice de dependencia potencial

62

59

42

57

Encuestados autoidentificados con pueblos originarios

67 %

69 %

3 %

54 %

Tabla II. Principales indicadores sociodemográficos, total y subregiones, Patagonia 2024. Fuente: elaboración propia en base a encuestas a hogares, 2024.

La pertenencia a pueblos originarios también es un rasgo diferenciador. A nivel regional, un porcentaje muy superior a la media nacional de personas encuestadas se reconocieron como Mapuches o Tehuelches (3 % según el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas) (INDEC, 2022), pero la diferencia intrarregional es significativa. En el sur, históricamente se registraron la mayor tasa de inmigrantes del país y, además de la desaparición de los pueblos originarios, operaron diversos dispositivos de incorporación forzada, prácticas institucionales y discursos que les negaron posibilidad de auto-reconocimiento por parte de particulares o del propio Estado (Rodríguez, 2008; Rincón Gamba, 2011).

Mikkelsen (2020) sostiene que la educación continúa siendo un componente clave del bienestar, porque incide en la participación laboral y social. En este estudio, 11 % de la población de 10 años y más es analfabeta, un valor alto para la media argentina, pero concentrado en las edades más avanzadas (Tabla III). De hecho, en la población adulta, el nivel educativo es bajo: cerca del 30 % no terminó la primaria y un porcentaje similar (33 %) superó la educación secundaria (Tabla IV).

Rangos de edad

Norte

Centro

Sur

Total Patagonia

10-19

0 %

0 %

0 %

0 %

20-44

0 %

15 %

0 %

2 %

45-64

15 %

12 %

3 %

11 %

65 y más

37 %

18 %

0 %

27 %

Total

13 %

13 %

1 %

11 %

N casos

252

75

95

422

Tabla III. Tasa de analfabetismo por rangos de edad, total y subregiones, Patagonia 2024. Fuente: elaboración propia en base a encuestas a hogares, 2024.

Nivel educativo

Norte

Centro

Sur

Total Patagonia

Primario

incompleto

36 %

40 %

1 %

29 %

completo

26 %

28 %

8 %

22 %

Secundario

incompleto

8 %

7 %

12 %

9 %

completo

13 %

14 %

43 %

20 %

Terciario

incompleto

2 %

7 %

1 %

3 %

completo

2 %

2 %

6 %

3 %

Universitario

incompleto

2 %

2 %

1 %

2 %

completo

1 %

0 %

21 %

5 %

SD

8 %

0 %

6 %

6 %

N casos

237

68

79

340

Tabla IV. Nivel educativo máximo de población de 20 años y más, total y subregiones, Patagonia 2024. Fuente: elaboración propia en base a encuestas a hogares, 2024.

Los resultados observados en la población adulta pueden vincularse con las dificultades de acceso a la escolarización —en particular a los niveles medio y superior— existentes en estos territorios cuando dicha población era joven, en un contexto previo a la ampliación de la obligatoriedad educativa y a la implementación de políticas de inclusión escolar. Actualmente, siguiendo la tendencia de incremento vista a nivel nacional, la población entre 4 y 18 años relevada alcanza el 97 % de asistencia. Si bien ha habido mejoras en el acceso producto de políticas educativas y de ampliación de la obligatoriedad escolar que se observan en las generaciones más jóvenes, todavía hay desigualdades y déficits, particularmente en la Patagonia Norte y Centro.

Otro aspecto central en la calidad de vida es el trabajo, ya que contribuye en la formación de la identidad personal y es necesario para la satisfacción de necesidades actuales y futuras, porque se relaciona con el acceso a la seguridad social y a los aportes jubilatorios (Mikkelsen et al., 2020). En las encuestas realizadas, una amplia mayoría de los mayores de edad se encuentra trabajando: 88 % en la subregión norte, 74 % en centro y 80 % en sur. En cuanto a los ingresos, estas familias dependen fuertemente de la actividad agropecuaria, aunque el peso de esta fuente va decreciendo de norte a sur, siendo en las comunidades de Patagonia Sur más importante los ingresos extraprediales (Tabla V). Los beneficios de seguridad social con los que cuentan los hogares, en línea con la fuerte presencia de población adulta mayor, provienen principalmente de jubilaciones o pensiones. Le siguen la Asignación Universal por Hijo y, en menor medida, otros beneficios.

Norte

Centro

Sur

Total Patagonia

Predial

70 %

65 %

43 %

63 %

Extrapredial

16 %

12 %

49 %

22 %

Seguridad social

12 %

21 %

5 %

14 %

Sin dato

2 %

2 %

3 %

2 %

N casos

73

58

37

168

Tabla V. Fuente de ingresos principal, total y subregiones, Patagonia, 2024. Fuente: elaboración propia en base a encuesta a hogares, 2024

Un último indicador relevante para la caracterización socioeconómica de las familias es el de Necesidades Básicas Insatisfechas8 (NBI). A nivel regional, el 61 % de los hogares tienen, al menos un indicador de NBI. Los valores más altos se encuentran en la Patagonia Norte (81 %), seguido por Centro (67 %) y luego el Sur (11 %). Cabe destacar que en el norte los déficits se presentan en las condiciones sanitarias y de las viviendas, ya que como vimos, los hogares son pequeños por lo que no hay hacinamiento, y los niveles de escolaridad son altos.

La infraestructura de servicios y condiciones de las viviendas

Las condiciones de habitar son fundamentales para la calidad de vida de las familias rurales porque brindan protección y confort frente el clima y otras inclemencias que pueden afectar a la salud (Mikkelsen, 2020). En este apartado se analizan las posibilidades de accesibilidad que disponen las comunidades, la situación residencial de las familias, las características de las viviendas, y la conectividad, atento a que la incorporación de nuevas tecnologías puede contribuir a reducir el aislamiento histórico, facilitar el acceso a información y el vínculo con otros territorios (Martínez et al., 2022).

Según las encuestas realizadas, el 78 % de los encuestados declararon que la vivienda principal se ubica en el predio, aunque estos valores son menores en Patagonia Sur. Entonces, si bien se sostiene una alta residencia predial, es importante señalar la disponibilidad de, por lo menos, una segunda vivienda para residencia familiar (Tabla VI).

Casi la totalidad de los predios en todas las subregiones se encuentran en áreas rurales, distantes en promedio a 66,5 kilómetros de la ciudad más cercana. Además de la distancia, una proporción considerable de encuestados mencionaron que no pueden llegar al campo en todas las épocas del año (Tabla VI). Las mayores dificultades se concentran en la temporada invernal, ligada a la presencia de precipitaciones y nevadas y a la conformación de barreales. Otros productores mencionan que las dificultades se deben a las características de los caminos: Los caminos no están muy buenos. Si bien para acceder al predio se puede llegar es necesario ir muy despacio ya que hay mucha roca expuesta sobre el camino, mencionó un productor en Patagonia Centro, mientras que un criancero del norte afirmó que a la veranada no hay camino, van a caballo por huella de arreo y a la invernada tiene acceso vial, pero es camino de ripio y complicado por lo que requiere de una camioneta. También se mencionó la falta de mantenimiento por parte de los organismos encargados: un productor de Patagonia Sur señaló que puede acceder a su campo, si pasan la máquina.

Norte (%)

Centro (%)

Sur (%)

Total (%)

Residencia predial

84

83

59

78

Disponibilidad de otras viviendas

55

62

78

63

Ubicación en área rural

97

91

95

95

Accesibilidad vial todo el año

62

55

57

58

Acceso a señal telefónica

41

28

32

35

Acceso a internet

16

12

59

24

Condición habitacional insuficiente

68

62

8

53

Baño ubicado fuera de la vivienda

52

53

3

42

Baño letrina

52

38

3

3

Acceso a energía eléctrica

48

95

100

24

Tabla VI. Principales indicadores de predios y viviendas, total y subregiones, Patagonia 2024. Fuente: elaboración propia en base a encuestas a hogares, 2024.

En términos de la calidad de vida, otra dimensión central incorporada recientemente es el acceso a la comunicación (Mikkelsen, 2020) En el total Patagonia, sigue presentando fuertes limitaciones, con territorios sin cobertura: sólo un 35 % de los entrevistados tiene acceso telefónico y un 24 % a internet en los predios (Tabla VI). En relación a este último servicio se registra una desigualdad en la accesibilidad a nivel subregión: Patagonia sur presenta mayores porcentajes en comparación al centro y norte. La falta de acceso obliga a la población a desplegar estrategias informales para acceder a la comunicación e incluso entre los hogares que tienen acceso comunicacional, muchas familias mencionan que tienen que salir a buscar la señal de teléfono (dentro o fuera del campo) y que la calidad es regular, escasa o mala. Especialmente en esos casos, la comunicación vía radio AM con los Mensajes al poblador (o denominaciones similares en distintas zonas) continúa siendo fundamental para vincular familias e informarse de novedades y llegada de servicios a sus localidades (Lammel et al., 2023).

En relación a la dimensión de la vivienda, más de la mitad de los hogares de las comunidades relevadas de la Patagonia tenían condiciones insuficientes9 (Tabla VI). Sin embargo, si se compara a nivel subregión se observan desigualdades: Patagonia sur se encuentra en una situación claramente más favorable. Estas diferencias se explican fundamentalmente por la ausencia de sanitarios en estas dos últimas subregiones y por la predominancia de tierra y cemento en los pisos de las viviendas. De hecho, en ambas regiones más de la mitad de los hogares tienen el baño fuera de la vivienda, vinculado a la mayor presencia de la letrina. Cabe mencionar que en los casos que tienen bi o múltiples residencias, estas situaciones mejoran en las viviendas que poseen en los pueblos o en las áreas de invernada cuando se trata de población trashumante (Bendini y Steimbreger, 2010; Lammel et al., 2023; Fantozzi, 2024). En estas últimas, ubicadas a mayor proximidad de áreas urbanas, las familias consiguen acarrear materiales industriales para construir sus viviendas; mientras que en los campos de veranadas el hábitat se encuentra condicionado por el aislamiento y la falta de caminos, por lo que las familiares recurren al uso de los recursos naturales disponibles en el lugar para la construcción de viviendas y sus características son más precarias (Preda et al., 2022; Lammel et al., 2023).

Las formas de acceso a la energía fueron desagregadas en función de tres tipos: eléctrica, para calefacción y para cocción de los alimentos. Respecto a la primera, se observa una situación desfavorable en Patagonia Norte, donde el 48 % tiene acceso a energía eléctrica (Fig. 2), mientras que en las otras dos subregiones hay un amplio o total acceso. En relación a las fuentes de electricidad, en las tres subregiones los hogares se abastecen principalmente de paneles solares, seguido por generadores y red pública.

Gráficos de barras apiladas que muestran la distribución porcentual de diferentes categorías de datos en varias regiones y grupos con colores distintivos para cada categoría.

Descripción generada con IA

Figura 2. Tipo de energía eléctrica en el hogar, por subregión y total, Patagonia, 2024. Fuente: elaboración propia en base a encuestas a hogares, 2024.

En la calefacción y la cocción de los alimentos, resulta interesante observar cómo cambia el tipo de combustible más utilizado según el uso: mientras en la mayoría de los hogares para calefaccionar usan leña, para cocinar se opta por gas. Sin embargo, a nivel subregional esta diferencia se observa fundamentalmente en el Norte y Centro donde casi la totalidad de los hogares utiliza leña para calefaccionarse. Ello se relaciona a la ausencia de redes y la existencia de planes provinciales de provisión de leña que tienen Neuquén, Río Negro y Chubut que abastecen de ese recurso a familias rurales que no tienen acceso a gas natural y donde los procesos de sequía hacen cada vez más difícil conseguirlo en la misma zona (Lammel et al., 2023). En cambio, para la cocción de alimentos en estas dos subregiones más de la mitad reserva el uso del gas solo para cocinar, porque poseen principalmente garrafas, que tienen un costo elevado para las familias o resulta compleja su gestión. Por su parte, en la Patagonia Sur predomina el gas en tubos o garrafas para ambos usos (Fig. 3).

Gráficos de barras apiladas que muestran la distribución porcentual de diferentes categorías de datos en varias regiones y grupos con colores distintivos para cada categoría.

Descripción generada con IA

Figura 3. Tipo de combustible utilizado para calefacción y cocina, por subregión y total, Patagonia, 2024. Fuente: elaboración propia en base a encuestas a hogares, 2024.

En relación al agua para consumo humano, 85 % de las familias cuentan con una única fuente de provisión. El tipo de fuente es muy heterogéneo entre las comunidades de la Patagonia: en el Norte predominan las vertientes, mientras que en Centro y Sur los pozos con perforaciones simples y encamisadas (Fig. 4).

Gráficos de barras apiladas que muestran la distribución porcentual de diferentes categorías de datos en varias regiones y grupos con colores distintivos para cada categoría.

Descripción generada con IA

Figura 4. Fuente principal de agua para consumo humano, total y subregiones, Patagonia en 2024. Fuente: elaboración propia en base a encuestas a hogares, 2024.

Las condiciones productivas y ambientales

Como se había mencionado la actividad agropecuaria es importante en estas comunidades de la Patagonia extra- andina: en el 63 % de los hogares es el ingreso principal y en otra importante proporción aparece combinado con actividades extraprediales. La población ocupada trabaja principalmente dentro del predio (56 %) o combinándolo con alguna actividad extrapredial (30 %). Esta relevancia varía entre las subregiones, donde la Patagonia norte presenta rasgos de una estructura agraria más de tipo campesina o familiar (superficies pequeñas con tenencia precaria, baja cantidad de animales, diversificación productiva y mano de obra familiar) y en el sur, la estructura es más de tipo empresarial (Tabla VII). En cuanto a los destinos de la producción, los resultados muestran la importancia de estas producciones agropecuarias no solo como dinamizadoras de la economía regional, sino en el abastecimiento alimentario de la población patagónica. En Patagonia sur y centro se concentra en una actividad, principalmente histórica la venta de lana ovina, que se vende prácticamente en su totalidad hacia el mercado externo, y actualmente ha crecido en importancia la producción de carne bovina para el consumo regional. En cambio, en Patagonia norte es central la producción de carne y pelo caprino y también hay agricultura, cuyo destino es el autoconsumo o la venta regional o local. En centro, se registraron todos los productos antes mencionados, con diversidad entre las distintas comunidades.

Las diferencias entre los sitios se deben, al modelo de desarrollo agrario histórico se mencionó al principio que especialmente en la zona sur y parte del centro, generó una estructura concentrada de la tierra para la ganadería ovina extensiva y la especialización en la producción de lana (Andrade, 2002; Coronato, 2010). Asimismo, en la zona austral, el nivel de degradación de tierras, junto con la ausencia de agua, no permitieron el desarrollo de la agricultura en gran parte de los predios y motivaron el abandono de campos (Martínez el al 2022). Por su parte, la subregión centro muestra una situación intermedia entre los valores de las otras dos, en parte por la presencia de la Colonia Cushamen, que se conformó como una reserva donde se recluyeron a las poblaciones originarias y a quienes les entregaron lotes de 625 ha. Según Ocampo (2017) varios informes de la dirección de tierras de Chubut destacaban la limitada superficie por lote, su aridez, la falta de aguadas y la difícil habitabilidad durante el invierno en algunas veranadas.

Dadas las características ecológicas de la región, las transformaciones recientes y las actividades productivas desarrolladas, el abastecimiento de agua constituye una cuestión central para los productores: para el 16 % de los encuestados es su problema principal y todos mencionaron la sequía o la reducción de caudales como un cambio ambiental significativo. De hecho, la mayoría indicó que en los últimos diez años se han registrado disminuciones en la disponibilidad de agua, especialmente en vertientes y cursos de agua naturales. Estos cambios se asocian principalmente a la reducción de las lluvias y a períodos de sequía, aunque algunas personas los vinculan a las propias características climáticas del lugar, cuya disponibilidad hídrica varía a lo largo del año (en época de verano escasea). Asimismo, los impactos derivados de esta situación son interpretados de manera diversa: algunas familias focalizaron en la producción ganadera (expresan: tenemos que acarrear agua para los animales); otras, en la relación entre el agua y los pastizales ( indican: provoca falta de pastura para los animales y agua para su consumo); en los mallines y pasturas (disminuyó el agua en los mallines y pasturas… depende de la naturaleza, si es un año llovedor o no); en las huertas y frutales (si no hay agua se seca la huerta y los frutales nuevos y se pierde todo); y, finalmente, en la vida cotidiana de las familias (tengo que llevar el agua desde mi casa en el pueblo para consumo humano y de los animales).

Norte

Centro

Sur

Total Patagonia

Superficie promedio por productor

1820 ha

3121 ha

32379 ha(1)

11232 ha

Principal forma de tenencia

Ocupación con permiso: 52 %

Propiedad comunitaria: 34 %

Ocupación con permiso: 38 %

Propiedad: 31 %

Propiedad: 76 %

Arrendamiento: 11 %

Ocupación con permiso: 36 %

Propiedad: 31 %

Actividades prediales

1 actividad

73 %

79 %

86 %

78 %

2 actividades

23 %

17 %

14 %

19 %

Unidades ganaderas10 promedio por productor

372

428

4201

1235

Productores con superficie sin actividad/ desocupada

10 %

9 %

73 %

23 %

Tipo de mano de obra

Sólo familiar

60 %

57 %

19 %

50 %

Solo asalariada

10 %

26 %

32 %

20 %

Mixta

14 %

9 %

19 %

18 %

Tabla VII. Principales indicadores productivos, total y subregiones, Patagonia en 2024. Fuente: elaboración propia en base a encuestas, 2024.  (١) Este promedio incluye dos establecimientos cuyos valores descompensan el promedio real: uno tiene 121.000 y el otro 350.000 has. Sin ellos, la superficie promedio es 20.250 has.

Los vínculos internos y externos y su relación con la desigualdad

En este último apartado se propone abordar los vínculos asociativos y con el Estado, como dimensiones de la calidad de vida. En las primeras décadas del siglo XXI, la política agraria en Argentina fomentó, principalmente a través de la Secretaría de Agricultura Familiar (con distintas denominaciones según el gobierno), la asociación de productores para acceder a financiamientos y asesoramiento técnico (Lattuada et al., 2015). En el mismo sentido, desde el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas se impulsó el registro de las comunidades de pueblos originarios, a través de las cuales, en muchos casos, se pudo regularizar la propiedad de la tierra, otorgándoles títulos comunitarios, y también el acceso a fondos para inversiones prediales y colectivas. La constitución de estos dispositivos colectivos puede transformar las formas de socialización en un espacio y modificar el posicionamiento de los sujetos frente a vínculos históricos de opresión y sujeción (Conti y Sánchez, 2020), mejorando sus condiciones de producción y comercialización y reduciendo la desigualdad (Lammel et al., 2023). En esta encuesta se observó una alta participación en organizaciones, alcanzando un 83 % a nivel patagónico, con nuevamente claras diferencias regionales: 99 % en norte, 86 % en centro y 49 % en sur. Cabe señalar que, en Patagonia Norte dos de los casos fueron en comunidades mapuches- Ngpun Currha de Manuel Choique y Calfucurá- reconocidas con personería jurídica-, y en el Centro se encontraba el sitio Cushamen cuya conformación se liga a una reserva, como fue mencionado anteriormente. Así mientras que en norte y centro la participación se concentra en comunidades originarias, combinada en algunos casos con cooperativas (encargadas de la comercialización de productos pecuarios, principalmente las fibras), en Patagonia sur predominan las asociaciones productivas (Tabla VIII).

Patagonia Norte (%)

Patagonia Centro (%)

Patagonia Sur (%)

Total (%)

Comunidad originaria

68

46

0

51

Asociación productiva

25

16

94

31

Cooperativa productiva

21

48

6

29

Cooperativa social

0

34

0

12

Asociación financiera

13

0

0

6

Asociación social

8

4

0

6

Asociación ambiental

1

0

6

1

Asociación civil

0

0

6

1

Otras

1

0

0

1

N casos que participan

72

50

18

140

Tabla VIII. Tipo de organización de pertenencia, Total y Comunidades, Patagonia, 2024. Fuente: elaboración propia en base a encuestas a hogares, 2024.

Los beneficios identificados por la pertenencia son diversos y varían entre subregiones: en norte acceso a financiamiento y mejora en precios, en centro se suma volumen de ventas, acceso o diversificación de mercados y reconocimiento de derechos, mientras que en sur destacaron la conectividad, el acceso a información y luego a mercados (Tabla IX).

Patagonia Norte

Patagonia Centro

Patagonia Sur

Total

Financiamiento

55 %

55 %

8 %

48 %

Mejora en precios

45 %

57 %

8 %

44 %

Mejora en volumen de ventas

18 %

64 %

8 %

39 %

Acceso a nuevos o diversificación de mercados

3 %

45 %

15 %

26 %

Reconocimiento de derechos

9 %

39 %

0 %

22 %

Infraestructura

9 %

9 %

8 %

9 %

Acceso a maquinaria

18 %

2 %

0 %

8 %

Conocimiento/ información

6 %

2 %

31 %

8 %

Conectividad

0 %

0 %

46 %

7 %

Compra de insumos

12 %

5 %

0 %

7 %

Otros

9 %

2 %

15 %

7 %

N casos que mencionaron beneficios

33

44

13

90

Tabla IX. Beneficios por pertenecer a una organización, total y subregiones, Patagonia, 2024. Fuente: elaboración propia en base a encuestas a hogares, 2024.

Conclusiones

El análisis de las condiciones de vida en las 10 comunidades ganaderas de la Patagonia extraandina muestra la persistencia de déficits en diversas regiones en dimensiones que son significativas para la vida y la producción. Las familias productoras son pequeñas y, en muchos casos, con población envejecida. Estas características, combinadas con la escasa cantidad de animales y, en general, con la baja rentabilidad de las actividades productivas, impulsan la necesidad de diversificar las estrategias económicas con el objetivo de incrementar o sostener los ingresos familiares. En algunos sitios la pluriactividad y/o el pluri ingreso se asocian a la presencia de dos o múltiples residencias, lo que puede derivar en procesos de desmembramiento familiar y en dificultades para sostener el vínculo con la producción primaria por parte de ciertos integrantes del grupo familiar, especialmente los más jóvenes.

La precariedad de las condiciones de hábitat -que incluye el aislamiento, las dificultades de accesibilidad a los predios, las limitaciones en el acceso a medios de comunicación y la falta de viviendas y acceso a servicios básicos- constituye una característica general de los casos analizados. Si bien en algunas zonas se han registrado mejoras y no se observan déficits en el acceso, estos persisten en términos de la calidad de los servicios y de su mantenimiento dejando en manos de la población local los desafíos de su sostenimiento (Diez Tetamanti, 2020). A esto se suma en las últimas décadas la presencia de eventos naturales extremos, principalmente en torno al agua que, para que las familias ganaderas, son generadores de altos impactos, e influyen en la rentabilidad y capacidad para sostener la producción.

Pese a estas dificultades, la actividad pecuaria sigue siendo relevante y en muchos lugares, como la mayoría de las familias obtienen varios productos, ligado a la pluriactividad antes mencionada, y los destinan a diferentes fines, es posible interpretar que la diversificación productiva y comercial es parte de las estrategias familiares de reproducción y fundamental para la persistencia en la actividad. Además, en muchos de los sitios, se observa la presencia de organizaciones que contribuyen a la formación de capacidades y a la promoción de nuevas estrategias productivas.

Estas tendencias generales no siempre se expresan y en la misma magnitud en todas las comunidades. Se podría afirmar que en algunos sitios de la Patagonia norte y centro los déficits habitacionales y económicos son más extremos, pero en la Patagonia más austral, se evidencian otras problemáticas ambientales y socioorganizativas que ponen en riesgo la actividad de los productores. Así, cada área combina de manera particular sus condiciones ambientales, su historia de ocupación y sus orientaciones productivas, lo que determina oportunidades desiguales de acceso a servicios, empleo y movilidad. En este sentido, las políticas sectoriales productivas y ambientales deben contemplar esta diversidad entre las comunidades a los fines de lograr efectividad en su implementación y adopción. Como sostienen De Arce y Salomón (2020), se requiere un abordaje más humanizado y menos tecnologizante en las políticas públicas para que, incorporando las lecciones y los legados de la historia, se comprenda mejor el presente y se revierta el incremento de las desigualdades.

Por último, el análisis desde la perspectiva de las desigualdades puede ayudar a comprender los procesos de arraigo y desarraigo que se producen en los distintos lugares de la ruralidad patagónica y cómo se desarrollan diversas estrategias para persistir en el campo o en la actividad agropecuaria acorde a las características de las familias, sus tradiciones, imaginarios y deseos. Por ello, es importante complementar este tipo de investigaciones con abordajes de tipo cualitativo que permitan indagar en las interpretaciones que desarrollan los actores para afrontar las condiciones adversas en su habitar y las transformaciones políticas, naturales y productivas que los afectan.

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Fecha de recepción: 21 de enero de 2026.

Fecha de aceptación: 7 de abril de 2026.

© ٢٠٢6 por los autores; licencia otorgada a la Revista Universitaria de Geografía. Este artículo es de acceso abierto y distribuido bajo los términos y condiciones de una licencia Atribución-NoComercial 4.0 Argentina de Creative Commons. Para ver una copia de esta licencia, visite https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es


  1. 1 El reembolso de puerto Patagónico bajo la Ley 23.018/1983 o la Ley de Promoción económica y Fiscal Ley 19640/72 son ejemplos de medidas de promoción territorial del Estado Nacional.

  2. 2 Provincia en donde estaban siendo reemplazados por los bovinos, por ser considerados más rentables que los ovinos.

  3. 3 Nivel de vida, calidad de vida, bienestar, exclusión y pobreza son conceptos afines al de condiciones. No fueron utilizados en este trabajo porque presentan especificidades teóricas y epistemológicas o incluyen un abordaje subjetivo, pero su operacionalización y relevamiento en áreas rurales mostraron las mismas dificultades, convirtiéndolos en antecedentes válidos para esta investigación. Más detalles sobre estos conceptos en: Gordziejczuk y Mikkelsen (2020) y Velázquez et al. (2025).

  4. 4 Cabe mencionar que estos valores promedios pueden encubrir la heterogeneidad interna en cuanto al stock ganadero, especialmente en el caso santacruceño.

  5. 5 La trashumancia implica el movimiento de los animales durante el año según el clima y las condiciones productivas, para maximizar el aprovechamiento de los pastizales naturales (Bendini et al., 1993)

  6. 6 El índice de dependencia potencial es el cociente entre personas en edades teóricamente inactivas (0-14 años y 65 años y más) y aquellas en edades teóricamente activas (15 a 64 años), multiplicado por cien.

  7. 7 El índice de masculinidad es la proporción del número de hombres respecto al número de mujeres en una población, multiplicada por cien.

  8. 8 Se realizó una adaptación de la metodología del INDEC: en vivienda, se consideró aquellas con calidad de techos y paredes insuficiente; en condiciones sanitarias, los hogares sin retrete; para asistencia escolar, los hogares con al menos un niño no escolarizado; y para capacidad de subsistencia, hogares con cuatro o más personas por persona ocupada y cuyo jefe no terminó la primaria.

  9. 9 Para ese indicador se utilizó el índice de condiciones habitacionales de los hogares (CONDHAB) que mide las características de los materiales constructivos y de la infraestructura sanitaria de la vivienda. Si un hogar tenía al menos un indicador insuficiente, fue considerado “con condiciones habitacionales insuficientes”. En base a esta definición, se hizo una adaptación de este indicador: en la calidad de los pisos se tuvo en cuenta la durabilidad y el aislamiento: era suficiente si es baldosa, cerámica, plástico, madera, mármol, goma, alfombra o similar; parcialmente insuficiente: cemento, ladrillo o similar; insuficiente: tierra. La calidad del techo se determinó por la durabilidad, resistencia y condición hidrófuga: era suficiente cuando era teja, baldosa, membrana, cubierta asfáltica, o chapa de metal; e insuficiente cuando era chapa de cartón o fibrocemento, o madera. En condiciones sanitarias, se consideró si el hogar tenía inodoro con descarga de agua (suficiente) o si no lo tenía (insuficiente).

  10. 10 Se calculó las Unidades Ganaderas según las siguientes equivalencias: 1 ovino = 0,91 cabra = 9.16 bovinos = 8.18 equinos (Siffredi et al., 2013).

° https://doi.org/10.52292/j.rug.2026.35.1.0094

* Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar Región Patagonia, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Plottier, Argentina. mercedes.ejarque@gmail.com

** Instituto de Desarrollo Económico e Innovación, Universidad Nacional de Tierra del Fuego Antártida e Islas del Atlántico Sur (UNTDF), Ushuaia, Argentina. Consejo Nacional De Investigaciones Científicas y Técnicas, Universidad Nacional de Tierra del Fuego Antártida e Islas del Atlántico Sur (UNTDF) Ushuaia, Argentina. sromano@untdf.edu.ar

*** Instituto de Investigaciones Forestales y Agropecuarias de Bariloche (IFAB), INTA-CONICET, San Carlos de Bariloche, Argentina. fantozzi.anabella@gmail.com

▪ Instituto de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar Región Patagonia, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), Plottier, Argentina. lammel.sofia@inta.gob.ar

▪▪ Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, EEA Esquel. luque.natalia@inta.gob.ar

▪▪▪ Consejo Nacional De Investigaciones Científicas y Técnicas, Universidad Nacional de la Patagonia Austral, Santa Cruz. larry.andrade@conicet.gov.ar

¬ Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (IADIZA-CONICET), Mendoza, Argentina. atherburg@mendoza-conicet.gob.ar

¬¬ Observatorio Nacional de Degradación de Tierras y Desertificación, Mendoza, Argentina. clotibottero@yahoo.com.ar

¬¬¬ Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, AER Paso de Indios -EEA CHUBUT-CRPS. meza.santiago@inta.gob.ar

ᴥ Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, AER Jacobacci. velasco.virginia@inta.gob.ar